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| Fuente de la imagen. archivo propio |
Ayer, después de impartir las clases en la Escuela de Emprendedores de Asland en el Parque Tecnológico de Málaga, había quedado a tomar café con unos contactos, colaboradores de otra entidad ubicada en el mismo parque. Relativamente perplejo me quedé cuando me comentaron lo agotado que estaban. Llevaban más de dos años, desde que comenzó esta crisis que nos acucia, arrimando el hombro, mientras, según ellos, los mandos superiores se aferraban a sus puestos utilizando mil y una artimañas. Sí, aportando su sudor a fuerza de congelación cuando no bajada de retribuciones, incremento de las horas, asunción de más tareas de puestos no cubiertos, más responsabilidades, continuas presiones, desorientaciones, debilidades y salidas de tono del ala noble de su organización, etc.
En síntesis, cerca del 50% de más trabajo, asumido por interés de la entidad empresarial con la emoción inicial de ayudar a salvar ese proyecto en el que colaboran, pero que ahora[1] parece que son los únicos que se sacrifican. Poco a poco empieza a cundir el desánimo, al percibir que sus direcciones generales de áreas no valoran ese plus[2]. Están al borde de un ataque de nervios final. No pueden seguir manteniendo esa situación. ¿Qué va a pasar[3]? La aparición del absentismo laboral y la desilusión total, la desaparición de la confianza y la fidelidad hacia la institución y la búsqueda de otro empleo por parte de los colaboradores esenciales, con el consiguiente desastre en todos los sentidos. ¿Qué debe hacer el number one?[4] Solo decirte que como no coja el toro por los cuernos ya, difícil solución tendrá en un futuro[5].
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[1] Largo tiempo después.
[2] A la par que se sienten ninguneados.
[3] Si no está pasando ya.
[4] Tal vez te escriba mi parecer más adelante.
[5] Te dejo una foto realizada anoche, en el centro de Málaga (España).