sábado, 10 de enero de 2026

Sinfonía de Moscatel y Chocolate entre Buena Gente

Fuente de la imagen: Luzel. Sitio vinopost (M. Velasco, 2025)
Más que una sucesión de platos excepcionales, la comida fue un refugio de afecto y risas compartidas con esas personas que, con su presencia, transforman cualquier mesa en un banquete inolvidable. El colofón del menú que te describí en Umami malagueño (M. Velasco, 2025)[1], llegó con el cheesecake de chocolate, que ya es protagonista en mi memoria gastronómica (M. Velasco, 2025)[2]; una pieza de repostería donde la densidad del cacao se fundía en una textura aterciopelada, equilibrando el amargor del chocolate negro con la suavidad cremosa y levemente ácida del queso. Al primer bocado, la riqueza del postre envolvía el paladar, evocando la calidez de los hogares en invierno y la nostalgia dulce de las fiestas. Era un postre honesto y contundente, pero dotado de una elegancia técnica que exigía una pausa reflexiva para apreciar cada matiz de su estructura. En aquel salón, mientras la tarde caía suavemente, la atmósfera se cargaba de esa alegría serena propia de quienes se sienten en casa entre "buena gente". El cheesecake era el eje central de una charla que fluía sin prisas, entre anécdotas recuperadas y la complicidad de quienes saben que el verdadero lujo reside en compartir lo bueno.
Fuente de la imagen: Cheesecake de chocolate. Sitio gastropost (M. Velasco, 2025)
Para elevar este encuentro a otra dimensión, el descorche de Luzel (M. Velasco, 2025)[3] resultó ser una elección de una clarividencia absoluta. Este vino blanco moscatel, con su fragancia floral y su espíritu jovial, se presentó como el contrapunto para la opulencia del chocolate. Al servirlo, los aromas a uva fresca, nardos y toques cítricos perfumaron el aire, anticipando un maridaje de contrastes que despertó la curiosidad de todos los presentes. Mientras el cheesecake aportaba su carácter oscuro, untuoso y casi telúrico, la frescura y la acidez de Luzel limpiaban el paladar con una luminosidad que solamente un moscatel bien trabajado puede ofrecer. La dulzura del vino no competía con la del postre, sino que la abrazaba, realzando las notas frutales que a menudo quedan ocultas tras la intensidad del cacao. Beber Luzel en ese contexto, rodeado de buena gente, transformó la degustación en un diálogo armonioso entre la tierra y la vid, entre el azúcar y la frescura. Fue un recordatorio de que la gastronomía alcanza su máxima expresión cuando se comparte; un equilibrio donde la calidad del producto y la calidez humana se entrelazaron para sellar una Navidad que permanecerá grabada tanto en la memoria del gusto como en la del corazón.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2025). Umami malagueño. Sitio visitado el 10/1/2026.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2025). Cheesecake de chocolate. Sitio gastropost. Visitado el 10/1/2026.
[3] Velasco-Carretero, Manuel (2025). Luzel. Sitio vinopost. Visitado el 10/1/2026.