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jueves, 13 de agosto de 2026

El día que la bahía contuvo la luz

Fuente de la imagen: rvs archivo propio
Aunque en 2027 (solar total) y 2028 (solar anular) se percibirá bastante mejor, Málaga aguardaba la llegada del acontecimiento celeste bajo un cielo completamente despejado, bañado por el habitual resplandor mediterráneo que acostumbra iluminar las fachadas de los edificios y la amplia extensión dorada de la bahía. Si bien sabíamos con certeza que la franja de sombra absoluta discurría por latitudes situadas bastante más al norte de la península, esta comarca costera del sur disfrutó de su propia versión de este fenómeno peculiar. A medida que el tránsito lunar sobre el disco solar alcanzó su punto culminante a última hora de la tarde, una imaginada metamorfosis extraña y fascinante comenzó a adueñarse de la atmósfera urbana. La luz vespertina perdió un poco y de manera progresiva su calidez radiante para transformarse en un tono metálico, verdoso y tenue, similar al brillo extraño que precede a las tormentas de verano más intensas.
Totalidad del eclipse solar 2026 desde el Observatorio de Yebes (Guadalajara). Cortesía de RTVE
En las arenas de la playa de la Malagueta, a lo largo de todo el paseo marítimo y sobre las viejas almenas de la alcazaba, grupos de personas contemplaban el firmamento equipadas con filtros especiales, presumiblemente maravilladas al descubrir cómo la gran estrella quedaba afectada transformándose en una muesca incandescente. Obviamente, el sol no desapareció ni dejó la capital del sur sumida en una noche repentina, pero esa insinuación de penumbra parcial poseía un aura de magnetismo indescifrable, imaginando la mar bañada con sombras alargadas y destellos cobrizos que alteraran la percepción habitual de la tarde. Compartir esa mirada colectiva hacia el horizonte eclipsado dejó en algunos de los presentes la certidumbre de haber presenciado un instante excepcional, donde la mecánica celeste dictó una pausa en la rutina diaria para recordar la asombrosa magnitud del universo. Fuente de la imagen: rvs archivo propio.

sábado, 27 de junio de 2026

Sentir el Sur: Burbujas, Hierbabuena y Amistad

Fuente de la imagen: Croft Twist. Sitio vinopost (Velasco, 2026)
Quiero dedicar estas líneas a agradecer el detalle de los docentes Rocío y Manu, que nos sorprendieron con Croft Twist (Velasco, 2026)[1], asegurándonos con entusiasmo que habíamos encontrado otro compañero para las reuniones sociales. Explicaron que es una propuesta para aquéllos que, como nosotros, disfrutamos explorando las nuevas fronteras que se dibujan entre el aperitivo clásico y el concepto contemporáneo del "tardeo". Es una bebida que tiene la capacidad de estimular los sentidos gracias a su elaboración, basada en una mezcla de finos e ingredientes naturales, logrando armonía. Su moderada graduación alcohólica, de tan solo 5,5º, lo posiciona como una opción ligera y equilibrada para ser disfrutada con moderación en cualquier momento del mediodía, la tarde o la noche. Creo que para nuestros amigos, el obsequio es una forma de invitarnos a "armar el plan", sugiriéndonos que la mejor forma de celebrar este regalo es rodeados de “gente güena” y acompañando la experiencia con unas buenas tapas, aprovechando que sus opciones de maridaje permiten que cada uno elija la combinación que más le guste.

Rocío y Manu no escatimaron en explicaciones sobre el ritual específico que debíamos seguir para que la degustación fuera idónea, tal y como dictan los cánones de este Fino Spritz. Nos instruyeron paso a paso: primero debemos elegir una copa adecuada y llenarla con abundante hielo para asegurar la temperatura óptima; acto seguido, es conveniente incorporar unas hojas de hierbabuena fresca que actúan como catalizador para sus aromas naturales antes de servirlo bien frío. "Tenéis que dejaros seducir por su color amarillo cálido", nos comentaban, mientras describían cómo su fina burbuja es la responsable de aportar esa viveza y originalidad que se siente en cada trago. Según sus palabras, la magia ocurre cuando la hierbabuena y las vibrantes notas cítricas se entrelazan de forma elegante, dando como resultado una bebida excepcionalmente suave que refresca el paladar de manera inmediata. No puedo estar más correspondido por el detalle, que me ha permitido descubrir un producto de calidad y la "bendita" excusa para brindar por la amistad y los buenos momentos compartidos. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, M. (2026). Croft Twist. Sitio vinopost. Visitado el 27/6/2026.

domingo, 7 de septiembre de 2025

La visita inesperada: un gorrión en el salón

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
A veces, la naturaleza se cuela en nuestros espacios de la forma más sorprendente. Así sucedió la otra tarde en el salón, cuando un pequeño gorrión rompió lo cotidiano, sobresaltándonos a todos (te dejo una instantánea del "susodicho"). Su vuelo nervioso, de las estanterías a las ventanas, que el calor del exterior mantenía cerradas a cal y canto, y así sucesivamente, era un intento desesperado por encontrar una salida. No me explico cómo llegó a entrar, pero la chimenea, inactiva, pero con respiraderos y rendijas, parecía la respuesta más plausible. Mientras lo observaba, la mente viajó a un recuerdo agridulce: el de un vecino que, años atrás, rompía los nidos de golondrinas. Con tristeza y el tacto que la situación exigía, le expresé mi opinión sobre su acto, a lo que él respondió, harto, con una sola palabra: "cagadas". Ciertamente, las heces de los pájaros son un incordio (M. Velasco, 2016)[1], especialmente las de las palomas y las gaviotas.

En la propia casa, una de las terrazas sufre el efecto corrosivo de los excrementos y tengo que aplicar una nueva capa de impermeabilizante cada cierto tiempo (M. Velasco, 2025))[2]. No me importa, no me pesa, porque cada primavera, los árboles y arbustos de la aspiración a jardín se llenan de nidos, incluso en los respiraderos del tejado, y el gozo del bullicio de los pajarillos compensa cualquier pequeño inconveniente. Volviendo al salón, la situación requería de nuestra intervención. Abrimos con cuidado una de las ventanas y retiramos la mosquitera. Justo entonces, desde afuera, el canto de otro gorrión se hizo eco. El pequeño visitante, como si hubiera entendido el llamado, respondió con un gorjeo antes de tomar impulso y volar hacia la libertad. Fue un recordatorio de que, a pesar de la complejidad del mundo, la conexión con la naturaleza sigue siendo una de las cosas más sencillas y gratificantes que nos podemos regalar.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2016). ¡Cuidado con las palominas! Sitio visitado el 7/9/2025.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2025). La paz del invierno se gana en el verano, Sitio visitado el 7/9/2025.

sábado, 30 de agosto de 2025

Un viaje del Maritrini al Vermouth de Oro

Fuente de la imagen: El Vermouth de Cortijo La Fuente. Sitio vinopost (M. Velasco, 2025)
En el viaje al pasado de la adolescencia, el vermut era una bebida que se colaba en nuestras tardes, a veces por casualidad, a veces con premeditación. Recuerdo un día en que el amigo llegó a casa con una botella de Martini y mi madre, atenta a las tendencias de la juventud, se percató. A partir de ese momento, y con la mejor de las intenciones, siempre que tenía ocasión nos compraba vermut. Sin embargo, no sé si por desconocimiento o por un presupuesto ajustado, lo que ella nos traía no era Martini, sino algo que se parecía en el nombre y poco más: un vermut más económico que se llamaba Maritrini (M. Velasco, 2006)[1]. La anécdota, que hoy me arranca una sonrisa, marca el inicio de mi esporádica relación con esta bebida.

Te cuento lo anterior porque, en casa de Mari Carmen y Paco (M. Velasco, 2025)[2], el aperitivo se transformó en una auténtica revelación. Como protagonistas de la tarde, los anfitriones ofrecieron “El Vermouth” de Cortijo La Fuente (M. Velasco, 2025)[3], bebida que se distinguió por su calidad artesanal y que, para nuestra sorpresa, había sido galardonada con el prestigioso Premio Bacchus de Oro. Este vermut, elaborado a partir de una cuidadosa selección de vinos dulces de uva Pedro Ximénez, cultivada en los viñedos propios de la bodega, nos cautivó desde el primer sorbo. Los vinos base son añejados en botas de roble americano centenario, un detalle que les confiere una complejidad y unos matices únicos que se aprecian en el paladar[4]
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2006). El cumpleaños de mi madre. Sitio visitado el 30/8/2025.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2025). La frescura de la noche. Sitio visitado el 30/8/2025.
[3] Velasco-Carretero, Manuel (2025) El Vermouth de Cortijo La Fuente. Sitio vinopost. Visitado el 30/8/2025.
[4] La receta se completa con una maceración tradicional de más de 50 especias y botánicos, logrando un equilibrio perfecto entre el dulzor inherente al vino y el amargor de las hierbas, un rasgo que lo hace especialmente único y elegante.

domingo, 27 de julio de 2025

El retrogusto de la buena compañía

Fuente de la imagen: Alma de Mecenas Verdejo. Sitio vinopost (M. Velasco, 2025)
Tras una intensa semana, quedamos con Adolfo (M. Velasco, 2019)[1], al que hacía tiempo que no veía. Nuestra charla en el restaurante Las Navas fue de esas que nutren tanto en lo profesional como en lo personal, un verdadero placer. Como el establecimiento no tenía vinos de Málaga, brindamos con Alma de Mecenas Verdejo (M. Velasco, 2025)[2], que acompañó cada momento. Lo único que empañó un poco la noche fue el propio restaurante. No hace tanto, Las Navas era una de las mejores ventas de la zona, pero se nota que o bien han cambiado de dueños o de enfoque estratégico, puesto que presumiblemente han implantado una política comercial distinta y extraña, a años luz de la atención al cliente de antes.

Añoré aquel personal cercano de antaño y una carta de platos y de vinos de Málaga excelente, que ha dado paso a unas cuantas raciones "estáticas" y poco más. No se percibía ese sabor a Málaga que otrora lo distinguía y, en su lugar, flotaba una presunta dejadez comercial y tristeza ambiental que restaba encanto. Curioso cómo, a pesar del depauperado entorno de Las Navas (Málaga, España), una buena compañía y un sencillo verdejo sin denominación de origen, puede trascender un ambiente lúdico que no está a la altura de su historia. Tal vez, en esa decepción de lugar, el Alma de Mecenas Verdejo se aprovechó, haciendo de los brindis momentos agradables en una conversación que fluyó, prevaleciendo el retrogusto de la buena compañía.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2019). Respetazo gordo. Sitio visitado el 27/07/2025.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2025). Alma de Mecenas Verdejo. Sitio vinopost. Visitado el 27/07/2025.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

En la copa del árbol

Fuente de la imagen: archivo propio
Después de la jornada de trabajo matutina, dado que por motivos profesionales el descanso vacacional de este año ha sido distinto al de otros (deseando resarcirme más adelante, si se puede, claro), la tarde de ayer me la tomé de asueto y decidí incorporarme a la peña de amistades que habían quedado en el Parque Acuático Mijas[1], para despedir eso, las vacas de agosto de los que han podido disfrutarlas plenamente.

No sé si será porque era por la tarde o por septiembre o por la crisis, el caso es que me encontré el recinto con menos personal y clientela que en otras ocasiones. Tampoco me gustó que desde las cinco y pico estuvieran recordando por megafonía la hora de salida (las seis) y quince minutos antes cerraran los grifos y empezaran a invitar para que nos saliésemos de las piscinas. ¡Jopé! ¡Que he pagado baño hasta las seis!

Por lo demás, resalto la proactiva charla con varios estudiantes acerca de qué hacer después de la licenciatura o del máster. Difícil cuestión y debate. Lo tenemos crudo todos y ellos más. Les sugerí que localizaran prácticas interesantes relacionadas con su especialidad, pero sin cerrar puertas a otras usanzas colaterales. Que su mente fuera una esponja y estuviera abierta y que por mucha facultad o escuela de negocio, la mejor universidad es la propia Vida.

Me preguntaron qué haría yo si tuviera sus edades. Intenté ponerme en su lugar y me imaginé dándole caña a los idiomas en países extranjeros y buscando experiencias no en divisiones de multinacionales o entidades estrellas o de exitosos emprendedores, sino en empresas con dificultades o pequeñas unidades de negocio, cuyos líderes y equipos trabajan como ese grupo de pájaros bregando en la copa de un árbol cimbreado por un fuerte viento.

Ahí, al lado de ese puesto de gerencia, directivo, secretaría general, coordinador, ejecutivo… y sus respectivos equipos, lidiando los imponderables, despropósitos… tomando decisiones, rectificando y volviendo a rectificar, mientras de la chistera no sólo salen conejos, sino, también, liebres, cerdos, serpientes y alimañas (fuente de la imagen: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: archivo propio.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Parque Acuático Mijas. 2009.  Sitio visitado el 05/09/2012.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cimiento y Penitencia

Fuente de la imagen: ¡Ahí va el niño perdío (Velasco, 2007)
Triste mañana la de ayer, acompañando a un compañero en la despedida de su padre, que partió a mejor vida. Al mediodía, me visitó el pensamiento de que no somos nada y algunos nos creemos el ombligo del mundo. ¡Anda Ya! Estamos en esta vida de paso y de prestado, así que caminemos lo más decentemente posible, de forma que cuando lleguemos al final, concibamos en clave positiva la verdadera ponderación del camino de honestidad, dignidad, moderación y vergüenza transitado. Luego reflexioné acerca de los olvidos de ciertos individuos a la hora de relacionar algunas de sus experiencias profesionales. Me recordó cuando empecé a trabajar en esto de la consultoría empresarial, allá por la década de los ochenta del siglo pasado. ¡Cómo me pavoneaba de los títulos reglados que sucesivamente iba consiguiendo y de las relativas experiencias profesionales que iba acumulando!
Fuente de la imagen: mvc archivo propio
De acuerdo. Por el post "Disciplina humillante" (Velasco, 2012)[1], sabes que el BUP y, sobre todo, la EGB fueron un desastre, pero eso no me excusaba de la fanfarronería universitaria cultivada. ¡Y cómo ocultaba las labores realizadas en la infancia, cuidando cabras, ovejas, cochinos, conejos, gallinas… o el trabajo en el campo, ya fuera barcinando, recolectando o regando! ¿Me avergonzaba? Puede. hasta que un día de 1993 (post de referencia: “Parece que fue ayer” Velasco, 2006)[2], decidí armonizar el pasado con el presente, como una herramienta más para generar un futuro distinto. Y desde entonces, puede que con exageración o desmedida, no me duelen prendas de manifestar las raíces y airear los defectos que me conozco. Como cimiento lo primero y penitencia lo segundo (fuente de la imagen: sxc.hu). Imágenes incorporadas con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Disciplina humillante. 2012. Sitio visitado el 08/08/2012.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Parece que fue ayer. 2005. Sitio visitado el 08/08/2012.

sábado, 5 de mayo de 2012

Momentos entrañables

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Con Ouka Leele y Teo
Hay días que cuando reflexionas sobre lo acontecido en la jornada, te ríes más. La causa no es otra que la concatenación de sucesos que hacen las experiencias más especiales aún. En esta semana he tenido que ir a la capital del reino andaluz, para asistir a unas reuniones técnicas en una administración pública. Entramos en la ciudad y ya la lluvia que caía auspiciaba la dificultad añadida para llegar a la institución. Así fue. Después de dejar el coche en un aparcamiento subterráneo de vete tú a saber dónde, salimos corriendo para llegar a tiempo. Y llegamos, pero chorreando perdidos. En el control de acceso el guarda de seguridad nos pide los DNIs. ¡Tierra tráganos! Mi acompañante se había dejado la cartera en el automóvil. Después de esperar un buen rato a que la autoridad realizara las preceptivas indagaciones, a lo “quiénes éramos, de dónde venimos y a dónde vamos”, finalmente se nos autorizó a subir a la planta. Y ya dentro, nos dice un funcionario - Pero si la reunión era la semana pasada –  -¿Pero no estabais de feria? El correo electrónico decía…– Objeté. Omito la contestación que recibí. Consultó con su jefe y después de otro rato esperando, por fin entramos en el despacho. -Acreditación, por favor – Me solicitan. Con voz quebrada y afligida expresé -¿Acreditación? Pues tiene usted razón, pero me la he dejado en Málaga. Lo siento. No he caído que lo que vamos a tratar se encuentra dentro de la preceptiva protección de datos y el secreto profesional. No obstante, mi nombramiento está publicado en un medio oficial. Si fuera tan amable de …

Felizmente, gracias a la receptividad, proactividad y empatía del responsable de dirección, todo se pudo resolver satisfactoriamente. Como colofón, después de pagar el parking, tuvimos que volver a liquidar un suplemento porque: 1º no encontrábamos el coche y 2º no atinábamos la salida. Lo acontecido me ha hecho recordar el rosario de momentos entrañables que he disfrutado en mi vida profesional. Como aquella noche de mayo de 1995, en Tenerife, con motivo de un Congreso de Formación, entrando en el hotel con el contacto Juan, a través del último piso (el edificio iba de arriba para abajo, debido a su construcción en una especie de acantilado). O recorrerme en 1997 todas las provincias andaluzas con Antonia, combatiendo el intrusismo y la competencia desleal de determinado sector. O aquel día de junio de 1998, cuando después de una reunión en Madrid, se nos ocurre al contacto Tomás y a mí cruzar andando por las pistas del aeropuerto porque nadie venía a recogernos al avión. O la "pechá" de vueltas que en el 2000 di con Jesús para salir de Málaga, rumbo a Córdoba. O aquel tren que en junio de 2008 logré coger junto a José Manuel, después de darnos una panzá de correr y con casi todo en contra. O la convivencia en septiembre de 2010 con Bárbara Allende en Descalzos Viejos. Voy a parar. No es el momento y lugar para contarte todos los episodios. Tal vez dentro de unas décadas. Sí le dije al acompañante de esta semana que se pensara escribir un libro con su experiencia empresarial, porque seguro en un futuro sería objeto de estudio en aquellas escuelas de negocio que adapten sus programas y supuestos prácticos a las nuevas realidades del cambio de época que vivimos. Te dejo una foto, con Bárbara y Teo, septiembre de 2010, en la Bodega Descalzos Viejos. Si quieres más de ese día, clickea AQUÍ.

lunes, 2 de abril de 2012

Recolectando emociones

Fuente de la imagen: archivo propio
Hace unos años, le conté al peque lo que hacía en la infancia con las lechugas sembradas por mi padre en la huerta. Le relaté que un día me comí el cogollo de algunas de las plantas, colocadas en línea, entre surco y surco. No le conté la reprimenda que me llevé. 

Le gustó la historia y recientemente me emplazó a que sembrara hortalizas para comerse los cogollos. Todavía no he plantado lechugas, pero los efectos de la primavera ya están empezando a notarse en el resto de las plantas sembradas y, por ejemplo, maduran las primeras fresas. 

Ayer tocó recolección. Fueron unos emocionales momentos que no me salen las frases para explicártelos. Como a veces una imagen vale más que mil palabras, te dejo un vídeo con unos instantes del trabajo. Que esta semana te sea proactiva en lo laboral, profesional, empresarial o institucional.

martes, 11 de octubre de 2011

No hay peor sordo

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
No hay sordera transitoria de la que no se pueda sacar partido. Por fin volví a oír mejor. El médico me extrajo de los oídos dos bolas de cerumen que durante un periodo han atenuado la audición, obstruyendo la entrada de sonidos. Durante días he estado echándome unas gotas para ablandar los tapones, al tiempo que inútilmente aguzaba el oído para intentar no perder ripio de las conversaciones. En este periodo de silencio forzado, he recordado y meditado el dicho: "No hay peor sordo que el que no quiere oír". Sí. Por mucho que oiga, a veces no escucho ninguno de los mensajes que me envían las personas que  me aprecian, sobre relaciones profesionales, empresariales o institucionales abocadas a la frustración o el desengaño, aunque me lo digan a gritos.

Tiene que suceder lo que no he prestado atención, cual fatídico guion escrito se tratara, para a la postre dar la razón a esos respetados seres. Ayer por la mañana, horas antes de la sustracción del pegajoso elemento, estaba como en una nube. El "cerumenolítico" habría hecho el efecto ablandamiento de la sustancia amarillenta, porque mi capacidad de escuchar se encontraba bastante mermada. Cuando el especialista hizo su trabajo, descansé y me mareé al mismo tiempo. Después, sentí felicidad al poder reconocer de nuevo la cantidad de sonidos que me rodeaban. Por un momento, todas las noticias presuntamente tristes de los últimos días, se volvieron de otra tonalidad o, al menos, escuché mejor lo evidente, inequívoco, innegable, que cada ente transmite.

Por la noche, al inventariar lo vivido en el día, reflexioné acerca del nuevo enfoque valorativo que se da a las solturas o capacidades que malogras, aunque sea transitoriamente, como el sentido del oído. Poco antes de dormirme, percibí el susurro del viento. Me fui al mundo de Morfeo sintiendo mi propia respiración. He dormido más profunda y plácidamente que las últimas noches. Al levantarme, rondaba mi cabeza la idea de escribirte la experiencia y desearte que no solo escuches con serenidad lo negativo de las cosas, también es necesario atender vivazmente lo positivo que todo contiene. Así que aquí tienes este post, entre lo real y lo metafórico (fuente de la foto: imagenes-gratis.net). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.

lunes, 15 de noviembre de 2004

¿A cómo tienes hoy el kilo de blog?

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
A principios de la década de los ochenta, siglo pasado, se me pegó la muletilla de un cliente del bufete donde trabajaba de pasante. Tenía el hombre un restaurante y siempre que visitaba el despacho preguntaba: ¿Cómo va el negocio Manuel? Con mi mesa llena de declaraciones de IRPF e ISS, le decía: Aquí estamos, ¿te pongo cuarto y mitad de Licencia Fiscal? Y me sumergía de nuevo en los papeles. Tómate un café, sentenciaba. Desde entonces, es una frase que, dependiendo de la temporada, sale de mis labios con mejor o peor acierto. A principios de los noventa estuve trabajando de auditor interno en un grupo empresarial del sector de la distribución, con tres hipermercados, veintiún supermercados, almacén regulador y marca franquiciadora euromarket (hoy la cadena es bastante más pequeña pero sigue dando caña en Fuengirola). Allí introduje una variante.

Cuando me pasaba por la pescadería del hipermercado en Marbella, le preguntaba al pescadero: ¿A cómo tienes el kilo de gallo hoy? Al frutero: ¿A cómo tienes el kilo de papaya? Al carnicero: ¿A cómo tienes el kilo de secreto ibérico? Cuando me sentaba con la directora de recursos humanos: ¿A cómo tienes el kilo de currículum? Caro, me contestaba. Con el director de administración: ¿A cómo tienes el kilo de transferencias de EDI? Liquidando estamos. Auditoría externa: Chicos ¿A cómo tenéis hoy el kilo de ajustes y recomendaciones? Por las nubes, respondían. Hasta a Miguel Ángel, el director general, en alguna ocasión le pregunté: ¿A cómo está el kilo de expansión? Déjate de bromas, Manolo. Espetó. Con los miembros del consejo de administración no me atreví. Y seguí con lo del kilo en los años sucesivos. En la empresa de transportes y distribución (1993-1996): ¿A cómo tienes hoy el kilo de donuts?

En la organización empresarial (1994-1998): ¿A cómo tienes el kilo de asociado? En la empresa de formación (1998) ¿A cómo tenéis hoy la teleformación? En el grupo de tecnología (1999) ¿A cómo cotiza el ADSL? En la empresa de diseño (2002): ¿A cómo el kilo de páginas web? En las de construcción y promoción (2004): ¿A cómo está hoy el ladrillo? Etc. En mi estancia en Virgen de la Oliva (2002-2004), le pregunté a un socio, rudo empresario agrícola: ¿Cómo va el negocio? Me responde todo serio: ¿El negocio?, el negocio del tío Teodosio. Una cerilla le voy a meter y voy a mandar las cepas y los olivos al otro barrio. Estábamos en pleno saneamiento y reordenación de la empresa y todo eran ajustes y ajustes y el hombre explotó. Posteriormente, siempre que me lo encontraba nos reíamos con el tío Teodosio. Por lo visto, el tal Teodosio era un habitante del pueblo, Mollina.

De palabras de ese tipo tengo para dar y regalar. Mi cerebro crea y, sobre todo, adopta frases, para mí graciosas, que se quedan huérfanas en el viento de la vida. Os cuento la última y termino. Allá por 1996, en mi estancia en Madrid, arreglando una confederación de organizaciones empresariales, mantenía largas conversaciones con los miembros de la directiva confederal y, sobre todo, con el comité ejecutivo y su presidente, Heliodoro. Era tal el cúmulo de objetivos que teníamos en la mesa, que los días previos a las juntas era un hombre a un móvil pegado. Empezaba con el secretario y terminaba con el presidente[1]. Como sabía que tenían muchos temas que proponer y para evitar recibir una nueva llamada telefónica, cuando terminaban de hablar, les inquiría: Más cosas.

Un día, Heliodoro suelta en la comida posterior a la Directiva: Es la primera vez en mi vida empresarial, que ya es larga, que un colaborador, después de pedirle un cúmulo de temas, luego me dice: Más cosas. Manolo, estoy gratamente sorprendido. La larga carcajada de los comensales fue sonada. Otro día contaré lo de “evacuar el informe” (el presidente canario se revolcaba de risa) y otras historias que hicieron que mi camino profesional estuviera salpicado de muchos momentos agradables (imagen de balanza antigua; fuente: Wikimedia Commons). (Formato de texto actualizado y modificado posteriormente. Fuente de las imágenes: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.
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[1] Entre medio el vicepresidente, los miembros de las comisiones y los presidentes de las organizaciones empresariales en toda España, que eran diecinueve.