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| Fuente de la imagen: El Lagar del Zar. Sitio vinopost (Velasco, 2025) |
Reunirse con Antonio en su hermosa casa de los Montes de Málaga, rodeados de vistas espectaculares que cortan la respiración, para degustar tintos dulces de Sierras de Málaga, representa un regalo para los sentidos. El compañero recordaba perfectamente mi larga andadura en el conocimiento de estas específicas elaboraciones malagueñas, un camino que comenzó hace ya más de una década cuando descubrí aquellos primeros tintos naturalmente dulces en la serranía, en compañía de Ouka Lele, José María y Teo (ver “Un día con Bárbara”, Velasco, 2010[1]) y me adentré en este fascinante territorio enológico. Con esa complicidad que otorgan los años, decidió sorprenderme este fin de semana descorchando "El Lagar del Zar" (Velasco, 2025)[2], joya de la bodega Dimobe elaborada bajo la prestigiosa denominación Sierras de Málaga. De un color cereza brillante con destellos violáceos intensos, limpio a la vista y sumamente apetecible, en nariz se muestra tímido al inicio, revelando poco a poco unos delicados aromas a flores frescas seguidos de un característico toque a regaliz que despierta la curiosidad de cualquier aficionado. Este tinto tan especial, elaborado a partir de las variedades Tempranillo y Romé, nace de uvas cultivadas en parajes singulares de Ronda y la Axarquía, las cuales son expuestas directamente al sol en los tradicionales paseros para concentrar sus azúcares naturales mediante el asoleo, un procedimiento histórico de la tierra malagueña.
Para acompañar esta joya líquida, el amigo preparó una cuidada selección de bocados de la zona que realzaron la experiencia culinaria de forma extraordinaria, rindiendo homenaje al recetario local. Disfrutamos enormemente el vino junto a unos quesos curados de cabra malagueña, algunas chacinas tradicionales de la comarca y unos higos secos que armonizaron a la perfección con la dulzura natural de la bebida. Degustando El Lagar del Zar, descubrimos un trago de una potencia formidable, pero que acaricia el paladar de forma amable gracias a un paso por boca extraordinariamente sedoso, carnoso y envolvente que agrada desde el primer instante. Nos pareció fascinante comprobar que este tinto dulce carece por completo de crianza en madera, un detalle técnico que permite que conserve toda la juventud, la viveza, la frescura y el carácter silvestre de la fruta recolectada a mano en las laderas andaluzas. Servido bien fresco, a una temperatura ideal situada en torno a los diez grados, se convirtió en el gran protagonista de la tarde, propiciando una charla amena y distendida. Brindar con esta copa, contemplando el atardecer sobre los montes, nos hizo valorar el esfuerzo artesanal de los viticultores locales, demostrando que los placeres más grandes de la vida se encuentran en compartir momentos sinceros, una mesa repleta de alimentos honestos de la tierra y un producto elaborado con paciencia y respeto por la tradición. Fuente de la imagen: mvc.
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[1] Velasco-Carretero, M. (2010). Un día con Bárbara. Sitio visitado el 30/8/2026.
[2] Velasco-Carretero, M. (2025). El Lagar del Zar. Sitio vinopost. Visitado el 30/8/2026.
