viernes, 3 de julio de 2026

El Eco de Augusta Emerita

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
El obsequio de Alonso, ese Viña Puebla Crianza (Velasco, 2026), actuó como un breve pero intenso puente sensorial, recordando algunos de los viajes a las tierras extremeñas. Este vino, cuya vendimia nocturna preserva esencias de frambuesa y cacao tras un año de reposo en barrica, evoca inevitablemente la sofisticación de la antigua Augusta Emerita. Una de las magnitudes de aquel glorioso pasado se materializa en el teatro romano, inaugurado hacia los años 16-15 a. C. bajo el patrocinio de Marco Vipsanio Agripa en su rol de patronus coloniae (Álvarez Martínez, 2006; Barroso y Morgado, 1996). Lejos de ser un simple lugar de ocio, el recinto funcionó como un eje de propaganda política y romanización, donde la majestuosidad arquitectónica consolidaba el modelo de vida imperial (Álvarez Martínez, 2006; VV.AA., 2006). Siguiendo los preceptos de Vitruvio, los ingenieros aprovecharon la pendiente del cerro de San Albín para sustentar una cávea con capacidad para 6000 personas, distribuida meticulosamente en sectores que reflejaban la jerarquía social de la colonia, desde las gradas de honor reservadas a las autoridades hasta la summa cavea destinada al pueblo llano (Barroso y Morgado, 1996; VV.AA., 2006).

El corazón visual del monumento es su imponente frente escénico, una estructura de 17,5 metros de altura que destaca por el uso de mármol de Macael y elegantes columnas corintias (Muñiz, 2013). Este escenario, flanqueado por las puertas valva regia y valva hospitalia, albergaba un programa escultórico dedicado a deidades como Ceres, Júpiter y Proserpina, reforzando el vínculo religioso de la ciudad con su economía agrícola (Álvarez 2006). El complejo incluía además una orchestra pavimentada en mármoles cromáticos y un peristilo ajardinado posterior para el esparcimiento de los asistentes (Barroso, 1996). Tras siglos de abandono debido a la oficialización del cristianismo, solo los restos superiores del graderío —conocidos popularmente como «Las Siete Sillas»— permanecieron visibles entre los sedimentos (Barroso, 1996). No fue hasta las intervenciones de Mélida en 1910 y la reconstrucción dirigida por Menéndez-Pidal en la década de 1960 que el edificio recuperó su fisonomía (VV.AA., 2006). Actualmente, el teatro trasciende su condición monumental al ser la sede del Festival Internacional de Teatro Clásico, permitiendo que un espacio diseñado hace dos milenios siga vibrando como un escenario vivo para la cultura universal (Barroso, 1996).
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Bibliografía
Álvarez Martínez, J. M. (2006). La presencia romana en Extremadura. En Nosotros. Extremadura en su patrimonio. Barcelona: Lunwerg Editores.
Barroso, Y., & Morgado, F. (1996). Mérida, Patrimonio de la Humanidad. Conjunto monumental. Mérida: Consorcio de la Ciudad Monumental Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida.
Muñiz, G. (2013). El oro blanco. Revista Historia de Iberia Vieja, (103).
Velasco-Carretero, M. (2026). Viña Puebla Crianza. Sitio vinopost. Visitado el 3/7/2026.
VV.AA. (2006). Monumentos artísticos de Extremadura (Vol. II, 3ª ed.). Mérida: Editora Regional de Extremadura.