sábado, 21 de enero de 2012

¡Anda ya!

Después de un último trimestre de 2011 preparando los presupuestos para 2012, ahora andan los responsables financieros de mi ámbito de relaciones profesionales, enfrascados en los cierres contables de las empresas e instituciones donde laboran. Les deseo la mejor de las suertes y que la luz del trabajo bien hecho les guie.

El año pasado fue bastante complicado. Ya no me imagino la imaginación de aquellos otros imaginativos directivos que, imaginando la profesión de estética, maquillaban las cuentas aprovechando las cuestionadas y censurables interpretaciones de la normativa contable nacional o internacional y la connivencia de los verificadores externos y los energúmenos de las comisiones de control de los accionistas financieros.

Poco o ningún margen les va a quedar, aunque seguro que estarán maquinando nuevas falacias interpretativas que les salven sus apestosos culos profesionales. ¿Activación de servicios? ¿Valoraciones de activos? ¿Futuribles? ¿Y qué escribirán sus amancebados auditores? ¿Con qué cara presentarán sus estados al consejo de administración? ¿A quién colgarán la culpa? ¿A la crisis? ¡Pero si llevamos en ella desde 2008! ¡Anda ya!

En mentideros de buena tinta se rumorea que algunos de estos individuos, en privado, comienzan a reconocer haber emperifollado año tras año las cuentas. A su vez, los accionistas empiezan a desconfiar seriamente de sus estrategias y capacidades. Por otro lado, si todavía existe alguna coyuntura de salvar el barco, la crisis es una oportunidad para quitarse de en medio a estos asesores, staffs y ejecutivos cantamañanas, practicadores del cabildeo de tres al cuarto y miembros del “selectivo” club que con sus acciones han tirado la economía a un profundo pozo de lodo y mierda.

Por su parte, el regulador debería legislar contra ese saber hacer, ya sean esas cuentas retorcidas “pro-formas”, instrumentos sacados de sus chisteras, opciones sobre acciones, activación de beneficios no materializados, etc. Por su parte, la Sociedad que les rodea, tendría que reflexionar la posibilidad de excomulgarlos y desterrarlos a una isla incomunicada, donde ellos se guisen y se coman sus mentiras y se maniqueen unos a otros. Un arduo trabajo, lo sé, pero necesario para retomar el camino que nunca se debió dejar de transitar (fuente de la imagen: stock,xchng).

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