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miércoles, 8 de julio de 2026

Cosecha de papel: la firma que no quiso esperar

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
La inesperada notificación de la Escuela de Doctorado supuso una grata sorpresa administrativa, rompiendo la previsión inicial de un año de espera del título interuniversitario y con una agilidad que apenas ha tomado dos meses desde aquella defensa pública del 24 de abril de 2026 en la Facultad de Turismo (Velasco, 2026)[1]. Al acudir a las oficinas de la Universidad de Málaga para retirar el documento oficial, el sentimiento de gratitud se entrelazó inevitablemente con el recuerdo de un largo periplo vital que comenzó en las huertas de Ronda, cuando aquel "niño perdío" (Velasco, 2007)[2] que cuidaba ganado (Velasco, 2007)[3] empezaba a forjar su resiliencia entre alcachoferas y pastos. Este título, que acredita el grado de doctor por doce universidades, con la calificación de Sobresaliente, mención Cum Laude, representa mucho más que un trámite burocrático; es la validación formal de un proceso de "reseteo" neuronal y reciclaje formativo que demuestra que la capacidad de aprendizaje no tiene fecha de caducidad.
Fuente de la imagen: mvc archivo propio
El momento culminante de la visita tuvo lugar ante la atenta mirada de la proactiva funcionaria, cuando procedí a estampar la firma en el diploma original, un documento de gran formato que luce con orgullo la rúbrica de los Mgfcos. y Excmos. Rectores y los logos de todas las instituciones universitarias por las que es doctor el que te escribe. Al deslizar el bolígrafo sobre el papel oficial, se selló simbólicamente el final de una etapa de intenso esfuerzo investigador y el inicio de un nuevo reto frente al "dedo del Procusto Edadista" (Velasco, 2026)[3], reafirmando que la veteranía y la sabiduría aplicada son valores estratégicos fundamentales en la sociedad del conocimiento. Este acto de rúbrica no solamente oficializa un grado académico de excelencia, también honra el sacrificio de toda una vida, transformando definitivamente la figura del otrora niño pastor y recolector en la de un doctor que, con su firma y “como no tiene abuela” (Velasco, 2015)[5], reclama perennemente su lugar y dignidad en el horizonte profesional. Fuente de las imágenes: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, M. (2026). Lectura de Tesis: El Nuevo Horizonte del Enoturismo. Sitio visitado el 8/7/2026.
[2] Velasco-Carretero, M. (2007). ¡Ahí va el niño perdío. Sitio visitado el 8/7/2026.
[3] Velasco-Carretero, M. (2007). Pastor y porquero. Sitio visitado el 8/7/2026.
[4] Velasco-Carretero, M. (2026). Soportando el dedo del Procusto Edadista. Sitio visitado el 8/7/2026.
[5] Velasco-Carretero, M. (2015). Como no tengo abuela... Sitio visitado el 8/7/2026.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Volver a casa: El reencuentro con mi esencia primigenia

Fuente de la imagen: No hay nada malo en ti. Sitio book—post (M. Velasco, 2025)
Dicen que sanar las heridas de la infancia es como limpiar un espejo largo tiempo cubierto de polvo: la luna no está rota, necesitaba quitarle la suciedad para que pudiera reflejar la luz con claridad de nuevo. Sumergirme en las páginas de "No hay nada malo en ti" (referenciado en M. Velasco, 2025)[1], Segrelles (2025)[2], ha sido un proceso catártico de reconciliación con la propia historia personal. Y es que durante gran parte de la vida adulta cargué con la creencia de que había algo intrínsecamente roto en el interior, una persistente sensación de no ser suficiente que saboteaba el bienestar y ensombrecía cualquier logro personal. La autora, apoyándose en su sólida formación en trauma y reparación del apego, logra desmantelar esa "losa" invisible de culpabilidad que solemos arrastrar desde la infancia, la cual nos hace sentir erróneamente responsables de las heridas emocionales que recibimos en nuestros años más vulnerables. Al enfrentarme a su diagnóstico sobre cómo vivir desde las heridas genera la falsa idea de que "el problema está en mí", experimenté un alivio al comprender que las dificultades no eran defectos de carácter, sino las cicatrices de experiencias vitales que afectaron a mi desarrollo primigenio. El libro propone mirar honestamente, permitiendo separar la identidad de los traumas que marcaron el pasado, comenzando a confiar en la propia capacidad de sanar.
Fuente de la imagen: El espejo del cuarto de baño (M. Velasco, 2010)
Lo verdaderamente transformador de esta obra es el cambio de paradigma que plantea: la sanación no es una carrera hacia una "mejor versión" idealizada, sino un reencuentro con la esencia original que existía antes de que el dolor nos obligara a cambiar para ser aceptados. Gracias a la aplicación de la terapia de Sistemas de Familia Interna (IFS) y la práctica compasiva, pude reforzar el camino que inicié hace unos años, de identificación de las distintas partes del "yo" que habían estado en conflicto por décadas, entendiendo finalmente que necesitaba cada una de ellas para sentirme seguro. El uso de materiales gráficos, esquemas e ilustraciones, sumado a un discurso amable y cercano, facilita que conceptos psicológicos complejos se vuelvan herramientas tangibles para el proceso de superación personal. Los ejercicios prácticos obligan a reflexionar sobre aquellas facetas que solía rechazar, enseñándome a abrazarlas con la dignidad que merecen y a convivir conmigo de una forma mucho más amable. Al conectar con los relatos basados en casos reales, de nuevo sentí que el camino de superación de los problemas de la infancia cobraba un nuevo sentido de pertenencia y esperanza. Concluyendo, Segrelles me ha proporcionado el mapa necesario para dejar de ser el juez más severo y empezar a ser el aliado compasivo que siempre necesité para volver a casa. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2025). No hay nada malo en ti. Sitio book—post. Visitado el 22/12/2025.
[2] Segrelles, Marta (2025). No hay nada malo en ti. Ed. Bruguera.

sábado, 14 de junio de 2025

La Agilidad frente a la Inercia

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Con la excusa de la reflexión sobre el complejo entramado de la justificación de subvenciones públicas en mi país (M. Velasco, 2024)[1], expresar que, a menudo, me encuentro inmerso en una dinámica que, a la larga, puede resultar agotadora. Desde mi posición en el staff de la comisión económica de una corporación de derecho público, asesoramiento técnico al amparo del artículo 60 de la Ley Orgánica del Sistema Universitario y en los Artículos 165 y 166 de los Estatutos de la Universidad de Málaga (OTRI), ayudando técnicamente en la justificación de subvenciones, he sentido una y otra vez la singular sensación de estar inmerso en un debate sin fin con quienes verifican u orientan. La escena es recurrente: ante guías de justificación desactualizadas, opiniones desubicadas, dictámenes provisionales descaminados de entes auditores, órganos fiscales, instancias laborales, asesorías jurídicas o incluso organismos nacionales, nos vemos en la necesidad de argumentar continuamente para convencer y reorientar. No se trata de una simple aclaración, sino de una labor persistente y, a menudo, en un sentido metafórico y, a veces, literal, de "enmendarles la plana" a quienes, por su función, se presumen como la autoridad última en el ámbito de sus especialidades o competencias profesionales. La tarea es la de argumentar técnicamente nuestro criterio administrativo, respaldado por la legalidad, la eficiencia y el conocimiento profundo del contexto en el que operamos. Esta constante necesidad de poner en valor el enfoque desplegado, este tener que desglosar cada normativa, decisión y cada cifra para la comprensión de terceros que, supuestamente, es su función, es un trabajo que, admitámoslo, cansa. Nos obliga a operar en lo que denomino el "tiempo de descuento": ese margen apremiante donde la energía se agota, pero la misión de defender la gestión no cesa. Es una lucha contra el reloj y, en ocasiones, contra inercias arraigadas. Sin embargo, a pesar de la fatiga, no debemos caer en el aburrimiento, sino todo lo contrario: seguir caminando con ánimo, responsabilidad y fortaleza, junto a equipos proactivos.

El panorama lanza un mensaje contundente: soplan tiempos distintos que necesitan soluciones distintas. Los órganos administrativos se transforman a un ritmo vertiginoso, adaptándose a nuevas realidades, tecnologías y demandas sociales, pero no siempre todos los actores de este ecosistema avanzan al mismo paso. El verdadero "problema", en muchos casos, no reside en la gestión interna de la entidad, sino en esos otros órganos de verificadores y de staff que, presumiblemente, se encuentran anquilosados en otros tiempos y en otros modos. Sus marcos de análisis, sus criterios y sus procedimientos no siempre evolucionan al ritmo de las nuevas prácticas y las complejidades de la gestión de estos “tiempos modernos”, insistiendo en aplicar paradigmas que, aunque válidos en su contexto, resultan insuficientes o incluso restrictivos ante la agilidad y la especificidad que exige la realidad hoy. Esta brecha entre agilidad e inercia, gestión y control, es un desafío, sí, pero también una oportunidad. Nos exige una resiliencia inquebrantable y un compromiso aún mayor con la excelencia técnica. Debemos seguir construyendo nuestros argumentos con la solidez del conocimiento y la claridad de la evidencia, siempre, por supuesto, desde el respeto y teniendo presente el ordenamiento jurídico aplicable. Es nuestro deber hacer las cosas bien, pero, también, demostrar que se hacen bien, educando en el proceso a quienes nos supervisan sobre la realidad de una administración en constante evolución. La persistencia en defender con criterio técnico lo ejecutado y justificado, lejos de ser una carga, se convierte en un acto de defensa de la modernidad y la eficiencia. Es un recordatorio de que la inercia puede ser el mayor enemigo del progreso y que nuestra labor, a pesar de llegar a ese “tiempo de descuento", es básica para forjar una organización más ágil, transparente y, en última instancia, más eficaz al servicio de la sociedad. Texto dedicado a Vanessa y a Borja (un placer colaborar con vosotros) y a Juan por su cumple. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2024). ¿Qué falla en la gestión de las subvenciones? Sitio visitado el 14/06/2025.

lunes, 23 de enero de 2023

Para Brady no importa la edad o los kilos de más

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Si eres follower de este sitio sabes que las motos han formado parte de mi vida. Textos como “Motorista”, ¡Qué digo motos!Montando en moto por las carreteras del año” o “Va por ti[1] son prueba de ello. Mis manos han disfrutado desde una Lambretta hasta una Honda 500 XBR, pasando por una Vespino (un verano en Mallorca) o la Vespa 125 XL. Te cuento lo anterior porque en el fin de semana pasado he estado rehojeando el texto de Joan Brady “Dios vuelve en una Harley”[2], que me regalaron cuando estaba de gerente en “La Factoría de la Red” (ver ¿Caminamos hacia un Marketing 5.G?[3]).

Apunta John Gray en la solapa que es una "magnífica historia que nos hace sentir vivos y libres”. Ciertamente, con humor y hasta cierta ternura, a través de la protagonista, la autora intenta trasladarme que no importa la edad que tenga ni los kilos de más o de menos que me acompañen; siguiendo las simples reglas del motorista, conseguiré ser una persona distinta y libre y puede que descubra que el camino hacia la felicidad empieza y acaba en mí mismo. Parte de este texto se ha editado en el sitio book—post, bajo el título “Dios vuelve en una Harley”. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Motorista (2008), ¡Qué digo motos! (2013), Montando en moto por las carreteras del año (2022), Va por ti (2017). Sitios visitados el 23/01/2023.
[2] Brady, Joan. Dios vuelve en una Harley. Ediciones B. 2002.
[3] Velasco Carretero, Manuel. ¿Caminamos hacia un Marketing 5.G?. 2020. Sitio visitado el 23/02/2023.

lunes, 23 de mayo de 2022

Frente a las tormentas, la noche y el temor

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
En “El ascenso karateca[1], referencié de soslayo el texto de Richard Bach, “Juan Salvador Gaviota”, que anda cogiendo polvo en la estantería. Pero en el fin de semana pasado he estado rehojeando otro libro del autor, titulado “Ajeno a la Tierra”[2], donde un joven piloto debe recurrir a su destreza para superar el típico duelo solitario contra la muerte.

Se percibe que a Bach le encanta la mística del vuelo, fascinándose y liberándose con las alturas. El libro también es como un viaje al interior de aquellas personas cuyo desafío es medirse a sí mismas frente a “las tormentas, la noche y el temor”, invitándome a descubrir mi propio yo interior y dejar que se exprese y alcance el máximo de sus posibilidades.

Termino transcribiendo uno de los mensajes: “Y el piloto no siente miedo y su mirada es intensa y hermosa con esos ojos entrecerrados. Vuela con el visor sobre la frente, para que se le puedan ver los ojos a la luz del sol”. Parte de este texto se ha editado en el sitio book—post, bajo el título “Ajeno a la Tierra". Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. El ascenso karateca. 2007. Sitio visitado el 23/05/2022.
[2] Bach. Richard. Ajeno a la Tierra. Ediciones B. 2010.

lunes, 3 de enero de 2022

Déjame que te cuente...

Fuente de la imagen: archivo propio
En “Suerte les deseo[1] utilizaba el relato del elefante encadenado para reflexionar sobre las organizaciones atadas por costumbres que posibilitaron un relativo “éxito” en el pasado pero que, sin querer darse cuenta, son el germen del fracaso futuro, ataduras que le impiden arrancar la estaca, a pesar de disponer de músculo financiero o patrimonial. La historia del elefante encadenado la recoge Jorge Bucay en su libro “Déjame que te cuente...”[2], con el subtítulo “Los cuentos que me enseñaron a vivir”, que he estado "rehojeando" en el fin de semana pasado, a caballo entre un año que se fue y otro que ya está aquí.

El texto recoge la historia de un muchacho inquieto y curioso, llamado Demián[3], que desea saber más sobre sí mismo, búsqueda que le conduce hasta un peculiar psicoanalista que, a través del método de contar cada día una historia, intenta ayudarle a enfrentarse a la vida y a encontrar las respuestas que está buscando. Son cuentos clásicos, modernos o populares, reinventados por el psicoanalista para ayudar a Demián en su indagación[4]. Parte de este texto también se ha editado en el sitio book—post, bajo el título “Los cuentos que me enseñaron a vivir”. Fuente de la imagen: archivo propio.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Suerte les deseo. 2013. Sitio visitado el 03/01/2022.
[2] Bucay, Jorge. Déjame que te cuente… Ed. RBA Integral. 2004.
[3] De hecho, el título en Latinoamérica fue “Recuentos para Demián”.
[4] Según la editorial, es un libro para aquéllos que busquen respuestas que se encuentren en momentos difíciles o que simplemente quieran entenderse a sí mismos y conocer sus miedos y relaciones.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La lucha contra la mediocridad

Fuente de la imagen: rvs
Por enésima vez, vía wasap me llegó ayer el texto “El triunfo de los mediocres[1], atribuido a insignes personajes[2], pero la autoría parece que es del periodista y escritor D. Jiménez[3]. Reflexiona el autor sobre la mediocridad de mi país, texto que suscribo al cien por ciento y que me tomo la libertad de transcribir algunos párrafos: “Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza. Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad”.

Sí, David, ayer sentí nuevamente la amenaza de ese sentimiento que expresas al final: “marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad”. ¿Cómo luchar contra esa impresión? ¿Cómo mantener el ánimo cuando percibes la mediocridad por doquier? Y en esta crisis económica, política y social que desde hace ya demasiados años nos engulle, más difícil aún mantener el tipo. Pero es en estos dilatados momentos de sufrimiento operativo cuando no debemos tirar la toalla y, por el contrario, activar nuestra fuerza interior, pensando que existen otras personas como nosotros y que, en todo caso, debemos trabajar por conseguir otro mundo distinto y mejor. A mí me viene bastante bien inspirarme en el camino transitado por otras personas, la claridad de los fines que quiero conseguir y la constancia por lograrlo[3] (Fuente de la imagen: rvs archivo propio).
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[1] Jiménez, David. El triunfo de los mediocres. 2012. Sitio visitado el 28/09/2016.
[2] Desde Juan José Millas a Vargas Llosa, pasando por Forges.
[3] Jiménez, David. El artículo que creí haber escrito. 2012. Sitio visitado el 28/09/2016.
[4] A continuación te dejo un vídeo, subido a Youtube por Gestionindependiente, donde se reflexiona sobre cómo terminar con la mediocridad y el conformismo

martes, 6 de octubre de 2015

Lustre a mis destrezas

Fuente de la imagen: pixabay.
¿Cuáles son esos baluartes, habilidades, en los que me hago más fuerte al dominarlos? Por mi bien venidero debo estar al tanto de esas destrezas. Los expertos dicen que son una mezcolanza de capacidad, aptitud, mente, pericia, arte, hábito y práctica. Cuando conozca esas posiciones de poder, no cabe duda que podré aplicarlas mejor en el día a día, en la selva que recorro para cazar alimento para traer a casa, lo que implica que debo transmitir a mi gente esas maestrías así como conocer las suyas, de forma que integremos y complementemos las distintas capacidades del grupo, lo que propiciará multiplicar su efectividad, su rendimiento, su capacidad de resultado (fuente de la imagen: pixabay).

Pero ¿Cómo aplico esas artes profesionales en mi empresa, institución o profesión? En primer lugar es conveniente saber cuál es el aporte de valor de cada habilidad a mi cotidianeidad, tanto a nivel individual como en la colectividad en la que convivo. Obviamente, también deberé inventariar las coyunturas propicias que me permitan poner en práctica esas mañas, armonizándolas e integrándolas en mis tareas. Finalmente, es favorable el conocimiento de otras experiencias y destrezas que aviven e inciten a las que ya poseo, de forma que se reestructuren, rejuvenezcan y mejoren en el camino, como si del pájaro protagonista de Juan Salvador Gaviota se tratara (ver postEl ascenso karateca[1]).
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[1] Velasco Carretero, Manuel. El ascenso karateca. 2007. Sitio visitado el 06/10/2015.

jueves, 20 de agosto de 2015

El factor X

Fuente de la imagen: pixabay
“El factor x: el potencial de la voluntad humana. Ningún pronóstico puede determinar lo poderoso que puede ser como determinante de la calidad de vida de una persona” (Dr. Kean, que atendió en el parto de la madre de Aimee Mullins). Sugerido por Antonio (Gracias) y vía mujeresdeempresa.com, estuve escuchando la ponencia de la corredora Aimee Mullins sobre la redefinición del término discapacidad a partir de su propia historia, ya que nació sin los huesos del peroné y tuvieron que amputarle las piernas por debajo de las rodillas siendo un bebé. Te dejo el vídeo, subido a Youtube por Maje María Jesús (Fuente de la imagen: pixabay).

Transcribo algunas de sus reflexiones, pensamientos o anhelos que describe a partir del minuto 20:14: “La única verdadera discapacidad es un espíritu aplastado. Un espíritu que ha sido aplastado no tiene esperanzas, no ve la belleza, ya no tiene más la curiosidad natural infantil, la habilidad innata para imaginar. Si en vez de eso, podemos reafirmar un espíritu humano para que tenga esperanza, para que vea la belleza en sí mismos y en otros, para que sea imaginativo y curioso, entonces verdaderamente estamos usando bien nuestro poder. Cuando un espíritu tiene esas cualidades, somos capaces de crear nuevas realidades y nuevas formas de ser.” Tampoco tiene desperdicio el poema de un poeta persa del siglo XIV que recita al final de su intervención, pero eso te lo dejo para que lo descubras tú.