martes, 18 de octubre de 2011

Indicios

A principios del verano, en el Paseo Marítimo de Málaga (España), me encontré a un proveedor un tanto taciturno.

A la consabida pregunta, me confesó que estaba preocupado porque un colaborador había vacilado ante la propuesta de un proyecto que él pensaba que iba a considerarlo atrayente.

Después de sondearle acerca de la conducta del trabajador durante las semanas previas, le espeté que percibía indicios sobre que el susodicho estaba pensando en finalizar la relación laboral con la empresa.

La indecisión del considerado pupilo sobre coger el nuevo frente de trabajo propuesto, no era sino los pasos finales de la cercana dimisión.

La tristeza que percibí inicialmente en el contacto, de golpe y porrazo se convirtió en no disimulada desesperación.

Posteriormente recordé que la conversación terminó un tanto bruscamente por su parte.

Nos despedimos y hasta ayer, cuando literalmente tropezamos en calle Carretería (Málaga, España).

A la pregunta broma de si le debía algo, me respondió que sí, el pedido futuro. A continuación, me dio las gracias por la orientación que le ofrecí meses atrás. Ni me acordaba.

Por lo visto, el agregado estaba meditando marcharse de la empresa por razones relacionadas con el sentimiento de finalización de las importantes tareas antaño encomendadas y cierre de un ciclo de cooperación.

Parece que la reflexión que le trasladé actuó primero como una patada en la espinilla. Luego, en su despacho, empezó a meditar sobre lo hablado y decidió entrevistarse con el trabajador.

Ese día cerró el ciclo de colaboración, pero inmediatamente le propuso la apertura de otra etapa de contribución.

Hoy, el aludido sigue en la organización, pero podría haberse despedido y, probablemente, el adiós hubiera sido traumático o triste para su jefe (fuente del dibujo: imagenes-gratis.net).

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