domingo, 22 de febrero de 2026

El rojo del Duero bajo el cielo de Benalmádena

Fuente de la imagen: Legaris Reserva. Sitio vinopost (M. Velasco, 2024)
En el rincón privilegiado que Auxi y Jasón han convertido su hogar, donde las estribaciones de la sierra de Benalmádena se asoman al infinito azul del Mediterráneo, la vida adquiere un ritmo diferente, pausado y consciente. Es un lugar diseñado para la contemplación, donde cada atardecer es un espectáculo y el aire transporta una fragancia delicada que mezcla la salinidad del mar con el aroma a pino y roca de la montaña. En este escenario de serenidad, el Legaris Reserva (M. Velasco, 2024)[1] encuentra el ecosistema para expresarse en plenitud, tratándose de un vino que, por filosofía de bodega, exige ser degustado con la misma calma con la que fue concebido durante años de paciente espera. Al servirlo en la copa, su presencia visual armoniza con los tonos cálidos del ocaso malagueño: luce un color rojo picota muy intenso que, bajo la luz dorada del crepúsculo, revela unos reflejos granate profundos y magnéticos. Es la imagen misma de la elegancia artesanal, un vino que parece haber sido guardado como un tesoro solamente para ser compartido en momentos de verdadera conexión personal y hospitalidad. En la terraza, con la línea de la costa extendiéndose a sus pies como un manto plateado, la primera impresión es de armonía, invitando a los presentes a detener el reloj y entregarse por completo a la experiencia sensorial.

La travesía continúa cuando los aromas de este tinto icónico comienzan a abrirse y a dialogar con la brisa de la sierra mediterránea. Al acercar la copa, la nariz se inunda de fruta negra madura,  sensación densa y sugerente que se entrelaza de forma magistral con finos matices balsámicos y sutiles notas tostadas, creando un puente olfativo entre la fuerza de los campos castellanos y la frescura de las cumbres de Benalmádena. Al primer sorbo, el vino se revela como una auténtica fuerza de la naturaleza, mostrándose muy amplio, potente y cálido. Es una estructura imponente que llena el paladar, pero que a la vez posee una calidez que reconforta y que parece ser un reflejo del espíritu acogedor de los anfitriones. Esta generosidad en boca es el resultado de un origen en tierras altas y suelos humildes que fuerzan a la uva a dar lo mejor de sí, algo que se percibe en la intensidad de cada matiz. El posgusto que persiste tras cada trago asegura que el placer no se desvanezca rápidamente, permitiendo que la conversación fluya sin interrupciones mientras la luz del Mediterráneo se apaga lentamente para dar paso a la noche. Disfrutar de un Legaris Reserva en este marco incomparable es participar en un ritual de disfrute donde la potencia de la tierra y la paz del mar se funden en un brindis inolvidable. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2024). Legaris Reserva. Sitio vinopost. Visitado el 22/2/2026.