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Fuente de la animación: rvs; regalo de cumple; el dedo del Procusto edadista intentando aplastar Mi chibi peluche (M. Velasco, 2025) |
La figura de
Carlos Sainz padre, en su sexta década de camino vital desafiando la dureza extrema del Rally Dakar, o de
Fernando Alonso, en la Fórmula 1 (M. Velasco, 2023)
[1], es una bofetada de realidad frente al
síndrome de Procusto (M. Velasco, 2004)
[2], que impera en la estructura laboral de mi país. Y es que en muchas organizaciones este fenómeno actúa como una guadaña imperceptible: se intenta "recortar" o invisibilizar a los profesionales cuyas capacidades, experiencia o vitalidad exceden la norma establecida por una mediocridad imperante. En el caso de los senior —aquéllos que transitan por sus años cincuenta, sesenta, setenta...—, este síndrome se manifiesta a menudo como
edadismo (M. Velasco, 2023)
[3], una forma de discriminación que pretende encajarlos en un lecho de inactividad o irrelevancia simplemente por la fecha de nacimiento. Al igual que el bandido de la mitología griega (
Procusto), algunos "seleccionadores" o "contratadores" tienden a descartar el talento que "sobresale" por veteranía, considerándolo erróneamente un lastre en lugar de un activo. Obviamente, esta actitud desaprovecha el conocimiento acumulado, al tiempo que empobrece a las empresas al privarlas de la perspectiva estratégica y la resiliencia que solamente se adquieren con el tiempo. Los éxitos de Fernando Alonso o de Carlos Sainz me recuerdan que la excelencia no tiene fecha de caducidad y que el verdadero peligro para una sociedad no es la edad de sus integrantes, sino la rigidez de las estructuras que prefieren la uniformidad gris al brillo de la experiencia.
Para quienes nos encontramos en estas décadas de madurez y sentimos el impulso —o la necesidad— de seguir activos en el mercado de trabajo, la motivación debe nacer de la firme convicción de que el talento es un flujo continuo que se perfecciona con los años, no un recurso que se agota. El conocimiento es el motor de la economía actual y éste no disminuye con las canas; al contrario, se transforma en sabiduría aplicada y capacidad de resolución. Mantenerse motivado en los sesenta, setenta… implica rebelarse contra el "lecho del Procusto" social, negándonos a ser amputados profesionalmente por prejuicios ajenos. Nuestra permanencia en el mercado es una contribución esencial a la diversidad generacional que enriquece cualquier entorno. Debemos vernos a nosotros mismos como esos pilotos que, conociendo mejor que nadie la mecánica y el terreno, son capaces de sortear situaciones complejas que otros ni siquiera ven. La clave reside en transformar la experiencia en un valor diferencial inalcanzable para la juventud: la
templanza (M. Velasco, 2022)
[4], el
pensamiento crítico (M. Velasco, 2025)
[5] y la
red de contactos sólida (M. Velasco, 2006)
[6]. Al final, la lección de Sainz, Alonso y de quienes defienden el valor del senior es clara: la verdadera carrera no es contra el reloj biológico, sino contra los marcos mentales que intentan limitarnos. Nuestra motivación debe ser demostrar que, en la sociedad del conocimiento, la madurez es otra etapa de impacto estratégico y humano. Fuente de la animación: rvs; regalo de cumple; el dedo del Procusto edadista intentando aplastar
Mi chibi peluche (M. Velasco, 2025)
[7].
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2004). El síndrome de Procusto. Sitio Educación, Formación y Empleo. Visitado el 11/1/2026. [6] Velasco-Carretero, Manuel (2006). Networking. Sitio visitado el 11/1/2026. [7] Velasco-Carretero, Manuel (2025). Mi chibi peluche. Sitio visitado el 11/1/2026.