martes, 28 de enero de 2014

Ser trashumante

Ayer recibí un atento email de Amparo Díaz-Llairó, CEO de GHCG, informándome de una atractiva oferta de empleo de un cliente multinacional, líder en su sector, para trabajar en la ciudad de México, en el puesto de Financial Controller. Me sentí agradecido por la opción de participar en el proceso de selección y así se lo trasladé, además de estar en la base de datos de una firma del prestigio de GHCG, pero decliné la oferta. Que conste que me sentí identificado con el trabajo a realizar, no ya por la experiencia como auditor interno en una corporación del sector de la distribución y grandes superficies, sino porque la mayoría del resto de los atributos que se solicitaban en el perfil del puesto creo se cumplen (¡San Modesto, baja del Cielo que sube Manuel!).

Pero dejando a un lado que la incorporación no podría ser a corto plazo y que la familia (mi única mochila) tiene mucha voz y todo el voto, había dos aspectos que propiciaron no seguir avanzando. Uno el que me gustaría terminar el grado en Derecho y previsiblemente fuera de España dificultaría aún más la consecución de este objetivo. El otro (más importante, si cabe), el requerimiento de “conocimientos avanzados de inglés” y aquí lo fastidio, porque mi preparación, como ya he escrito en varias ocasiones, es relativa a “inglés de los Montes de Málaga”. O sea, que “apaga y vámonos”. Tendré que reincorporar a la agenda formativa este idioma, así que deberé hablar con Francis y su Inlingua Idiomas Málaga.

De toda esa reciente experiencia, me quedé gratamente sorprendido que el peso de irse a trabajar a otro país fuera pequeño. Sí, en el caminar desde los diez años, no ha costado moverse a otros lejanos lugares (Donostia, Madrid, Granada, …), pero creía que conforme fuera cumpliendo primaveras, y ya van unas cuantas, me descubriría como más mesurado, moderado o conservador y menos “ser trashumante”, en el sentido de continuo movimiento, adaptándose en el espacio y tiempo a franjas globales de fertilidad productiva versátil o voluble. Esa redescubierta percepción o sensación pienso que es positiva y me alegro de ello.

Te dejo un esbozo de una estación de tren y una vía, que he realizado minutos antes de redactar este post, imagen que me transportó anoche al mundo de Morfeo, evocando esa estación de Ronda en la que, a las doce de la noche de mi adolescencia, mi madre me despedía, partiendo rumbo a San Sebastián – Donostia, donde llegaba veinte horas más tarde, para trabajar en la bodega del restaurante Casa Vallés situado en la Parte Vieja (ver post La Tregua).

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