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La forma actual de consumir se parece a una línea recta que termina inevitablemente en un basurero; éste es el modelo tradicional de "tomar, fabricar y desechar" que hoy pone en serio riesgo la capacidad del planeta para regenerarse (Prieto-Sandoval et al., 2017). Para frenar el deterioro, surge la Economía Circular como un cambio de mentalidad profundo en el que los recursos no mueren tras su uso, por el contrario, se mantienen en movimiento constante. El secreto para que el sistema funcione reside en
el diseño de los productos desde su misma concepción (M. Velasco, 2019), ya que es en ese momento inicial donde se decide si un objeto podrá ser reparado en el futuro o si se convertirá en un desperdicio imposible de recuperar (Moreno et al., 2016). Una de las metas principales del enfoque es la "ralentización de los ciclos", que consiste en fabricar cosas de alta calidad que duren mucho más tiempo y que no queden obsoletas por modas pasajeras (Bocken et al., 2016). Cuando un producto finalmente cumple su función, el diseño circular permite "cerrar el ciclo", garantizando que sus materiales vuelvan a las fábricas como ingredientes útiles o se reintegren a la naturaleza como nutrientes seguros (Prieto-Sandoval et al., 2017). De esta manera, el diseño deja de ser una simple cuestión de estética para convertirse en la herramienta principal que evita la contaminación antes de que ésta ocurra (Vezzoli, 2018).
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Este cambio transforma los objetos que nos rodean, nuestra relación con las empresas y el concepto de propiedad. En lugar de acumular aparatos que fallan al poco tiempo de comprarlos, el futuro invitará a valorar el servicio y el resultado por encima de la posesión, a través de lo que los expertos llaman "Sistemas de Producto-Servicio" (Vezzoli, 2018). Por ejemplo, en lugar de comprar una lavadora que eventualmente tendremos que desechar, podríamos pagar por el beneficio de tener "ropa limpia", lo que obliga a las marcas a fabricar máquinas extremadamente duraderas y fáciles de arreglar, ya que ellas mismas se encargan del mantenimiento y los costos de reparación (Bocken et al., 2016). Para lograrlo, los diseñadores deben evolucionar y dejar de ser solamente "creadores de objetos" para transformarse en "proveedores de soluciones" inteligentes (Moreno et al., 2016). Si fomentamos un vínculo de confianza y cuidado con lo que usamos, evitamos tirar cosas que aún funcionan, permitiendo que los materiales mantengan su valor durante décadas (Bocken et al., 2016). En última instancia, la circularidad busca que el bienestar humano y el éxito de las empresas dejen de depender de extraer cada vez más recursos de la naturaleza y empiecen a basarse en nuestra capacidad creativa para conservar y regenerar todo lo que ya hemos producido (Prieto-Sandoval et al., 2017).
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Bibliografía
Bocken, N. M. P., de Pauw, I., Bakker, C., & van der Grinten, B. (2016). Product design and business model strategies for a circular economy. Journal of Industrial and Production Engineering, 33(5), 308-320.
Moreno, M., De los Rios, C., Rowe, Z., & Charnley, F. (2016). A conceptual framework for circular design. Sustainability, 8(9), 937.
Prieto-Sandoval, V., Jaca, C., & Ormazabal, M. (2017). Economía circular: Relación con la evolución del concepto de sostenibilidad y estrategias para su implementación. Memoria Investigaciones en Ingeniería, (15), 85-95.
Vezzoli, C. (2018). Design for environmental sustainability: Life cycle design of products (2.ª ed.). Springer-Verlag London.