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lunes, 14 de junio de 2021

Potenciando nuestro órgano más complejo

Fuente de la imagen. archivo propio
El cúmulo de interpretaciones inadecuadas detectadas en el último mes propició que al final de la semana laboral pasada terminara un tanto triste. Y es que, por más que se quiera ser transparente, sincero, previsor… intentando expresar una idea, un planteamiento, propuesta de actuación… cuando a la otra u otras partes se le mete/n en la cabeza otra representación, camino o, incluso, prejuicio sin aparente razón o justificación, es mejor pasar a segundo término o retirarse discretamente. Como dice el amigo, si el cerebro del otro se empeña en algo y no atiende a nada más, mejor dejarlo “cerebrando” consigo mismo y sus presuntos acólitos.

Y ya saboreando el fin de semana, estuve “rehojeando” el oportuno texto de José Viosca, “El cerebro. Descifrar y potenciar nuestro órgano más complejo”[1], dentro de la colección “Fronteras de la ciencia” de RBA-National Geographic. Penetra Viosca en las profundidades de la neurociencia para conocer su pasado y anticipar su futuro, descubriendo los hitos históricos de la ciencia del cerebro, algunas de las principales figuras que han marcado la historia de esta disciplina, así como los grandes retos científicos pendientes y los principales abordajes actuales encaminados a afrontarlos[2].

Se explica en la contraportada que el cerebro es el órgano más misterioso del universo, no en vano es la única parte del cuerpo humano cuyo funcionamiento aún escapa a nuestra comprensión. Los avances de los últimos años en distintas disciplinas, como la biología molecular o las tecnologías de neuroimagen[3], darán las claves para descifrar los secretos de nuestra mente y alcanzar una plena comprensión de nuestra identidad como seres humanos. Parte de este texto también se ha editado en el sitio book—post, bajo el título “El cerebro”. Fuente de la imagen: archivo propio.
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[1] Viosca, José. El cerebro. Descifrar y potenciar nuestro órgano más complejo. National Geographic. Ed. RBA. 2017.
[2] Viosca, José. Reseña del libro en neuroenredos.com. 2017.
[3] Nos hacen pensar que pronto seremos capaces de cartografiarlo. Conocer con detalle su estructura y funcionamiento nos permitirá reparar sus defectos y potenciar nuestras capacidades hasta límites inimaginables.

lunes, 6 de abril de 2020

El ordenador emocional

Siguiendo con la temática iniciada en “Mente sana en cuerpo sano”, el fin de semana pasado tocó terminar de hojear el texto “Cerebro y Emociones”, de José Antonio Jauregui[1], que andaba olvidado en la mesita de noche (ver “Deterioro de lo cognitivo”). Con la teoría de que el cerebro es un ordenador que informa y ordena al sujeto que piensa y siente... el autor intenta ayudar a entenderme. Dice el premio Nobel José Saramago[2] que “después de la lectura de Groddeck no recuerdo otra obra que me haya estimulado tanto". 

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química confiesa "Nos ha llamado la atención por la originalidad de su teoría. Estoy convencido de que José Antonio Jáuregui forma parte de los pensadores europeos originales". Finalmente, el Premio Nobel de Física Heinrich Rohrer dice que “es una delicia. Al fin he aquí un autor que demuestra que los sentimientos son la clave de la vida humana. La creatividad es emoción". Parte de este texto también se ha editado en el sitio book—post, bajo el título “Cerebro y Emociones”. Fuente de la imagen: archivo propio. 
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[1] Jáuregui, José Antonio. Cerebro y emociones. Editorial Maeva. 1997. 
[2] Transcrito de la portada del libro.

domingo, 19 de enero de 2020

Interacción cerebro-ordenador

Instantánea mientras visitaba la exposición Pecera Negra, dispuesta en el amplio hall de las facultades de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga (España). Comisarias de la exposición: Luisa María del Águila y Cristina Soler. Fuente de la imagen: archivo propio
En “Visualizando diseño industrial andaluz”, te conté la visita a la Escuela de Ingenierías Industriales de Málaga (España). Pues bien. En la mañana del sábado acompañamos al querubín a la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación, para que asistiera a una sesión del taller “Brain Computer Interface: de las neuronas a los videojuegos". Brain Computer Interface, que traducido con mi inglés oriundo de los Montes de Málaga es algo así como "interfaz cerebro ordenador". La formación ha sido impartida por el catedrático Luis Valero Aguayo[1], doctor en Psicología y reconocido experto en psicoterapia analítica funcional. Todo ello dentro del programa “GuíaMe-AC-UMA”, que ya te referencié hace unos meses en el texto” Programa de la UMA para Altas Capacidades”. 

Pero ¿Qué es Brain Computer Interface? El profesor Javier Minguez Zafra[2] lo define como un “sistema de interacción hombre-máquina capaz de traducir nuestras intenciones en interacción real con un mundo físico o virtual”. Entre las ventajas de este planteamiento tecnológico se encuentra posibilitar la interacción natural entre persona y máquina, con todo lo que ello conlleva (motorización, cognición, emoción…). Según Minguez[3] “la posibilidad de interconectar el sistema nervioso humano con un sistema mecatrónico y usar este concepto para recuperar alguna función motora ha motivado enormemente a los científicos durante años”. Arriba te dejo una instantánea mientras visitaba la exposición Pecera Negra, dispuesta en el amplio hall de la facultad, siendo comisarias de la exposición Luisa María del Águila y Cristina Soler. 
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[1] Ha sido Vicedecano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga, director del Servicio de Atención Psicológica, del Departamento de Psicología y del Máster de Psicología Clínica. 
[2] Javier Minguez Zafra. “Tecnología de Interfaz Cerebro – Computador. Grupo de Robotica, Percepción y Tiempo Real. Departamento de Informática e Ingeniería de Sistemas. Universidad de Zaragoza, España.
[3] Javier Mínguez Zafra. Interfaces Cerebro‐Computador no Invasivos para Sustitución Motora Universidad de Zaragoza. 2013.

jueves, 19 de abril de 2018

Neurociencia y primer aprendizaje

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Si eres follower de este sitio sabes que de vez en cuando te doy la caña con temas relacionados con la neurociencia[1]. En “Neurodidáctica”[2], te trasladaba la experiencia de un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), en Boston, que colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodermico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Los científicos pudieron probar así que el modelo pedagógico basado en un alumno como receptor pasivo no funciona. En España también han aparecido estas nuevas corrientes que quieren modernizar la enseñanza, y entre ellas, la neurodidáctica. Aclarar que la neurodidáctica no es una metodología, sino un conjunto de conocimientos que está aportando la investigación científica en el campo de la neurociencia y su relación con los procesos de aprendizaje. Antes solo se podía observar el comportamiento de los alumnos, pero ahora, gracias a las máquinas de neuroimagen, podemos ver la actividad cerebral mientras realizan tareas y esa información sirve a los profesores y pedagogos para decidir qué métodos son los más eficaces.

Pues bien, recientemente, en la inauguración del I Congreso de Educación Infantil y Neurociencia que organiza el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de mi país, centrado en esa etapa de la educación, se ha asegurado que el desarrollo del cerebro es un proceso permanente, pero que alcanza su mayor crecimiento durante la primera infancia, situando en ese momento en el que hay que "aprovechar para que los escolares reciban una adecuada estimulación y así alcanzar la mejor experiencia". Según el Ministerio, el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión Europea adoptaron en noviembre de 2017 el llamado Pilar Europeo de los Derechos Sociales, que establece el compromiso del conjunto de los líderes de la UE para respaldar y promover 20 principios que ayudan a ofrecer derechos más efectivos para los ciudadanos. Entre ellos, despunta el de los niños, que tienen derecho a una educación y cuidado de la primera infancia de buena calidad. Por esa razón, se ha centrado en esa etapa, porque los primeros años son los más formativos para el desarrollo de competencias y capacidades de aprendizaje e influyen en gran medida en las perspectivas educativas y de empleabilidad posteriores, conduciendo a un mayor logro de habilidades básicas y es una potente medida de prevención para el abandono escolar temprano[3]. 

Según este plan, la neuropsicología se ha desarrollado en el ámbito clínico y aporta nuevos conocimientos sobre el funcionamiento cerebral y los procedimientos para superar los trastornos y mejorar el aprendizaje. Estos conocimientos y los avances de tomografía cerebral, junto a la necesidad de erradicar el fracaso escolar y mejorar la calidad educativa, han favorecido la aplicación de la Neuropsicología en el ámbito de la educación. Las razones para ello son: la educación requiere la incorporación de los fundamentos y avances científicos que mejoren la realidad educativa y, al mismo tiempo, doten de profesionalidad y prestigio al ámbito educativo; cada uno de los alumnos con fracaso escolar y trastornos del aprendizaje permanece muchas horas diarias en el centro educativo y puede realizar programas con base neuropsicológica que le ayuden a mejorar los procesos de aprendizaje que necesite; y se ha comprobado que los centros educativos en los que los equipos directivos, los equipos de orientación psicopedagógica y los docentes conocen y aplican la neuropsicología obtienen mejores resultados, se previenen las dificultades del aprendizaje y se mejora el rendimiento escolar (Fuente de la información MECyD. Fuente de la imagen: mvc archivo propio).
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[1] Textos como ¿Juiciosa o manipuladora?, “Neuroeconomistas”, “Como una mariposa”, “Cómo disfrutar de un buen día”, “Transfiriendo felicidad”, “Psicoeconomía”, “Reconfiguración” o “Neuroliderazgo”, son buena prueba de ello. Textos visitados el 19/04/2018.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Neurodidáctica. 2016. Sitio visitado el 19/04/2018.
[3] Ya en 2016, el Ejecutivo presentó el Plan Nacional de Neurociencia aplicada a la Educación para promover la mejora de la calidad en la educación y establecer un profundo cambio metodológico en las aulas españolas basado en el conocimiento de todos los procesos neurocognitivos implicados en el aprendizaje, así como para fomentar la prevención de las dificultades de aprendizaje desde las edades tempranas, dando especial relevancia a la etapa de Educación Infantil y Educación Primaria. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Como una mariposa

Fuente de la imagen. rvs
Si eres follower de este sitio, igual te suena que en alguna que otra ocasión, las mariposas han hecho acto de presencia. Textos como ¿El revoloteo de la crisálida? o “Europa sin miseria”[1], con imagen incluida (que vuelvo a utilizar esta mañana para acompañar a este texto), son prueba de ello. Pues bien, durante el fin de semana pasado, a sugerencia de Antonio (Gracias), he estado hojeando el libro de Judah Pollack y Olivia Fox Cabane, The Net and the Butterfly: The Art and Practice of Breakthrough Thinking[2], que traducido con mi inglés de los Montes de Málaga es algo así como “La red y la mariposa: el arte y la práctica de pensamiento revolucionario”. 

Y es que, ante la pregunta de cómo se me ocurren ideas excelentes cuando reciclo la basura o podo el jardín, Oliva y Judah responden que mi cerebro funciona generalmente en modo lineal, sintonizado en clave planificadora o estratégica, haciendo cosas, generado por lo que denominan RAE[3]. Sin embargo, mi parte innovadora surge del modo creativo, generado por lo que llaman RMP[4], que no es otra cosa que un puñado de regiones del cerebro que trabajan conjuntamente, activándose cuando estoy dormido u ocupado con actividades rutinarias. El RMP se activa en el sueño o cuando mi RAE está ocupado con tareas básicas, como lavar los platos usados en la cena.

Comentan los autores que el modo creativo en mi cerebro es como una mariposa, hermoso y errático a la vez, difícil de atrapar y altamente valorado como resultado. Si quiero capturarlo, necesito una red. Gracias a los descubrimientos recientes en neurociencia, hoy pueden constatar esos relámpagos de progreso creativo e inducirlos a través de una serie de prácticas específicas, puesto que resulta que hay un patrón oculto en la generación de todas estas ideas de avance aparentemente aleatorias. Intentan Olivia y Judah que aprenda a dominar las habilidades que transfigurarán mi cerebro en un generador coherente de ideas[5]. 
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[1] Velasco Carretero, Manuel. ¿El revoloteo de la crisálida? (2010), Europa sin miseria (2012). Sitios visitados el 29/05/2017.
[2] Judah Pollack y Olivia Fox Cabane. The Net and the Butterfly: The Art and Practice of Breakthrough Thinking. Editorial Portfolio. 2017.
[3] Red de acción ejecutiva.
[4] Red de modo predeterminado.
[5] A continuación, te dejo un vídeo, subido a Youtube cortesía de Talks at Google, con una disertación de los autores acerca del texto referenciado.

sábado, 30 de enero de 2016

El entrenador de cerebros

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Hay días en los que ante la avalancha de llamadas, wasaps, encuentros, emails… a duras penas me mantengo a flote. Menos mal que la cabeza sigue navegando en ese maremágnum. Supongo que si conozco la manera como “carburo” y soy capaz de regentar o administrar adecuadamente mi mente, la navegación será mejor. Obviamente, deberé colaborar con mi cabezota, no guerrear contra ella, activar en los momentos ajetreados esa función ejecutiva que habita en las entrañas cerebrales, promoviendo la minimización de los peligros y la maximización de las satisfacciones. En la tarde del viernes estuve escuchando la conferencia de Estanislao Bachrach[1], conocido como entrenador de cerebros, sobre Mitos y Verdades del Cerebro en el Trabajo. 

Me gusta la reflexión que Estanislao realiza en su libro “En cambio”[2], en el sentido que con mi mente puedo cambiar mi cerebro, es decir, que con mi “actividad mental” puedo “estimular la modificación de conexiones neuronales existentes o la creación de nuevas conexiones neuronales”. Según Bachrach, puedo alterar y cambiar mi hardware, puesto que el cerebro no envejece con la edad; sólo envejece porque lo use mal o porque lo deje de usar. Si mantengo mi cerebro activo, estaré menos viejo y si camino treinta minutos todos los días, a los setenta tendré un cerebro de cincuenta. Bueno, no me enrollo más. Aquí va la conferencia de Estanislao. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Te dejo el vídeo a pie de post, subido a Youtube por Asuntos Públicos, a partir del minuto 6:20
[2] Bachrach , Estanislao. En cambio. Editorial Sudamericana SA. Buenos Aires. 2014