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| Fuente de la imagen: Miniaturas (Velasco, 2008) |
El viaje desde Málaga a Ronda era una peregrinación hacia el corazón de una devoción que mi madre custodiaba con celo. Al llegar a las orillas del Tajo, nos sumergíamos en una historia que respira desde finales del siglo XVII, cuando ya constaban los primeros listados de hermanos que portaban cera en una procesión que se conceptualiza como el latido de un pueblo (Turismo de Ronda S.A., 2026). Ella me hablaba con fervor de "El Vecino", ese nombre lleno de cariño con el que los rondeños bautizaron a su Nazareno, una imagen que, aunque nacida de las manos de Castillo Lastrucci tras la dolorosa pérdida de las tallas originales en la guerra civil, mantiene intacta esa mirada sublime que parece cargar con todos los pesares del barrio (Pérez Rojas, 2025.; Hermandad de Padre Jesús de Ronda, 2025). La Hermandad, cuyas constituciones fueron ratificadas formalmente en 1776, ha sabido transmitir ese "vivir y sentir" a través de los siglos, convirtiendo la noche del Jueves Santo en un escenario donde la historia heredada se hace carne y madera (Guerrero Rociero, 2025). Recordar a mi madre emocionada ante la imponente salida desde la Iglesia del mismo nombre es comprender que la fe de esta cofradía es un legado que sobrevive a las llamas y al tiempo, apoyado en la convicción de que la belleza plástica de sus titulares es capaz de conmover hasta el punto de la leyenda, como aquel relato que afirmaba que su antiguo autor murió de emoción al ver terminada su obra en el siglo XVI (Guerrero Rociero, 2025; Hermandad de Padre Jesús de Ronda, 2025).
Aquella noche, apretados entre la multitud que inundaba la calle Real, el aire parecía detenerse mientras el sonido de los ciriales anunciaba que la primera trabajadera asomaba bajo el dintel del templo (Pérez Rojas, 2025). Mi madre, casi sin espacio para respirar entre la marea de gente impaciente, encontraba su aliento en la música de las cornetas y el racheo de los costaleros que acunaban el paso de Cristo al son de marchas que son oración pura (Pérez Rojas, 2025). El momento en que la Virgen de los Dolores, envuelta en el característico sonido de sus bambalinas de plata rozando las varas del palio, se acercaba a nosotros, el tiempo se suspendía en un encaje de gracia y esperanza diseñado para secar las lágrimas de su pueblo (Pérez Rojas, 2025). Era una comunión colectiva donde la saeta, mezcla de piropo y liturgia popular, estremecía el alma de los presentes, dejando ese regusto de sentimiento compartido que solamente se entiende en la madrugada rondeña (Pérez Rojas, 2025). Al final del recorrido, en ese "encuentro" místico antes de la recogida, imaginé en sus ojos la misma devoción que los antiguos cofrades documentaron en 1698; una despedida ansiosa que, aunque marcada por la finitud de la vida, se renovaba cada año con la promesa de volver a ver a su barrio convertido por unos instantes en el centro del universo (Turismo de Ronda S.A., 2026; Pérez Rojas, 2025). Aquella última Semana Santa fue su estación de penitencia más hermosa, un cierre perfecto para una vida entregada a la fe de su Padre Jesús. Fuente de la imagen: mvc.
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Bibliografía
Guerrero Rociero, I. (2025). Historia de la Semana Santa de Ronda-Padre Jesús. [Blog]. Extraído de las fuentes proporcionadas.
Hermandad de Padre Jesús de Ronda. (2025). Reseña Histórica. Extraído de las fuentes proporcionadas.
Pérez Rojas, F. (2025). Hdad. de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de los Dolores: Desfile Procesional e Itinerario. Extraído de las fuentes proporcionadas.
Turismo de Ronda S.A. (2026). Semana Santa - Información Turística de Ronda.
