viernes, 17 de marzo de 2017

Sentir la palmada

Sería porque en la última fase de su vida, me veía un día sí y otro también entre papeles, el caso es que mi extinta madre me decía, alguna que otra vez, que le recordaba a mi tío Rafael. ¡Querida madre, ya me gustaría llegar a los talones del tito! Tuvo que coger en la posguerra las riendas de una familia dónde a uno de los hermanos le pilló la mili en un bando y al otro en otro bando. A partir de ahí es difícil imaginar el duro camino que le tocó transitar, pero andaba siempre erguido, con su corpulento cuerpo y su traje impoluto (Fuente de la imagen: pixabay). 

Sí, ya te lo referencié en el texto “El maltrato profesor-alumno”, cuando contaba que mi incorporación al colegio fue más bien tardía. Después de un breve paso por una primera escuela, se ve que mi tío Rafael, autodidacta él, tenía bastante influencia en la familia y dijo: El niño a la escuela de D. Manuel. Y así fue. Me trasladaron a otro centro rural, regentado por el tamborilero D. Manuel. Eran otros tiempos, lo sé. Pero también es cierto que si no se hubiera empecinado en que su sobrino estudiara, probablemente ni siquiera me hubiera incorporado tarde al colegio. Años después, me comentaron el exhaustivo seguimiento que hacía de mi progresión en los estudios, hasta sus últimos instantes en esta Vida.

Andaba Rafael siempre ayudando a las personas de su entorno vital, "tramitando papeles" (realizando gestiones administrativas, judiciales, de mediación...) de todo tipo, a viudas, desahuciados, desamparados y algún que otro “señorito” venido a menos. Con la Olivetti letrera 32 que te comenté en ¿Futuro preestablecido? le ayudaba transcribiendo sus escritos en papel verjurado, dejando generosos márgenes (sobre todo el izquierdo) y encabezados y pie de páginas, con una presentación, seguida de un documentado expositivo, a modo de HECHOS, y terminando con un extensísimo y emotivo Ruego, cartas que luego enviaba a las distintas autoridades de la época, ya fueran gobernadores civiles, delegados provinciales, alcaldes, directores generales, ministros, presidentes del gobierno de turno y hasta el mismísimo rey. 

No me consta que tuviera estudios universitarios; creo que no tuvo tiempo de realizarlos, pero también estimo que no le hizo ninguna falta. Según me cuentan, por su casa pasó algún que otro alto cargo a los que escribía, pero, sobre todo, transitaron innumerables personas de toda la Serranía, para agradecerle las gestiones realizadas. También, se rumorea que, en la etapa preconstitucional, intercedió en más de una ocasión por algún que otro ser humano que se encontraba en "riesgos mayores". El caso es que ni mucho menos vivía en la abundancia, pero dicen que no pedía nada a cambio. No obstante, la buena gente a la que ayudó, siempre se acordaba de él en su santo, Semana Santa, Navidad u otra fiesta de guardar, y no era raro ver en su casa una caja de “peros”, una caja de “papas”, pimientos… cumplidos de tal o cual. La ceremonia de despedida de esta vida, al igual que la de mi madre, fue muy emotiva.

Me he acordado de él dos veces en esta semana. Por motivos que no voy a contarte y sin caer en la cuenta que estaba imitando burdamente a mi familiar, le envié una carta al Excmo. Sr. D. Emiliano García-Page, trasladándole una serie de cuestiones. Recientemente, he recibido una llamada telefónica de parte del Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Después de un buen rato colgado al teléfono, y aunque el tema tratado es complejo, sentí la palmada de mi tío en la espalda y visualicé su semblante de felicidad.

La segunda vez, ante otra situación que considero injusta, y siendo consciente que el establishment es el "establishment", decidí contar lo sucedido y objetar en consecuencia, tirándome parte de la noche redactando un documento, a modo de Exposición, primero, y Ruego, después. Se dejaba entrever por el reloj del ordenador los primeros segundos del nuevo día, cuando terminaba de dar los últimos retoques al texto, enviándolo sin más dilación. A la mañana siguiente, alguien se había leído las cuatro páginas y me había contestado, orientándome hacia dónde tenía que dirigir el Ruego. Volví a sentir la palmada de Rafael.

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