jueves, 9 de abril de 2026

El Espejismo Tangible

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Por enésima vez escuché “excedente ficticio” y no me gustó, porque no es cierto lo de irreal, relativizando la tremenda labor de los ejecutantes y dando pie a pensar que los responsables están manipulando las cuentas. Y es que la afirmación de que un excedente es "ficticio" suele aflorar en los pasillos de las administraciones públicas y afines como una interpretación desafortunada de la gestión presupuestaria. Esta errónea narrativa sugiere que, si el remanente surge de capítulos no agotados o de una rítmica administrativa más lenta de lo proyectado, ese dinero no "existe" realmente, sino que es un mero espejismo contable fruto de la inacción. Pero esta percepción confunde peligrosamente la causa con la naturaleza del recurso. Que un proyecto no se haya ejecutado con la celeridad esperada o que ciertos capítulos no se hayan aplicado en su totalidad no invalida la realidad física y legal de la tesorería: los fondos que no han salido de la caja son, por definición, activos líquidos. Al compensar los déficits de unas partidas con los superávits de otras, el resultado neto no es una entelequia, sino la expresión financiera de una posición patrimonial real. Llamarlo fingido, simulado, falso o artificioso es ignorar que el balance de situación no se alimenta de "intenciones cumplidas" y sí de saldos efectivos que otorgan a la entidad una capacidad de financiación real; el excedente es la prueba de que la administración pública posee hoy más recursos de los que ha consumido, independientemente de si ese ahorro fue una decisión estratégica o un subproducto del ritmo ejecutorio.

Para desmontar el “mito de la ficcionalidad”, debemos entender que en el marco de las entidades públicas y organismos afines, la contabilidad presupuestaria es el espejo de una responsabilidad jurídica y económica, por lo que sostener ligeramente o sin conocimiento de causa que un excedente es irreal porque simple y profundamente proviene de una "no ejecución" es tan falaz como, por ejemplo, afirmar que el ahorro de una familia es invisible o irreal solamente porque en su momento decidieron no realizar una reforma en casa. Ese capital no se desvanece por el hecho de no haber sido gastado; al contrario, se consolida como un remanente de tesorería que refuerza la solvencia institucional y permite absorber contingencias futuras. La realidad de este superavit se manifiesta en su poder liberatorio: permite cancelar deudas, financiar nuevas inversiones o mejorar la prestación de servicios en el siguiente ejercicio sin recurrir al endeudamiento. Por tanto, la compensación de desviaciones presupuestarias que arroja un saldo positivo no es un "truco de magia" contable, es un indicador de sostenibilidad. Mientras el dinero esté disponible en las cuentas bancarias de la administración y esté libre de obligaciones de pago inmediatas, el excedente es tan tangible como el papel moneda. Es, en última instancia, el testimonio de una gestión que, tras navegar por las turbulencias de la ejecución, ha logrado preservar e incrementar el patrimonio público, transformando la variabilidad de los tiempos administrativos en una fortaleza financiera incuestionable.