martes, 21 de septiembre de 2010

Mirar a los ojos

En el entorno del Festival de Cine de San Sebastián de este año, dice Julia Roberts:

"Me obsesiona el trato de las personas entre sí. Hemos dejado de mirarnos a los ojos, hay una falta de conexión humana, en parte debido a los ordenadores y los blogs. Creo que tenemos que luchar en contra de ello".

¡Ah! Mirar a los ojos. Fácil, si no tienes nada que esconder y eres transparente. Difícil si las agendas ocultas (ver post "Enografiliste") pesan mucho. En el post “O trabajas para él o para nadie” te apuntaba:

“Si puedes mirar a los ojos de cada uno de los directivos, mandos intermedios, colaboradores/as, etc., de las empresas en las que has trabajado, no debes afligirte lo más mínimo”.

Hoy añado:

“No tienes nada que ocultar. Tu subconsciente sabe que lo hiciste bien”.

¡Mira quién te habla sobre mirar a los ojos! Un ser que se pasó la niñez perdido en la Ronda profunda y que cuando se incorporó tardíamente a la ya descatalogada EGB, se bloqueó mentalmente, con efectos colaterales de fuerte tartamudeo y distinguida timidez, ante ese maestro de vara de avellano (ver post “El maltrato profesor-alumno” o “Pasamontañas”) y ante ese grupo de asustados y lánguidos niños y niñas que convivían en la austera y triste escuela rural.

Pues sí. Salvando las distancias, las culturas y las costumbres de los pueblos, las comarcas y los grupos y clases sociales donde transito coyuntural o estructuralmente, me descubro en la edad adulta observando, en un alto porcentaje del tiempo de la conversación, la mirada de los interlocutores con los que profesionalmente me relaciono, procurando no molestar, pero dejando libre a que mi mente, a través de los ojos, entienda lo que se está comunicando, trasluzca e interprete lo que, queriendo o sin querer, no se dice y, sobre todo, propicie un flujo bidireccional de conocimiento y creatividad (composición de imagenes-gratis.net).

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