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martes, 13 de junio de 2023

Seductora elección

La Bahía de la Concha dibujada desde el Monte Igueldo, con la Isla Santa Clara y el  monte Urgull al fondo. Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Bajo el título Pintxos, cider and surf: your San Sebastian city guide[1], que traducido con mi inglés de los Montes de Málaga es algo así como “Pintxos, sidra y surf: tu guía de la ciudad de San Sebastián”, escribe J. Brookes en The Times sobre Donostia, calificando a ese entorno del norte de España como seductora elección para un fin de semana gastronómico. No puedo estar más de acuerdo con la articulista. Describe desde cómo llegar hasta qué hacer: paseo por el casco antiguo, museos, el mercado, playas, el Peine del Viento, gastronomía, hoteles…

Si eres follower de este sitio sabes de mi antaña estrecha relación con San Sebastián. Textos como ¡Sevillano, un cigales!De tapeo con la cuadrilla” o “Miércoles de palas[2] son prueba de ello. En “La tregua"[3], te relataba la emigración en la adolescencia a Donostia, San Sebastián[4]. En esa bella ciudad descubrí tesoros culinarios como los “pintxos”, magistralmente descritos por Koldo en “La Senda de los Pintxos[5], pero, sobre todo, fue una brutal experiencia en el aspecto emocional. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Brookes, Julia. Pintxos, cider and surf: your San Sebastian city guide. The Times.2023. Sitio visitado el 13/06/2023.
[2] Velasco Carretero, Manuel. ¡Sevillano, un cigales! (2010), De tapeo con la cuadrilla (2017), Miércoles de palas (2014). Sitios visitados el 13/06/2023.
[3] Velasco Carretero, Manuel. La tregua. 2006. Sitio visitado el 13/06/2023.
[4] Si quieres acceder a la versión hablada, clickea Pintxos, tapas y recuerdos. 2008. Sitio visitado el 13/06/2023.
[5] Velasco Carretero, Manuel. La Senda de los Pintxos. 2007. Sitio visitado el 13/06/2023.

martes, 25 de febrero de 2020

¿Dónde solicitar la indemnización?

Fuente de la imagen: pexels en pixabay
Si eres follower de este sitio sabes que he tratado el tema de los viajes y los derechos de los viajeros. Textos como “Viajes Combinados y Vinculados”, “Maletas, sí, maletas”, “Pérdida equipaje en un autobús”, “Robo en maletas”, o “Derechos de los viajeros afectados por la huelga”, son prueba de ello. Pues bien, parte de la tarde del lunes la pasé hojeando el Auto del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), en el asunto C-606/19[1] que ya referencié en el sitio iurepost, bajo el explícito título “Auto del TJUE en el asunto C-606/19 Flightrigth”. Resulta que dos pasajeros hicieron una única reserva confirmada para un vuelo con escalas. El vuelo comprendía tres trayectos: el primero[2] operado por la compañía aérea británica British Airways; los otros dos[3] operados por la compañía aérea española Iberia. El tercer trayecto del vuelo fue cancelado sin que se hubiese informado de ello a los pasajeros en tiempo oportuno. Flightright[4], a la que los dos pasajeros habían cedido sus posibles derechos a compensación, presentó ante el Amtsgericht Hamburg (AH)[5] una demanda de indemnización contra Iberia[6]

El AH observó que el TJUE declaró en una sentencia[7] que, en el marco de un vuelo con escalas objeto de una única reserva, el transportista aéreo que haya efectuado el primer trayecto de ese vuelo, cuyo lugar de salida esté situado dentro de la jurisdicción del tribunal al que se haya acudido, puede ser demandado por todos los trayectos de dicho vuelo a los fines de un recurso de indemnización interpuesto sobre la base del Reglamento sobre pasajeros aéreos[8]. El AH se pregunta si es competente para conocer del litigio respecto del trayecto que fue cancelado, dado que Madrid y Donostia/San Sebastián, lugares de salida y de llegada de dicho trayecto, se encuentran fuera de su jurisdicción. Esta cuestión exige interpretar el Reglamento sobre la competencia judicial[9]. En su auto[10], el TJUE declara que en el caso de un vuelo que haya sido objeto de una única reserva confirmada, dividido en varios trayectos operados por dos transportistas aéreos distintos, las demandas de indemnización por la anulación del último trayecto pueden presentarse ante los órganos jurisdiccionales del lugar de salida del primer trayecto[11]

El TJUE entiende que en el caso de un contrato de transporte aéreo que haya sido objeto de una única reserva confirmada para todo el itinerario, el transportista aéreo tiene la obligación de transportar al pasajero de un punto A a un punto D, por lo que en un vuelo con escalas objeto de una única reserva confirmada que incluye varios trayectos, puede entenderse como lugar de ejecución de dicho vuelo[12] el lugar de salida del primer trayecto[13]. El TJUE estima que el criterio del lugar de salida del primer trayecto satisface el objetivo de proximidad entre el contrato de transporte aéreo y el órgano jurisdiccional competente, así como el principio de previsibilidad, preconizados por el Reglamento sobre la competencia judicial. Dicho criterio permite en efecto tanto al demandante como al demandado identificar el órgano jurisdiccional del lugar de salida del primer trayecto, en los términos en que se establece en dicho contrato de transporte, como órgano jurisdiccional ante el que pueden recurrir[14]. Fuente de la información: TJUE. Fuente de la imagen: pexels en pixabay. 
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[1] Si quieres acceder al documento en inglés, clickea AQUÍ
[2] De Hamburgo (Alemania) a Londres (Reino Unido). 
[3] De Londres a Madrid (España) y de Madrid a Donostia/San Sebastián (España). 
[4] Empresa con domicilio social en Potsdam (Alemania), 
[5] Tribunal de lo Civil y Penal de Hamburgo, Alemania. 
[6] El importe solicitado sobre la base del Reglamento sobre pasajeros aéreos (Reglamento (CE) no 261/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de febrero de 2004, por el que se establecen normas comunes sobre compensación y asistencia a los pasajeros aéreos en caso de denegación de embarque y de cancelación o gran retraso de los vuelos, y se deroga el Reglamento (CEE) nºº295/91 (DO 2004, L 46, p. 1)) es de 250 euros por pasajero, al ser la distancia entre Hamburgo y Donostia/San Sebastián de unos 1 433 km. 
[7] Sentencia de 11 de julio de 2019. České aerolinie (C-502/18, v. CP 95/19). 
[8] A la luz de dicha sentencia, el Amtsgericht Hamburg se pregunta si el transportista aéreo encargado del último trayecto del vuelo (Iberia) también puede ser demandando ante él sobre esa base en el marco de una demanda de indemnización. 
[9] Reglamento (UE) no 1215/2012 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 12 de diciembre de 2012, relativo a la competencia judicial, el reconocimiento y la ejecución de resoluciones judiciales en materia civil y mercantil (DO 2012, L 351, p. 1). 
[10] De 13 de febrero de 2020. 
[11] Aunque vayan dirigidas contra el transportista aéreo encargado de operar el último trayecto. 
[12] En el sentido del Reglamento relativo a la competencia judicial. 
[13] Al ser uno de los lugares de prestación principal de los servicios que son objeto de un contrato de transporte aéreo. 
[14] En cuanto a la posibilidad de que se demande al transportista aéreo encargado del último trayecto (Iberia) ante el órgano jurisdiccional en cuya demarcación se halle el punto de salida del primer trayecto (Hamburgo), el Tribunal de Justicia señala que ha de considerarse que un transportista aéreo encargado de efectuar un vuelo, que no haya celebrado ningún contrato con el pasajero, lo hace en nombre de la persona que ha celebrado dicho contrato y cumple las obligaciones nacidas del contrato de transporte aéreo.

martes, 25 de septiembre de 2018

Compromiso con la inclusión y la paridad

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Si eres follower de este sitio, sabes que se encuentra salpicado de bastantes referencias a la ciudad de San Sebastián (Donostia). Desde el explícito “Donosti” hasta “La Senda de los Pintxos”, pasando por curiosidades como “Miércoles de palas” o “Recordando a Koskorro con merluza Koxkera[1]. En "La Tregua"[2], te conté algunas pinceladas de mi convivencia en esa bella ciudad vasca. He tenido la oportunidad de disfrutar desde su Semana Grande, hasta las carreras en el hipódromo, pasando por las traineras o el encuentro de Jazz, pero el evento que más me gusta es el Festival Internacional de Cine, que se celebra por estas fechas.
Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Te cuento lo anterior porque ayer leí que en el entorno del Festival de Cine de San Sebastián, ​se ha firmado la Carta por la paridad y la inclusión de las mujeres en el cine, en la que se plasma el compromiso por la igualdad del Festival y la CIMA[3]. La número dos del Gobierno español (GE) ha destacado que "San Sebastián es uno de los grandes festivales del mundo y por eso es tan significativo que este festival se comprometa con la inclusión y la paridad. Las mujeres solo queremos competir en igualdad de oportunidades porque sabemos que ganamos. Solo queremos estar en todos los sitios que por justicia nos corresponden" (Fuente de la información: GE).
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[1] Si quieres más referencias, clickea en “búsqueda parcial”. Sitios visitado el 25/09/2018.
[2] Velasco Carretero, Manuel. La Tregua. 2006. Sitio visitado el 25/09/2018.
[3] Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales.

viernes, 5 de mayo de 2006

La Tregua

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Post rectificado el 30/12/2008. Empezó el día un tanto desencajado del plan personal previsto de actividades diarias, con la cancelación de un viaje a Ronda que, previamente, había desbancado una entrevista en Málaga para una posible colaboración profesional futura. Asimismo, la redacción del compendio sobre las NIIF hoy se parece más a los Partos Mentales de Günter Grass que a un texto financiero[1]Pero a mitad de la mañana, en un receso, repasando las cabeceras de los diarios digitales El País, la Vanguardia, 20 minutos, Cinco Días, Expansión… y los locales, me encuentro con un video Chat en ABC acerca de José Manuel Cerezo, experto en blog, y me lo he zampado todo. Cuestiones interesantes planteadas, contestadas por José Manuel (hasta me he animado y he participado, enviando mi consulta). Me ha gustado, ha despejado mis dudas y temores y me ha animado a escribir sobre un tema que le llevo dando vueltas durante dos semanas y que no me atrevía a comentaros por lo sensible, profundo y el respeto que le tengo.

Estas semanas estoy más feliz de lo normal (¡a saber!, ´flow´ diría Punset) y es por la situación político y social generada por las esperanzas de Tregua. He seguido con atención todo el proceso. Estoy contento con la actuación del Gobierno español (tocaremos madera), del Gobierno Vasco, del PSOE, del cambio de orientación política del PP, del PNV[2], de Izquierda Unida y del resto de los partidos demócratas. No sé si soy consciente de la profundidad del problema y si soy o no objetivo, tengo familiares que desgraciadamente han vivido y viven de cerca la tensión que supone la situación en el País Vasco y me entristezco cada vez que escucho a una persona afectada directamente por ese contexto político. Por otro lado, esta semana estoy siguiendo el monográfico que Noticias Cuatro está ofreciendo sobre la Comunidad Andaluza, con motivo del Estatuto, ayer fue sobre la emigración y la inmigración[3]. Finalmente, he recuperado algunos proactivos contactos de foros y debates en los que participaba hace años. 

Y todos esos ingredientes, cocinados en mi mente (no me regañes Koldo), han propiciado que os cuente brevemente una de mis muchas sensaciones “con / y” en el País Vasco, por si puede servir de algo positivo. Llegaba el verano de mis doce años, finalizaba mi primer curso en un colegio de enseñanza, aprobado raspado en todas las asignaturas. Mi madre me ayudó a preparar la maleta[4] y una noche del mes de junio me montó en el tren rumbo a San Sebastián (Donostia), junto con mis miedos, mi inseguridad, mi timidez, mi atenuada tartamudez, unos bocadillos de chorizo y de morcilla, botella de La Casera llena de agua y un rollo de papel higiénico de una sola capa, a modo de pañuelo, servilletero y para lo que hiciera falta. Me subí en el tren a las doce de la noche y me bajé en San Sebastián a las ocho de la tarde del día siguiente; un porrón de horas, primero asustado por unas personas que iban en mi compartimiento, con una vestimenta y un idioma extraños para mí; luego, más relajado[5], saqué la cabeza por la ventana y allí me tiré horas y horas con el viento dándome en la cara y desgajando esas lágrimas que sigo sin saber si eran de tristeza, desarraigo o de la humedad de la noche. 

Me conozco ese camino[6], cómo iba cambiando continuamente el paisaje[7]. Llegué a San Sebastián (Donostia) y allí me esperaba un familiar. Al día siguiente, a trabajar de aprendiz en un restaurante en la Parte Vieja. Empecé el primer verano clasificando cascos vacíos en la bodega[8], realizando tareas de limpieza y apoyando en momentos puntuales a los camareros en la barra. Terminé el último verano de adjunto al encargado de tarde. Fue el segundo año cuando fui consciente de la familiaridad con la que era tratado; le había cogido el ritmo al trabajo de la bodega, aunque aumentaron sustancialmente las cicatrices en mis manos[9] y así podía pasar más tiempo ayudando en la barra, el merendero y en el propio restaurante y, por derivación, me relacionaba con más personas. Este trato lo recibía no sólo de los directivos de la red de restaurantes, sino de los clientes[10], muchos asiduos. Recuerdo que me llamaban “Manolo el sevillano”[11]. Hablaban en un idioma distinto al de las familias que me encontraba en el tren, pero que tampoco, inicialmente, entendía; vestían como mucho más moderno que en mi pueblo, pero algunos llevaban una boina como la de mi abuelo y sonreían amablemente, me miraban[12] y sonreían.

Y de vez en cuando, de forma drástica, se vaciaba de clientes el establecimiento. Al lado, en el Boulevard, los manifestantes, la policía, los autobuses incendiados y las pelotas de goma surcando el aire. Como ese primer día que viví la experiencia no había clientela y en otros restaurantes de la red sí, me pusieron en la espalda un saco de pan y ¡hala! sevillano, lo llevas a Amara. Junto con Patxi, el encargado, inocente de mí, cogí raudo y veloz el costal de pan caliente y me metí de lleno en la trifulca política que había en el Boulevard. Los manifestantes a un lado, los grises a otro y la extensa calle en medio, con mobiliario urbano destrozado. Y sigo caminando, cruzo la línea de los manifestantes y, en ese momento, se suaviza el alboroto hasta callarse y los grises dejan de tirar pelotas de goma[13], cruzo la zona entre los manifestantes y la policía, bajo un silencio, silencio, y me topo con los escudos de protección de los polis, miro a los ojos del cansado "robocot" que tenía delante y éste me hace un hueco entre su compañero y él y me dejan pasar; seguí caminando y al minuto escuché el estruendo de nuevo. 

Llevé el pan al otro establecimiento[14] pero siempre que recuerdo esa situación vivida, renuevo en mi interior la confianza en las personas, sean de la clase que sean o del pueblo que sean, o de la raza o de la religión que sean, manifestantes o policías y, en este caso, los habitantes del País Vasco. Innumerables historias vividas en los ratos de trabajo y de descanso, largos paseos por cada uno de los bellos rincones de esa ciudad y un baúl de bonitos recuerdos. Poco a poco, a lo largo de los años, mis lazos con algunos clientes se hicieron más grandes. Un alto directivo vasco del vasco Banco Guipúzcoano, cliente del restaurante, me regaló un verano una cartera con diez mil de las antiguas pesetas, para mis futuros estudios de Empresariales, decía[15] unos hijos de una familia me dibujaron el Puente Nuevo de mi Ronda[16]; al finalizar el verano los directivos de la cadena, vascos ellos, me entregaban un sobre[17] con un complemento salarial para mis estudios; etc., pero, sobre todo, guardo como oro en paño, las enseñanzas de esos vascos de boina, personas mayores, que me enseñaron muchas, muchas cosas de la vida, de cuatro a seis de la tarde en la alameda o jardín que hay al lado del Ayuntamiento y de la Concha. 

Soy una persona con suerte. Gracias, muchísimas gracias. Allí aprendí a valorar la “cocina” y el valor de mi madre en poner la mesa cada día. Conocí los chipirones en su tinta, los callos a la riojana, los calamares a la romana, etc. y ¡cómo no! la tremenda variedad de pinchos y mi apreciado marmitako (Koldo, cuando me explicaron donde nació ese plato, otra vez esas dichosas lágrimas aparecieron en mis ojos). También aprendí a chapurrear ese ¡idioma! que no entendía (y sigo sin entender): ardo beltz (vino tinto), ardo zuri (vino blanco) Garagardo o cerveza (cerveza), pintxo patata-arrautzopila jango du (va a comer un pincho de tortilla, o algo similar) etc. En resumen, un pueblo, como el gallego, el catalán, el extremeño, el andaluz… personas, a fin de cuentas, con corazón, con sentimientos, con lágrimas de felicidad y de sufrimiento. Punset, otra vez te recuerdo hoy, cuando hablas de los experimentos con las ratas de Marmott y, en especial, la reivindicación del poder de las emociones, tan despreciadas durante décadas.

Bien, la suerte está echada; un grano de mi convivencia con el pueblo vasco. He disfrutado cada verano en San Sebastián - Donostia. A posteriori he llorado con cada muerte y extorsión a personas decentes. Hoy soy un poco más Feliz (esa Felicidad que antecede a la felicidad, según Eduardo Punset). Si trabajamos y ahorramos algunos euros (seguir las enseñanzas de Madre Teresa de Calcuta es difícil en mi actividad profesional, pero, al fin y al cabo, es sólo escasez material, que no espiritual), este verano quiero proponer a mi familia visitar la ciudad, no por mí, que la llevo grabada en mi corazón, sino para dar la oportunidad a que se grabe en el corazón de mis personas queridas. Saludos (Formato corregido y modificado posteriormente. Fuente de la imagen de Donosti: Wikimedia Comonns). Nueva imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.
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[1] Gracias bloguero por tu aportación, pero tuve que eliminar las palabras disonantes.
[2] Josu Jon Imaz no me disgusta.
[3] A propósito Iñaki, después de escucharte sobre el tema del paro, sigo pensando lo mismo de la futura estanflación española.
[34De esas con diseño similar a las que aparecen en la serie "Cuéntame".
[5] Me ofrecieron amablemente naranjas y queso y sus continuas sonrisas y, sobre todo, su mirada me fueron tranquilizando.
[6] Tuve que hacerlo varios años, ida y vuelta.
[7] Hasta era bonito lo que veía.
[8] Jopé, cuanta trina, fanta, cocacola, kas, zumo, cerveza – El León, la Keller, la Kronembourg, etc- vino –tinto, blanco, rosado – txacoli, sidra… bebían esas señoras y señores.
[9] Por los cascos de botella rotos.
[10] Adultos y niños con sus padres.
[11] Me cabreaba y les decía que era de Ronda, no de Sevilla.
[12] Sí, la misma mirada limpia que los ciudadanos del tren.
[13] Mis amigos de Ronda sólo querían que les trajera de regalo esas dichosas pelotas negras.
[14] Luego llegó Patxi con la cara toda blanca, me vio y me abrazó.
[15] Gracias, lo invertí en libros para mis amigos y para mí.
[16] ¡Por fin! amo a Sevilla pero nací al lado de la Cueva del Gato.
[17] Guardo uno de ellos con mi nombre escrito.

viernes, 8 de septiembre de 2006

¡Ardo beltz!

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Publicado en mayo de 2006 en Mi otro Blog. Empezó el día un tanto desencajado del plan personal previsto de actividades diarias, con la cancelación de un viaje a Ronda que, previamente, había desbancado una entrevista en Málaga para una posible colaboración profesional futura. Asimismo, la redacción del compendio sobre las NIIF hoy se parece más a los Partos Mentales de Günter Grass que a un texto financiero (gracias bloguero por tu aportación, pero tuve que eliminar las palabras disonantes).

Pero a mitad de la mañana, en un receso, repasando las cabeceras de los diarios digitales El País, la Vanguardia, 20 minutos, Cinco Días, Expansión… y los locales, me encuentro con un video Chat en ABC acerca de José Manuel Cerezo, experto en blog, y me lo he zampado todo. Cuestiones interesantes planteadas, contestadas por José Manuel (hasta me he animado y he participado, enviando mi consulta). Me ha gustado, ha despejado mis dudas y temores y me ha animado a escribir sobre un tema que le llevo dando vueltas durante dos semanas y que no me atrevía a comentaros por lo sensible, profundo y el respeto que le tengo.

Estas semanas estoy más feliz de lo normal (¡a saber!, ´flow´ diría Punset) y es por la situación político y social generada por las esperanzas de Tregua. He seguido con atención todo el proceso. Estoy contento con la actuación del Gobierno español (tocaremos madera), del Gobierno Vasco, del PSOE, del cambio de orientación política del PP, del PNV (Josu Jon Imaz no me disgusta), de Izquierda Unida y del resto de los partidos demócratas. No sé si soy consciente de la profundidad del problema y si soy o no objetivo, tengo familiares que desgraciadamente han vivido y viven de cerca la tensión que supone la situación en el País Vasco y me entristezco cada vez que escucho a una persona afectada directamente por ese contexto político. Por otro lado, esta semana estoy siguiendo el monográfico que Noticias Cuatro está ofreciendo sobre la Comunidad Andaluza, con motivo del Estatuto, ayer fue sobre la emigración y la inmigración (a propósito Iñaki, después de escucharte sobre el tema del paro, sigo pensando lo mismo de la futura estanflación española). Finalmente, he recuperado algunos proactivos contactos de foros y debates en los que participaba hace años. Y todos esos ingredientes, cocinados en mi mente, han propiciado que os cuente brevemente una de mis muchas sensaciones “con / y” en el País Vasco, por si puede servir de algo positivo.

Llegaba el verano de mis doce años, finalizaba mi primer curso en un colegio de enseñanza, aprobado raspado en todas las asignaturas. Mi madre me ayudó a preparar la maleta (de esas con diseño similar a las que aparecen en la serie "Cuéntame" ) y una noche del mes de junio me montó en el tren rumbo a San Sebastián (Donostia), junto con mis miedos, mi inseguridad, mi timidez, mi atenuada tartamudez, unos bocadillos de chorizo y de morcilla, botella de La Casera llena de agua y un rollo de papel higiénico de una sola capa, a modo de pañuelo, servilletero y para lo que hiciera falta. Me subí en el tren a las doce de la noche y me bajé en San Sebastián a las ocho de la tarde del día siguiente; un porrón de horas, primero asustado por unas personas que iban en mi compartimiento, con una vestimenta y un idioma extraños para mí; luego, más relajado (me ofrecieron amablemente naranjas y queso y sus continuas sonrisas y, sobre todo, su mirada me fueron tranquilizando), saqué la cabeza por la ventana y allí me tiré horas y horas con el viento dándome en la cara y desgajando esas lágrimas que sigo sin saber si eran de tristeza, desarraigo o de la humedad de la noche. Me conozco ese camino (tuve que hacerlo varios años, ida y vuelta), cómo iba cambiando continuamente el paisaje (hasta era bonito lo que veía).

Llegué a San Sebastián (Donostia) y allí me esperaba un familiar. Al día siguiente, a trabajar de aprendiz en un restaurante en la Parte Vieja. Empecé el primer verano clasificando cascos vacíos en la bodega (jopé, cuanta trina, fanta, cocacola, kas, zumo, cerveza – El León, la Keller, la Kronembourg, etc- vino –tinto, blanco, rosado – txacoli, sidra, … bebían esas señoras y señores), realizando tareas de limpieza y apoyando en momentos puntuales a los camareros en la barra. Terminé el último verano de adjunto al encargado de tarde. Fue el segundo año cuando fui consciente de la familiaridad con la que era tratado; le había cogido el ritmo al trabajo de la bodega, aunque aumentaron sustancialmente las cicatrices en mis manos (por los cascos de botella rotos) y así podía pasar más tiempo ayudando en la barra, el merendero y en el propio restaurante y, por derivación, me relacionaba con más personas. Este trato lo recibía no sólo de los directivos de la red de restaurantes, sino de los clientes (adultos y niños con sus padres), muchos asiduos. Recuerdo que me llamaban “Manolo el sevillano” (me cabreaba y les decía que era de Ronda, no de Sevilla). Hablaban en un idioma distinto al de las familias que me encontraba en el tren, pero que tampoco, inicialmente, entendía; vestían como mucho más moderno que en mi pueblo, pero algunos llevaban una boina como la de mi abuelo y sonreían amablemente, me miraban (sí, la misma mirada limpia que los ciudadanos del tren) y sonreían.

Y de vez en cuando, de forma drástica, se vaciaba de clientes el establecimiento. Al lado, en el Boulevard, los manifestantes, la policía, los autobuses incendiados y las pelotas de goma surcando el aire. Como ese primer día que viví la experiencia no había clientela y en otros restaurantes de la red sí, me pusieron en la espalda un saco de pan y ¡hala! sevillano, lo llevas a Amara. Junto con Patxi, el encargado, inocente de mí, cogí raudo y veloz el costal de pan caliente y me metí de lleno en la trifulca política que había en el Boulevard. Los manifestantes a un lado, los grises a otro y la extensa calle en medio, con mobiliario urbano destrozado. Y sigo caminando, cruzo la línea de los manifestantes y, en ese momento, se suaviza el alboroto hasta callarse y los grises dejan de tirar pelotas de goma (mis amigos de Ronda sólo querían que les trajera de regalo esas dichosas pelotas negras), cruzo la zona entre los manifestantes y la policía, bajo un silencio, silencio, y me topo con los escudos de protección de los polis, miro a los ojos del cansado robocot que tenía delante y éste me hace un hueco entre su compañero y él y me dejan pasar; seguí caminando y al minuto escuché el estruendo de nuevo. Llevé el pan al otro establecimiento (luego llegó Patxi con la cara toda blanca, me vio y me abrazó ) pero siempre que recuerdo esa situación vivida, renuevo en mi interior la confianza en las personas, sean de la clase que sean o del pueblo que sean, o de la raza o de la religión que sean, manifestantes o policías y, en este caso, los habitantes del País Vasco.

Innumerables historias vividas en los ratos de trabajo y de descanso, largos paseos por cada uno de los bellos rincones de esa ciudad y un baúl de bonitos recuerdos. Poco a poco, a lo largo de los años, mis lazos con algunos clientes se hicieron más grandes. Un alto directivo vasco del vasco Banco Guipúzcoano, cliente del restaurante, me regaló un verano una cartera con diez mil de las antiguas pesetas, para mis futuros estudios de Empresariales, decía (gracias, lo invertí en libros para mis amigos y para mí ) unos hijos de una familia me dibujaron el Puente Nuevo de mi Ronda (¡por fin! amo a Sevilla pero nací al lado de la Cueva del Gato); al finalizar el verano los directivos de la cadena, vascos ellos, me entregaban un sobre (guardo uno de ellos con mi nombre escrito) con un complemento salarial para mis estudios; etc., pero, sobre todo, guardo como oro en paño, las enseñanzas de esos vascos de boina, personas mayores, que me enseñaron muchas, muchas cosas de la vida, de cuatro a seis de la tarde en la alameda o jardín que hay al lado del Ayuntamiento y de la Concha. Soy una persona con suerte. Gracias, muchísimas gracias.

Allí aprendí a valorar la “cocina” y el valor de mi madre en poner la mesa cada día. Conocí los chipirones en su tinta, los callos a la riojana, los calamares a la romana, etc. y, como no, la tremenda variedad de pinchos y mi apreciado marmitako. También aprendí a chapurrear ese ¡idioma! que no entendía (y sigo sin entender): ardo beltz (vino tinto), ardo zuri (vino blanco) Garagardo o cerveza (cerveza), pintxo patata-arrautzopila jango du (va a comer un pincho de tortilla, o algo similar) etc. En resumen, un pueblo, como el gallego, el catalán, el extremeño, el andaluz, … personas, a fin de cuentas, con corazón, con sentimientos, con lágrimas de felicidad y de sufrimiento. Punset, otra vez te recuerdo hoy, cuando hablas de los experimentos con las ratas de Marmott y, en especial, la reivindicación del poder de las emociones, tan despreciadas durante décadas.

Bien, la suerte está echada; un grano de mi convivencia con el pueblo vasco. He disfrutado cada verano en San Sebastián - Donostia. A posteriori he llorado con cada muerte y extorsión a personas decentes. Hoy soy un poco más Feliz (esa Felicidad que antecede a la felicidad, según Eduardo Punset). Si trabajamos y ahorramos algunos euros (seguir las enseñanzas de Madre Teresa de Calcuta es difícil en mi actividad profesional, pero, al fin y al cabo, es sólo escasez material, que no espiritual), este verano quiero proponer a mi familia visitar la ciudad, no por mí, que la llevo grabada en mi corazón, sino para dar la oportunidad a que se grabe en el corazón de mis personas queridas. Saludos.

Este post originariamente se publicó en mayo de 2006 con el título "La tregua" (Fuente de la imagen: sxc.hu).

sábado, 28 de diciembre de 2019

Paciencia y destreza

Anda plagado este sitio de referencias al restaurante Vallés, de San Sebastián Donostia. Textos como “Marmitako de bacalao”, “Sabor y tradición”, “Hipotecarión”, “Superlolo recubierto de tebeos de Superlópez”, “De tapeo con la cuadrilla”, “Recordando a koskorro con merluza Koxkera” o “Miércoles de palas” son pruebas de ello. En “Ser trashumante”, te evocaba cuando a las doce de la noche de la adolescencia, mi madre me despedía en la estación de trenes de Ronda, partiendo rumbo a San Sebastián – Donostia, donde llegaba veinte horas más tarde, para trabajar en la bodega del restaurante Casa Vallés (dicen que es el lugar donde se inventó la "gilda"), situado en la Parte Vieja (ver La Tregua). 

Le confesaba al querubín que en ese establecimiento fue la primera vez en mi vida que degusté unos chipirones rellenos en su tinta, presentados en una cazuela de barro. La confidencia la realizaba mientras saboreaba el plato que pacientemente había preparado Teo (muchas Gracias). Escribo “pacientemente” porque es una receta harta laboriosa que conlleva disponer de altas dosis de paciencia y destreza. Y ahí el hermano es un “maestro”. Los preliminares se hacen eternos, desde preparar el chipirón, apartando los tentáculos y las alitas, pochando la cebolla en aceite, rehogando los tentáculos y las alitas previamente troceadas, añadiéndole huevo duro cortado, un generoso vaso de vino blanco seco de Mollina (España) y dejando evaporar el alcohol. Para conseguir compactar, se añade un poco de harina.

Seguidamente, se incorpora la masa obtenida a cada saquito de chipirón limpio, sin llenarlo del todo y cerrándolo con un palillo alimentario. Luego se harina y se sofríen en una cazuela con aceite de oliva virgen extra, Después, se reservan y en la misma olla se fríen cebolla cortada al gusto, con un poco de sal, incorporando nuevamente los chipirones rellenos junto a la tinta y rectificando en sal, lo dejamos entre cuatro y siete minutos, dependiendo de la intensidad del fuego. Puedes acompañarlo con arroz blanco. Como no sé si te lo he explicado adecuadamente, a continuación te dejo un vídeo, alojado en Youtube cortesía de Tribuna de Salamanca, con una de las recetas. Parte de este texto también se ha editado en el sitio gastropost, bajo el titulo "Chipirones rellenos en su tinta". Fuente de la imagen: archivo propio.

domingo, 1 de abril de 2018

Recordando a koskorro con merluza Koxkera

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Hace tiempo que no tengo noticias del amigo Koldo (también conocido como Koskorro), tantas veces nombrado en este sitio[1]. Como sabes por "Tortitas de bacalao al crujiente foro"[2], lo conocí en mi estancia profesional en el portal “InterDelicatessen"[3]. En “Pollo de caserío al ron añejo[4] y en relación a mi paso laboral por San Sebastián[5], me comentaba que había estado comiendo gildas junto al Vallés, pasando por El Ambrosio a engolosinarse con un pintxo de morros; luego fue al Vergara a clavar los dientes en la barra del bar, ante el maravilloso espectáculo de esa extensión de alta gastronomía "minúscula" que son los pintxos. Y, al fin, se acercó al soto donde guarda las redes el que fuera patrón de la trainera: Sanguinario, personaje, según Koldo, merecedor de una novela de Baroja. Su "santa" les había preparado unas huevas de merluza marinadas y unas anchoas en salazón, con txakoli de Guetaria. 
Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Esta semana me he acordado de él, cuando en el precioso entorno de Monachil (Granada, España), después de una jornada de trabajo y con la espléndida vista de un trozo de la “vega granaina”, saboreaba una exquisita merluza a la vasca cocinada por Teo (Gracias). Este plato, lo degusté por primera vez en San Sebastián (Donostia), cuando trabajaba en el restaurante Vallés (ver “Miércoles de palas[6]). También conocida como “merluza Koxkera”, realmente es una merluza en salsa verde con almejas y gambas, que recuerdo se servía en una vasija de barro. Según Goligorsky[7], se distribuye de manera que cada comensal cuente con una rodaja de merluza (a Teo se le fue la mano y me emplató tres). A continuación te dejo un vídeo, cortesía de Anna, con una versión del plato. Este texto también se ha editado en el sitio GASTROPOST, bajo el título “Merluza a la vasca” (fuente de las imágenes: elaboración propia).
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[1]  Textos como “Lomos de bacalao con puré de pisto”, “Al rico rico ...”, “De tapeo con la cuadrilla”, “Cabrito a la Miel”, “Marmitako de bonito”, “Sopa Tossa de Mar”, “Bacalao castellano”, “Ensalada de Vieiras” o “Para prostitutas y rufianes”, son prueba de ello. Sitios visitados el 01/04/2018.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Tortitas de bacalao al crujiente foro. 2004. Sitio visitado el 01/04/2018.
[3] Ver texto casi del mismo nombre: InterDelicatessen. Sitio visitado el 01/04/2018.
[4] Velasco Carretero, Manuel. Pollo de caserío al ron añejo. 2007. Sitio visitado el 01/04/2018.
[5] Ver textos como “Ser trashumante” o “La Tregua”. Sitios visitados el 01/04/2018.
[6] Velasco Carretero, Manuel. Miércoles de palas. 2014. Sitio visitado el 01/04/2018.
[7] Goligorsky, Lilian. Gastronomia: todo lo que deberia saber, Ediciones BonVivan. 2009.

viernes, 20 de abril de 2007

Lomos de bacalao con puré de pisto

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Me comenta Koldo, en un cálido email, que lee mis nostalgias sobre el el pil-pil, lo que le hace reivindicar una receta en favor de los arrantzales --pescadores-- de Pasajes de San Juan, que se iban desde Guipúzcoa a San Pedro, Miquelón y Terranova, a pescar el bacalao al anzuelo. Los bilbaínos, que son peores que los nipones, quisieron hurtar a Pasajes la autoría del bacalao al pil-pil, una vez reconocida su anglofilia y su afición por la piratería. No exagera Koldo. Dice que copiaron a los guipuzcoanos su Semana Grande, quisieron copiar las barandillas de la Bahía de La Concha --estaban patentadas y no quisieron soltar "rublos"--, copiaron la Quince Musical de San Sebastián y se inventaron el bacalao al club Ranero desde otra receta sanjuandarra:

LOMOS DE BACALAO, CON PURE DE PISTO (Por cortesía de Koldo Iturrioz).- Ingredientes para cuatro personas: 800 g. de lomos de bacalao en salazón; 2 pimientos morrones rojos, en conserva; ½ calabacín; ½ cebolla blanca; 1 tomate grande, maduro; 1 pimiento morrón verde; 2 dientes de ajo; 12 cucharadas de aceite de oliva virgen extra; Sal. Elaboración.- Se ponen a remojar en abundante agua, durante veinticuatro horas y dentro del frigorífico, los lomos de bacalao. Al comenzar la elaboración del guiso, se extraen y se dejan escurrir en papel de cocina. Se hace un pisto pochando los pimientos, el calabacín, la cebolla, el tomate, todo bien troceado, cuatro cucharadas de aceite y sal. Se deja hacer durante unos veinte minutos a fuego lento. Una vez hecho el pisto, se tritura y se pasa por el chino. Se reserva tibio.

Por otro lado, se ponen unas ocho cucharadas de aceite en una cazuela y se fríen los ajos pelados y laminados. Cuando doren, se retiran los ajos del fuego. Templado el aceite, donde freímos los ajos, se agregan los lomos de bacalao, se arrima la cazuela al fuego bajo y se mueve con medios giros hasta que se haga el pil-pil. Una vez ligado el pil-pil, que no debe ser muy espeso, se añade el puré de pisto y se mueve durante un par de minutos más. Se retira del fuego y se sirve caliente. En el club Ranero, el pisto lo ponen encima de la tajada de bacalao. En esta golosina que te adjunto, la diferencia es obvia. Juzga tú y, si tienes un rato libre, vete a la cocina y ensaya esta maravilla. Apunta Koldo que me hará olvidar a mi amigo Teófilo. Gracias, amigo, por la receta y feliz fin de semana a todos/as (Fuente de la imagen: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.

martes, 28 de enero de 2014

Ser trashumante

Fuente de la imagen: elaboración propia
Ayer recibí un atento email de Amparo Díaz-Llairó, CEO de GHCG, informándome de una atractiva oferta de empleo de un cliente multinacional, líder en su sector, para trabajar en la ciudad de México, en el puesto de Financial Controller. Me sentí agradecido por la opción de participar en el proceso de selección y así se lo trasladé, además de estar en la base de datos de una firma del prestigio de GHCG, pero decliné la oferta. Que conste que me sentí identificado con el trabajo a realizar, no ya por la experiencia como auditor interno en una corporación del sector de la distribución y grandes superficies, sino porque la mayoría del resto de los atributos que se solicitaban en el perfil del puesto creo se cumplen (¡San Modesto, baja del Cielo que sube Manuel!).

Pero dejando a un lado que la incorporación no podría ser a corto plazo y que la familia (mi única mochila) tiene mucha voz y todo el voto, había dos aspectos que propiciaron no seguir avanzando. Uno el que me gustaría terminar el grado en Derecho y previsiblemente fuera de España dificultaría aún más la consecución de este objetivo. El otro (más importante, si cabe), el requerimiento de “conocimientos avanzados de inglés” y aquí lo fastidio, porque mi preparación, como ya he escrito en varias ocasiones, es relativa a “inglés de los Montes de Málaga”. O sea, que “apaga y vámonos”. Tendré que reincorporar a la agenda formativa este idioma, así que deberé hablar con Francis y su Inlingua Idiomas Málaga.

De toda esa reciente experiencia, me quedé gratamente sorprendido que el peso de irse a trabajar a otro país fuera pequeño. Sí, en el caminar desde los diez años, no ha costado moverse a otros lejanos lugares (Donostia, Madrid, Granada…), pero creía que conforme fuera cumpliendo primaveras, y ya van unas cuantas, me descubriría como más mesurado, moderado o conservador y menos “ser trashumante”, en el sentido de continuo movimiento, adaptándose en el espacio y tiempo a franjas globales de fertilidad productiva versátil o voluble. Esa redescubierta percepción o sensación pienso que es positiva y me alegro de ello.

Te dejo un esbozo de una estación de tren y una vía, que he realizado minutos antes de redactar este post, imagen que me transportó anoche al mundo de Morfeo, evocando esa estación de Ronda en la que, a las doce de la noche de mi adolescencia, mi madre me despedía, partiendo rumbo a San Sebastián – Donostia, donde llegaba veinte horas más tarde, para trabajar en la bodega del restaurante Casa Vallés situado en la Parte Vieja (ver post La Tregua[1]). Fuente de la imagen: elaboración propia.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. La Tregua. 2006. Sitio visitado el 28/01/2014.

domingo, 29 de abril de 2012

Libros en el velador

Fuente de la imagen: archivo propio
La disposición de la mesita de noche del peque, me emocionó y evocó ayer el primer libro que compré con mis ahorros[1], La Odisea, que descansaba en el desvencijado velador de mi niñez. Tendría casi trece años y no recuerdo cómo llegué a administrar las ciento y pico de pesetas que invertí.

Tal vez, dinero proveniente de un resto de la remuneración por los trabajos del verano en San Sebastián[2], capital devuelto por mi madre y no gastado en tebeos de Mortadelo y Filemón[3]. También, adquirí en la tienda Marcos Morilla, un flexo, diseño básico de aquellos tiempos, con sus calambrazos incluidos.

No tengo ni la más remota idea de qué fue lo que me impulsó a comprar el poema épico de Homero, puesto que la transitoria EGB, a la que tardíamente empecé a frecuentar, previa al Bachillerato, iba por otros derroteros pedagógicos y didácticos, felizmente superados. 

Puede que las reminiscencias de las lecturas a viva voz, de libros de caballerías, que mi hermana mayor realizaba en torno a la chimenea de los fríos inviernos de la década de los sesenta de siglo pasado, me empujara hacia los dialectos homéricos. No sé.

Ni tan siquiera recuerdo de si me llegué a leer todas las páginas en esa etapa, puesto que la relativa costumbre por la cultura la estoy empezando a conseguir hoy. Pero me alegro un montón de haber tenido esa iniciativa en los precisos momentos difíciles de toda infancia, camino de la adolescencia.
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[1] Doscientas y pico de pesetas que atesoraba desde el campo, que me las dio el progenitor en compensación a la recogida de hierro para llevar a la chatarrería.
[2] Velasco Carretero, Manuel. La Tregua. 2006. Sitio visitado el 29/04/2012.
[3] Velasco Carretero, Manuel. Bajo el recuerdo del TRUENO. 2012. Sitio visitado el 29/04/2012.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Superlolo recubierto de tebeos de Superlópez

Fuente de la imagen: rvs archivo propio
La foto que acompaña al texto corresponde a un momento de la ocurrencia de la familia, que no tenía otra cosa que hacer que recubrirme con todos los tebeos de Superlópez. Corría 2007, en “Otra vez salvé la ciudad[1], cuando te confesé por primera vez mi predilección por este superhéroe. Años después, 2012, en Hipotecarión[2], apunté que fue a finales de la década de los setenta y principio de la de los ochenta del siglo pasado, cuando invertía el bote que me correspondía en el trabajo de camarero en el restaurante Vallés, San Sebastián (Donosti), en tebeos de Mortadelo y Filemón y un tal Superlópez.

Te cuento lo anterior para que comprendas mejor que no he podido resistirme a ver la película “Superlópez”, que hace poco se ha estrenado en mi país, protagonizada por Dani Rovira en el papel de superhéroe y acompañado de Luisa y Jaime, sus compañeros de oficina. Así que fuimos al cine, reconociéndote que iba con cierto escepticismo, puesto que no todo el humor de Rovira me gusta, pero debo decirte que todos nos lo pasamos bien y el "prota" se alejó de las gracias de otras películas en las que ha participado y se centró en el pasaje costumbrista y antihéroe de la historieta original[3].
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Otra vez salvé la ciudad, 2007. Sitio visitado el 30/12/2018.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Hipotecarión, 2012. Sitio visitado el 30/12/2018.
[3] A continuación te dejo vídeo con el videoclip oficial, alojado en Youtube cortesía de Buenavistacine, donde el grupo Tequila canta la canción "Yo quería Ser normal".

viernes, 20 de mayo de 2011

De ti y de mí depende

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Antes de escribir este post, leía en los distintos medios de comunicación, que amablemente me permiten acceder a sus páginas en Internet, noticias relacionadas con el movimiento 15-M en España. Se me ha quedado grabado en la mente el texto, serigrafiado en la camiseta amarilla de una persona, que decía: "Juventud sin futuro. Sin casa. Sin curro. Sin pensión. Sin miedo." En el campo no había (ni hay) horario de curro. Allá en los finales de la década de los sesenta del siglo pasado, con apenas siete años, te levantabas para ejecutar las labores encomendadas, en mi caso, cuidar los cerdos, las ovejas, las cabras y las gallinas. No me planteaba el futuro porque no tenía consciencia de ello. Lo de la casa tampoco. De la pensión me entra la risa tonta. El miedo, sí. Miedo a muchas cosas, reales e imaginarias. Cuando menos te lo esperabas, había llegado la noche. Como se decía: de sol a sol y de lunes a domingo. Eran otros tiempos, lo sé. Después, en el verano de los catorce años, empezabas a primera hora de la mañana en la bodega del restaurante ubicado en la Parte Vieja de Donosti (San Sebastián), a recolocar los cascos de las bebidas, contenidos en baldes bajados en el montacargas, en las cajas de las marcas correspondientes. ¿Futuro? Tampoco. ¿Casa? La de tu familia y el alquiler que pagaban. ¿Curro? Sí, de la mañana a la noche. ¿Pensión? El sobre o nómina de final de mes. ¿Miedo? Mucho, real (a la vida, al terrorismo, al futuro…) e imaginario. Cuando menos te lo esperabas, había llegado la noche. Como se decía: de sol a sol y de lunes a domingo. Eran otros tiempos, lo sé. 

Ayer, reflexionando con varios alumnos acerca de cuándo se considera nocturnidad, festivos, laborables… recordé los momentos de esa infancia y de esa adolescencia medio transitada, debido al trabajo asignado. Al percibir de golpe el presunto sufrimiento de la ingente cantidad de personitas que nos precedieron y, muchas de ellas, se perdieron en el camino, me sentí insignificante, a la par que afortunado por poder escribirte el post esta mañana. Ciertamente, para mis padres, el trabajo del campo era lo primero, para que la familia pudiera comer cada día. En este alba que me envuelve, imagino sus preocupaciones por su futuro y el de sus hijos, por la hipoteca de la casa, por perder la cosecha, por quedarse sin sustento, en síntesis, terribles miedos. Hoy, ese sudor de nuestros progenitores, supongo, hace que el tiempo de descanso sea la prioridad de los países de Occidente. Un horario flexible, que concilie la vida profesional con la personal es uno de los fines que hasta antes de esta crisis que nos agobia, la sociedad pretendía. Pero ¿Qué le deparará el futuro a un país con mente de funcionariado, con una clase política desprestigiada, con un índice de paro tremendo, una floreciente economía sumergida y con una productividad que raya el ridículo? De ti y de mí depende cambiar ese futuro re-escrito por las acciones y no acciones de los sin escrúpulos, los sin razón, los parásitos y los tontos del culo. Reflexiona y vota el domingo en consecuencia. Que disfrutes de un merecido tiempo de descanso y carga las pilas (fuente del dibujo: imagenes-gratis.net). Fuente de la imagen: mvc.

domingo, 24 de junio de 2018

Corazón espinado

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Mientras hojeaba el texto que te referenciaré mañana, en la plácida tarde del sábado estuve escuchando discografía del magistral Carlos Santana, vinilos adquiridos en los veranos de la adolescencia, trabajando de aprendiz de camarero en un bar de la Parte Vieja (Parte Zaharra) de San Sebastián (Donostia). Resuenan en mi mente trabajos como María, Oye como va, Black Magic Woman… y el que me llegó bastante hondo (por un desajuste amoroso): Corazón Espinado. Leo en la biblioteca global virtual que Carlos se interesó por la guitarra desde pequeñito[1], bajo la tutela de Javier Bátiz y tocando en conjuntos locales, donde añadió su característico toque de guitarra[2]

En cuanto al desarreglo del corazón, éste se “desespinó” poco tiempo después. En relación a la década de los sesenta, apuntaba Santana en la revista Punto Digital, entrevista Carlos Santana: I’m immortal, que "en los años en torno a 1960 se registró un salto en la conciencia humana. Mahatma Gandhi, Malcolm X, Martin Luther King, el Che Guevara y la Madre Teresa lideraron una revolución de la conciencia. The Beatles, The Doors y Jimi Hendrix crearon temas de revolución y evolución. La música era como Dalí, con muchos colores y formas revolucionarias. La juventud de hoy debe ir allí para encontrarse a sí misma"[3].  Este texto también se ha editado en el sitio MUSIPOST, bajo el título "Carlos Santana".
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[1] Bebiendo de fuentes como Ritchie ValensB. B. KingT-Bone Walker y John Lee Hooker
[2] A continuación te dejo la canción cantada por Mana, alojada en Youtube cortesía de santanaoficial
[3] Inserto un vídeo, alojado en Youtube cortesía de SoundoMix, con los grandes éxitos de Santana desde 1969 a 2014.

sábado, 15 de junio de 2024

Casualidades de la vida

Fuente de la imagen: Humedales para un futuro urbano sostenible (M. Velasco, 2018), mvc archivo propio
Si eres follower de este sitio sabes que en BUP y, sobre todo, en COU, puede que por la influencia de la profesora en Ciencias Naturales, que la apodábamos “La Chinita”, tenía pensado realizar biológicas, pero ese sueño de estudiar Biología (M. Velasco, 2012)[1], quedó apartado definitivamente cuando suspendí la selectividad, puesto que no volví a presentarme al examen de acceso y me fui a trabajar a la hostelería, de camarero en San Sebastián (M. Velasco, 2006)[2]. Luego llegó la larga conversación telefónica con una chica por la que “bebía los vientos” que, por cierto, me dio "calabazas" (creo que quería hacer Ciencias Políticas) y, a partir de ese momento existencial, me enredé en la formación universitaria de economía, empresa y derecho. Y aquí seguimos, caminando.

Pero, tal vez por la experiencia de la infancia en el campo (M. Velasco, 2007)[3] o las semillas que sembró La Chinita en mi corazón, el caso es que siempre he tenido interés por la Naturaleza en general y por el Medioambiente en específico. Casualidades de la vida, la dirección del Departamento de Derecho Público de la Universidad de Málaga me ha asignado, para el curso 2024-2025, la docencia de la asignatura obligatoria Administración y Legislación Ambiental, del Grado en Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, asumiendo la tarea con mucha ilusión e interés y deseando estar a la altura que todas las partes se merecen. Fuente de la imagen: Humedales para un futuro urbano sostenible (M. Velasco, 2018)[4], mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2012). Disciplina humillante. Sitio visitado el 15/06/2024.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2006). La Tregua. Sitio visitado el 15/06/2024.
[3] Velasco-Carretero, Manuel (2007). Pastor y porquero. Sitio visitado el 15/06/2024.
[4] Velasco-Carretero, Manuel (2018). Humedales para un futuro urbano sostenible. Sitio visitado el 15/06/2024.

sábado, 18 de marzo de 2017

Quemando adrenalina

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Por textos como "Sentir la palmada"[1], conoces la azarosa semana que he tenido y que ha tensado los nervios en algún momento y destilado la mente indignación en otros. La vida misma, pensarás. El caso es que en la tarde del viernes desempolvé “Deep Purple Live in London” ("En directo, Deep Purple en Londres"), que me permitiera descargar parte de la adrenalina acumulada y no quemada, precisamente a través de Burn (del álbum del mismo nombre) y que traducido con mi inglés de los Montes de Málaga es algo así como “Quemar” (o quemarse). Te dejo la canción a continuación, subida a Youtube por IntoTheFire 2016  shotguy1 (Fuente de la imagen: elaboración propia).

El vinilo lo compré en el año 1982 en la tienda Disco Express, que se encontraba en la calle S. Ispizua, 26, en San Sebastián (Donsotia) y contiene cerca de una hora de heavy rockin’ music. Había conocido la música de Deep Purple años antes, pero su rock pesado sólo me gustaba en determinados momentos (como los de ayer). Así que importuné a la familia durante un largo rato escuchando, además de Burn 00:00 (Quema), Might Just Take Your Life 07:45 (Toma su vida), Lay Down, Stay Down 12:56 (Quédate), Mistreated 18:29 (Maltratado), Smoke on the Water 34:00 (Humo en el agua) y You Fool No One 43:30 (No engañas a nadie). Te dejo el sonido, incorporado en Youtube por IntoTheFire 2016 demiurgo.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Sentir la palmada. 2017. Sitio visitado el 18/03/2017.

domingo, 31 de julio de 2022

Manolo, un Federico y una ensaladilla, por favor

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Agradable velada con Marc y familia. Me apetece esta mañana reseñar uno de los tintos que acompañó al exquisito asado de cordero con el que nos deleitó (Gracias), un Federico Paternina banda roja. Le conté a Marc que tengo un afecto por las “bandas de Paternina”. La primera vez que conocí vinos de esta centenaria firma vitivinícola fue cuando trabajé de pinche en Donostia (San Sebastián), si bien la referencia emocional intensa proviene de un verano que me quedé en Ronda, trabajando de camarero en una, en su momento, conocida cervecería de la ciudad: todos los días venía un trajeado señor[1] y me decía “Manolo, un Federico y una ensaladilla, por favor”. Y entre copa de Paternina y tapa, me contaba “impagables y extraordinarias gestiones” realizadas por un tío mío, que te referencié en “Sentir la palmada[2]. Por lo visto, andaba el familiar siempre ayudando a las personas de su entorno vital, "tramitando papeles"[3] de todo tipo[4].

La bodega Federico Paternina (Rioja Santiago", hoy "Marques de la Concordia"), es la segunda más antigua de la Rioja, fundada en 1896 por Federico Paternina, que la estableció en un emplazamiento con bodegas excavadas en el siglo XVI en Ollauri Rioja Alta. Sus orígenes se remontan a Eduardo de Paternina, padre de Federico y Marqués de Terán, uno de los pioneros de la viticultura moderna en Rioja a instancias de su íntimo amigo, el Barón de Rothschild, que años antes había adquirido el Château Brane Mouton[5]. En cuanto al vino Federico Paternina reserva, proviene de uva tempranillo y un toque de garnacha, con la típica tonalidad rojo tierra, buqué distinguido en nariz y de organización compleja y justiciera en boca. Lo maridamos con pollo de corral en modo barbacoa y asado de cordero. Parte de este texto también se ha editado en el sitio vinopost, bajo el título "Federico Paternina Reserva". Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Dicen que en otros tiempos excelente magistrado.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Sentir la palmada. 2017. Sitio visitado el 31/07/2022.
[3] Realizando gestiones administrativas, judiciales, de mediación...
[4] A viudas, desahuciados, desamparados y algún que otro “señorito” venido a menos.
[5] Fuente de la información: página web de la bodega. Sitio visitado el 31/07/2022.

domingo, 25 de diciembre de 2022

El truco está en la mano lenta

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Por textos como “La Tregua¡Sevillano, un cigales! o “Por necesidad, no por gusto[1], sabes de mi convivencia en el País Vasco en general y en San Sebastián (Donostia) en particular. Aprendí muchas cosas, algunas de ellas te las he contado a lo largo de los años en este sitio, entre las que se encuentran parte de su rica gastronomía. Esta mañana toca comentarte uno de los platos que he preparado para la Nochebuena, txerri solomoa esnetan, es decir, lomo de cerdo en leche, que no niego que se cocina en muchos puntos de mi país, pero la primera vez que lo degusté fue un verano de la adolescencia, en un picnic en el maravilloso entorno de la Isla Santa Clara.

La preparación es relativamente sencilla y a lo slowhand (“mano lenta”, en alusión a Eric Clapton), en el sentido de lentitud, paciencia y disfrute. Dependiendo de los comensales, elijo una pieza de lomo (por ejemplo, para cuatro personas, con un kilo es más que suficiente si lo acompaño con otras viandas). Luego lo típico, una o dos cebollas, tres dientes de ajo, sal y pimienta al gusto, aceite de oliva virgen extra y entre un litro y litro y medio de leche (dependiendo de la intensidad y tiempo de cocción que aplique), preferiblemente entera. Cuando esté dorado el lomo en el aceite, incorporo la cebolla y el ajo picado para que se doren en el líquido y preciado oro verde.

Seguidamente, una vez dorados los ajos y las cebollas, aporto la pimienta, la sal y la leche, dejando cocer a fuego medio-lento de treinta y cinco a cuarenta y cinco minutos. A continuación, extraigo la pieza para filetearla y dejo cocer el compuesto que queda en la olla para reducirlo. Escribo “compuesto”, porque no debes asustarte por el aspecto que tiene, consecuencia de los grumos formados por los coágulos de la leche. Una vez reducido el “aglomerado”, lo paso por la batidora y se lo echo a los filetes, cubriéndolos. Parte de este texto también se ha editado en el sitio gastropost, bajo el título “Lomo de cerdo en leche”. Fuente de la imagen: mvc.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. La Tregua (2006), ¡Sevillano, un cigales! (2010), Por necesidad, no por gusto (2014). Sitios visitados el 25/12/2022.