Mostrando entradas con la etiqueta dimitir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dimitir. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de agosto de 2015

Pensar distinto

Fuente de la imagen: pixabay
En el epílogo de la Feria de Málaga, me recordaba un ejecutivo de entidad financiera mi paso por M Capital, otrora referencia de entidad privada de capital riesgo a nivel provincial y, en algunos años, andaluz y actualmente en liquidación, así como mi renuncia a principios de 2010, y posterior desinversión, a seguir siendo socio en uno de sus proyectos emblemáticos. Si eres follower de este sitio sabrás que a lo largo de mi vida laboral alguna que otra vez ha sido necesario poner tierra de por medio ante un puesto de trabajo. Igualmente, en más de una ocasión he tenido que decirle a un cliente que no soy el profesional que necesita para tal o cual trabajo de reestructuración empresarial o institucional. 

No es fácil bajarse de esos trenes, sobre todo cuando ha costado cogerlos, han avalado tu currículo personas que respetas y se ha invertido tiempo en el viaje. La familia, los amigos… incluso los adversarios piensan que la renuncia se debe al ofrecimiento de un trabajo o colaboración mejor. En “Sentir un proyecto empresarial[1] intenté describirte esos sentimientos cuando, por ejemplo, se deben anteponer los intereses de un cliente o de un "contratador" laboral a los particulares, cuando se tiene que discernir entre lo correcto y lo chapucero, optando por la dimisión como solución personal o subjetiva.

Reconozco que es complicado actuar con esa mentalidad, que algunos individuos tienden a catalogarla, ligera o arbitrariamente, de “mercenaria” o “culo de mal asiento” (ver postCulito de mal asiento”)[2] y eso que a principios de este siglo un bodeguero de reconocido prestigio en el ámbito local me dio un consejo: “Manolo, cuando nades guarda la ropa”, que te conté en el postGuardando la ropa[3], donde también te apunté la razón de aquéllos que armonizan nadar en la cambiante, vacilante y turbulenta agua, con asegurarse caminos futuros por si el actual no cuadra con las expectativas o salvarse las espaldas ante injustas imputaciones de actos o exigencias de responsabilidad. No se es desleal, indigno o hipócrita, simplemente estás “guardando la ropa”, sobre todo en el ámbito profesional[4].

Ciertamente, cuando pululan por mi rededor de manera continua agentes nocivos de diversa índole e importancia que tienden a consolidarse y agravarse y una vez asimilado y analizado el marco colaborativo, se inicia en mi interior todo un proceso de desunión y quiebra de la ilusión por ese trabajo o actividad, que si no se subsana conjuntamente, termina en salidas como la de “Adiós y gracias[5] de hace unos años y que, tiempo después, según te conté en el postFausto y boato[6], tuvo la desgracia de zozobrar. Obviamente, la quiebra no era consecuencia de mi renuncia años antes[7], pero le confesé ayer a mi financiero interlocutor que me bajé de ese tren por pensar distinto (Fuente de la imagen: pixabay).
______________________
[1] Velasco Carretero, Manuel. Sentir un proyecto empresarial. 2005. Sitio visitado el 24/08/2015.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Culito de mal asiento. 2007. Sitio visitado el 24/08/2015.
[3] Velasco Carretero, Manuel. Guardando la ropa. 2010. Sitio visitado el 24/08/2015.
[4] Aunque también se debe justificar en el laboral, “por si las moscas”. 
[5] Velasco Carretero, Manuel. Adiós y gracias. 2010. Sitio visitado el 24/08/2015.
[6] Velasco Carretero, Manuel. Fausto y boato. 2013. Sitio visitado el 24/08/2015.
[7] Puesto que a pesar de ser socio de esa corporación empresarial formada por Unicaja, Cajamar… sólo me consideraba una tuerca más de su engranaje.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Audacia conjeturada

Fuente de la imagen: rvs
Ayer, mientras escuchaba a mi acompañante comentar una experiencia pasada, donde tuvo que declinar colaborar en un proyecto porque no estaba de acuerdo con el enfoque directivo de sus ejecutivos o líderes, me acordé del post “Sentir un proyecto empresarial[1], cuando te escribía sobre la decisión de dimitir y su connotación de cobardía o, por el contrario, coraje.

Pienso que la audacia, valor o coraje que se le presume a estas sensibles o traumáticas decisiones profesionales, laborales, empresariales o institucionales, no debe equipararse con ese ímpetu sobrehumano que brota en contextos de peligro, riesgo o contingencia de muerte o lesión, sino simple y profundamente como proceso decisorio, a modo de “audacia conjeturada”, cimentado ni más ni menos que en los valores de la persona, el cual se va retroalimentando y mejorando de manera continua, persistente, en el caminar por la Vida (Fuente de la imagen: "En el fragor de la batalla"[2]).
____________________________
[1] Velasco Carretero, Manuel. Sentir un proyecto empresarial. 2005. Sitio visitado el 05/02/2014.
[2] Velasco Carretero, Manuel. En el fragor de la batalla. 2011. Sitio visitado el 05/02/2014.

miércoles, 22 de enero de 2014

Sigo pensando lo mismo

Fuente de la imagen: archivo propio
Hace casi nueve años, en el postSentir un proyecto empresarial[1], te escribía sobre el recorrido dimisionario de un perfil profesional y planteaba la siguiente cuestión: ¿Tan difícil es proceder según determinadas reglas, ser objetivo, velar por el provecho económico de las corporaciones, por sus recursos humanos y materiales, por los intereses de los clientes y proveedores… y, al mismo tiempo, practicar una ética empresarial? Ayer me acordé de este post cuando asimilé la noticia del ex-director de Bankia[2],  que fue despedido fulminantemente por sus dudas razonables sobre las preferentes[3]. Me extrañó que esto fuera noticiable, puesto que, como subrayaba en el año 1993, se escribe en la prensa, en revistas profesionales y se editan libros sobre normas de actuación, códigos de ética, culturas empresariales, responsabilidad social… pero, a la hora de la verdad, lo cierto es que el profesional se encuentra solo ante situaciones donde debe anteponer los intereses de su cliente o de su empresa a los particulares, cuando tiene que discernir entre lo correcto y lo chapucero.

¿En la práctica apreciamos lo que es ético de lo que no lo es? Hace más de veinte años (consultar párrafos finales del post arriba referenciado), pensaba que no estábamos preparados para conseguir cotas de comportamiento por encima de lo que establecen las leyes, porque la sociedad en sí no está concienciada y es ella la que redacta en la mente de los ciudadanos los códigos de actuación y establece y desplaza, hacia arriba o hacia abajo, los mínimos de moral empresarial. Hoy sigo pensando lo mismo. Existen empresas que sistemáticamente no incorporan a “buena gente” (ver “Elijo ser bueno[4]), salvo para ponerle la bota en el cuello, porque lo que quieren son tiburones, mala leche en resumidas cuentas. Así nos va. Cuando una persona decente denuncia “en los foros presuntamente adecuados”, se la vilipendia, se la despide y santas pascuas. Eso es lo que hay, o lo coges o lo dejas, como las lentejas y los demás tan panchos (Fuente de la imagen: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: archivo propio.
________________________
[1] Velasco Carretero, Manuel. Sentir un proyecto empresarial. 2005. Sitio visitado el 22/01/2014.
[2] Caja Madrid, en Linares (Jaén, España), Antonio Gómez Ortega,
[3] La Sexta. Sitio visitado el 22/01/2014.
[4] Velasco Carretero, Manuel. Elijo ser bueno. 2010. Sitio visitado el 22/01/2014.

martes, 18 de octubre de 2011

Indicios

Fuente de la imagen: ¡Ponga un sello en su vida! (Velasco, 2006)
A principios del verano, en el Paseo Marítimo de Málaga (España), me encontré a un proveedor un tanto taciturno. A la consabida pregunta, me confesó que estaba preocupado porque un colaborador había vacilado ante la propuesta de un proyecto que él pensaba que iba a considerarlo atrayente. Después de sondearle acerca de la conducta del trabajador durante las semanas previas, le espeté que percibía indicios sobre que el susodicho estaba pensando en finalizar la relación laboral con la empresa.

La indecisión del considerado pupilo sobre coger el nuevo frente de trabajo propuesto, no era sino los pasos finales de la cercana dimisión. La tristeza que percibí inicialmente en el contacto, de golpe y porrazo se convirtió en no disimulada desesperación. Posteriormente recordé que la conversación terminó un tanto bruscamente por su parte. Nos despedimos y hasta ayer, cuando literalmente tropezamos en calle Carretería (Málaga, España).

A la pregunta broma de si le debía algo, me respondió que sí, el pedido futuro. A continuación, me dio las gracias por la orientación que le ofrecí meses atrás. Ni me acordaba. Por lo visto, el agregado estaba meditando marcharse de la empresa por razones relacionadas con el sentimiento de finalización de las importantes tareas antaño encomendadas y cierre de un ciclo de cooperación. Parece que la reflexión que le trasladé actuó primero como una patada en la espinilla. 

Luego, en su despacho, empezó a meditar sobre lo hablado y decidió entrevistarse con el trabajador. Ese día cerró el ciclo de colaboración, pero inmediatamente le propuso la apertura de otra etapa de contribución. Hoy, el aludido sigue en la organización, pero podría haberse despedido y, probablemente, el adiós hubiera sido traumático o triste para su jefe (fuente del dibujo: imagenes-gratis.net). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Tangible y axiomático

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Te dejo el link[1] donde J. McGregor (2009) escribe acerca de los altos ejecutivos que renuncian a sus trabajos, sin disponer de un nuevo empleo que les garanticen el sustento y su estilo de vida. ¿Cuánto tiene que aguantar un ejecutivo en un puesto directivo si no comulga con la estrategia empresarial por la que pretende transitar su comité de dirección o consejo de administración y no quiere ir caminando alegremente con ellos hacia un precipicio? En Sentir un proyecto empresarial” (M. Velasco, 2005)[2]te comentaba[3] la charla con un funcionario[4], ejecutivos[5] que incomprensiblemente renuncian a sus cargos, liquidan sus haberes y se lanzan al presunto vacío laboral[6], antes que seguir bregando con situaciones comerciales y organizativas que[7] son insostenibles a medio plazo y antes que continuar navegando junto a compañeros de viaje anclados en políticas empresariales de una época que bruscamente ha finalizado. 

Sin embargo, pienso que la decisión de dejar posiciones ejecutivas privilegiadas debido a desacuerdos estratégicos, no es anormal o excepcional, lo que pasa es que cuando no se difunde la separación debido a un mutuo y lucrativo acuerdo de ambas partes, se disfraza o atenúa el efecto de la dimisión con campañas supuestamente desleales que difunden informaciones parciales o presuntamente falsas. Finalmente, decía mi interlocutor que este mundo es más chico de lo que pueda parecer y la historia muestra que los profesionales proactivos, cuando dejan un puesto, un trabajo, una relación empresarial o institucional, a veces se percibe el hecho como tangible y axiomático, ya que suele confirmar los rumores que corren, al tiempo que corroboran la seguridad, integridad y profesionalidad del presunto damnificado (composición de imagenes-grastis.com). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.
______________________________
[1] McGregor, Jena.;“Top Managers Are Quitting, Without a New Job” Businesswek. 2009. Sitio visitado el 04/08/2010. Link refrescado con posterioridad.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2005). Sentir un proyecto empresarial".  Sitio visitado el 04/08/2010.
[3] En Antequera (Málaga, España).
[4] Acerca de este tema. Escribiendo un caso práctico sobre el referente.
[5] Con demostrada gestión y cuentas de resultados positivas en los últimos años de crisis.
[6] O existencial.
[7] En su opinión.

jueves, 1 de mayo de 2008

Total, para qué

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Percibo (M. Velasco, 2005)[1] que existen muchas personas[2] que detectan desviaciones en los procesos; que tienen ideas interesantes para innovar; que aportan con su saber hacer profesional valor añadido al proceso productivo y, por derivación, a la sociedad; pero que pueden no ser escuchadas de forma conveniente; que son, en algunos casos, tratadas de forma injusta por sus superiores y compañeros/as; que son, a veces, malinterpretadas y utilizadas para conveniencias no necesariamente ligadas a los intereses corporativos.

Que son, en definitiva, enterradas en el anonimato por determinadas clases dirigentes. Probablemente, existirá una conciencia moral en la mayoría de estas personas, al iniciar su actividad profesional. Pero, al pasar el tiempo, esta disposición inicial se puede traducir, por diversos factores y condicionantes, en una actitud pasiva, secundaria, que podría generar, por ejemplo, respuestas del tipo “total, para qué”. A continuación te dejo el vídeo "Solo ante la decisión"[3], alojado en mi canal de YoutubeFuente de la imagen: mvc archivo propio.
_________________
[1] Velasco-Carretero, Manuel (2005). Sentir un proyecto empresarial. Sitio visitado el 1/5/2008.
[2] En esta Costa del Sol (España) – directivos, funcionarios, mandos intermedios, personal de apoyo, auxiliares… 
[3] Sitio visitado el 1/5/2008.

jueves, 28 de junio de 2007

Me voy, no me voy

Fuente de la imagen: Al Gore, Blair, el clima y el IPC (M. Velasco, 2006)
Un poco de humor acerca de la dimisión de Blair, subida a YouTube por rx2008.

martes, 5 de julio de 2005

Sentir un proyecto empresarial

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Aviso
, he cortado algunos párrafos pero es un post bastante largo. Preparando una documentación para remitir a una consultora de Sevilla, me he encontrado con un archivo de texto[1]. Había tenido una experiencia profesional bastante sensible y un amigo de la Cadena Ser me animó a que escribiera sobre ello y le facilitara una copia para entregársela al jefe de redacción del diario SUR. La verdad, no sé si se llegó a publicar[2], pero me vino muy bien como terapia y afronté el futuro de manera distinta. Bueno, ahí va: Trabajar de manera honesta es una exigencia básica de cualquier persona. Si uno de los objetivos de la empresa es el beneficio, el fin primordial de su componente humano es “saber hacer bien” los procesos, las tareas, las actuaciones, de manera competente, eficiente y honrada. Aunque mi estadística particular no es representativa de la población trabajadora, creo que, inicialmente, existe una conciencia moral en la mayoría de las personas, por no decir todas, que inician su actividad profesional. Pero, al pasar el tiempo, esta disposición inicial se puede traducir, por diversos factores y condicionantes, en una actitud pasiva, secundaria, que podría generar, por ejemplo, respuestas del tipo “total, para qué”. Hace unos días recibí una llamada telefónica de un entrañable amigo; quedamos para cenar. La última noticia que tenía era que cambiaba de trabajo, de una empresa local de servicios había saltado a una entidad de ámbito regional, con un volumen respetable de operaciones. Eso era lo que él buscaba. El bufete se le quedaba pequeño, quería experimentar la sensación de trabajar en una gran corporación, seguir desarrollando sus actitudes y aptitudes profesionales, convivir con un numeroso grupo de personas, trabajar en equipo, comunicar sus experiencias, aprender, superarse nuevamente. Tenía las ideas claras, al menos eso creía. No obstante, y como era costumbre suya, solicitó opinión a su grupo de amigos. Su exjefe le dijo que una vez se adaptase a la nueva situación, sentiría que el trabajo no era ni mejor ni peor al desarrollado hasta ese momento, sólo sería distinto. 

Durante la cena, la lluvia de esa noche, la penumbra que rodeaba la mesa del restaurante, la lentitud con que articulaba las palabras y su mirada, me dibujaron a una persona envejecida, cansada, como de vuelta de todo. En los dos últimos años había vivido, según sus propias palabras, una brutal experiencia profesional y humana; quise entender brutal en el sentido de difícil, dura. En su puesto de médico de cabecera de la empresa, empleando una metáfora particular y quizás incompleta de analista de procesos, había intentado poner en práctica las normas de actuación dictadas por los organismos competentes: análisis de la organización, estudio de los procesos, mantenimiento de la eficacia de los sistemas de gestión, detección de desviaciones, propuesta de mejoras… Se había quemado y optó por dimitir. A menudo solicitamos la dimisión de políticos, altos cargos de la administración y ejecutivos de grandes empresas por conductas no éticas. ¿Tan difícil es proceder según determinadas reglas, ser objetivo, velar por el provecho económico de las corporaciones, por sus recursos humanos y materiales, por los intereses de los clientes y proveedores… y, al mismo tiempo, practicar una ética empresarial? Depende de tu enfoque del trabajo, de tu trayectoria profesional, de tus valores y de lo que pretendas conseguir en esta vida. Respondió. Entonces - Repliqué - tu enfoque, tu trayectoria, tus valores… no han sintonizado con la cultura empresarial de la corporación. Exacto, eso es lo que ha sucedido - Contestó. - Difiero profesionalmente de muchos de los enfoques de parte del Consejo de Administración y no han existido las condiciones necesarias para que pudiera desarrollar mi trabajo plenamente; he argumentado estas situaciones en los foros adecuados y he propuesto alternativas. Al ver que íbamos caminando alegremente hacia un precipicio, me he sumido en una espiral de impotencia y tristeza y dado que ni la empresa ni yo podemos permitirnos el lujo de perder tiempo y dinero, he optado por renunciar a mi puesto. ¿Es ética tu forma de proceder? 

¿Has sido cobarde con tu decisión? No he tirado la toalla, si a eso es a lo que te refieres, la habré perdido o puede que la cultura corporativa reinante me la haya quitado. Fue su respuesta. Si bien no creo que su proceder sea una actitud cobarde, tampoco pienso que sea un acto de total valentía. Me pregunto, sin intención de quitarle importancia a su decisión, qué hubiera elegido si, por ejemplo, tuviera una familia que mantener. Percibo que existen muchas personas en esta Costa del Sol – directivos, funcionarios, mandos intermedios, personal de apoyo, auxiliares… - que detectan desviaciones en los procesos; que tienen ideas interesantes para innovar; que aportan con su saber hacer profesional valor añadido al proceso productivo y, por derivación, a la sociedad; pero que pueden no ser escuchadas de forma conveniente; que son, en algunos, casos tratadas de forma injusta por sus superiores; que son, a veces, malinterpretadas y utilizadas para conveniencias no necesariamente ligadas a los intereses corporativos; que son, en definitiva, enterradas en el anonimato por determinadas clases dirigentes. En su interior quisieran actuar como nuestro querido amigo y, en un extremo, irse o dejar el proyecto, pero se encuentran amarradas por maromas de todo tipo[3], ataduras que dificultan la práctica de lo que cada uno entienda por ética empresarial. Si alguno opta por el camino de la crítica constructiva, la denuncia y, en último caso, la dimisión por coherencia con sus principios: ¿sabrán sus superiores catalogar este comportamiento como ejemplar o moralizador? Puede que quedara marginado o que tuviera que salir por la puerta de atrás y, quizás, alguien se frote las manos al pensar que cuenta con un empleado problemático menos. Recuerdo que hace años, en la facultad, el director del programa de doctorado apreciaba el interés creciente, casi general, por la ética en los negocios, las culturas corporativas y la responsabilidad social. Se analizaron casos sobre publicidad, calidad de los productos, lealtad de los empleados, ecología, fusiones de empresas, influencia de los líderes... 

Se me quedó grabado un ejemplo sobre cómo actuaría un subordinado si un superior jerárquico, del cual dependía su jefe directo, le solicitaba información discrecional sobre la empresa. Obtuvimos conclusiones interesantes sobre la actuación de los grupos humanos ante situaciones de moralidad y de cultura de empresa, pero siempre desde un punto de vista de analista teórico o espectador, nunca desde la experiencia. En esta década de cambios profundos, de crisis, ¿Sigue teniendo razón mi profesor respecto al avance de la idea de ética en el tejido empresarial? Nuestro amigo no estuvo a la altura de las circunstancias ¿o sí? Lo que imaginaba un paseo profesional se convirtió en un difícil camino, quizás por la actuación de la propiedad, quizás por seguir las normas de actuación profesional, quizás por lo que entendía por “moralidad en los negocios”, quizás… Se escribe en la prensa, en revistas profesionales y se editan libros sobre normas de actuación, códigos de ética, culturas empresariales, responsabilidad social… pero, a la hora de la verdad, lo cierto es que el profesional se encuentra solo ante situaciones donde debe anteponer los intereses de su cliente o de su empresa a los particulares, cuando tiene que discernir entre lo correcto y lo chapucero. ¿En la práctica apreciamos lo que es ético de lo que no lo es? En mi opinión, todavía no estamos preparados para conseguir cotas de comportamiento por encima de lo que establecen las leyes, porque la sociedad en sí no está concienciada y es ella la que redacta en la mente de los ciudadanos los códigos de actuación y establece y desplaza, hacia arriba o hacia abajo, los mínimos de moral empresarial. Querido amigo, no sé qué hubiéramos hecho en tu lugar, pero, créeme, te gravitan muchos pensamientos positivos, energía de todos aquellos que en situaciones similares pensarían como tú. Por favor, sigue siendo fiel a tu ética de actuación, aunque ésta sea excesiva para los tiempos que corren, o los demás no estemos, aún, a la altura necesaria para conseguir un mundo empresarial mejor[4].
______________________
[1]  Que redacté en octubre de 1993.
[2] Ya habréis observado a lo largo de este blog que mi redacción deja mucho que desear, digamos que es doméstica. Finalmente, no se publicó.
[3] Hijos, edad, préstamo hipotecario, miedo al paro, estatus...
[4] Formato cambiado posteriormente: Fuente de las imágenes: foto-gratis.es). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.