sábado, 20 de junio de 2026

Frambuesa, cacao, vainilla y gratitud

Fuente de la imagen: Viña Puebla Crianza. Sitio vinopost (Velasco, 2026)
Como cada primavera, la llegada de la campaña de la renta trae consigo una de las visitas que más disfruto: la de Alonso, otrora buen funcionario, hoy comprometido con la economía circular y los huertos urbanos (Velasco, 2012)[1], actor en sus ratos libres (Velasco, 2019)[2] y viajero incansable que, con una generosidad que ya es tradición, agradece mi modesta labor con algún "tesoro" que descubre en sus rutas por España. Este año, su viaje a Extremadura ha tenido como protagonista Viña Puebla Crianza (Velasco, 2026)[3], una joya de la Comarca de Matanegra, de Bodegas Toribio. Me contaba, con ese brillo en los ojos de quien ha pisado el terreno, que este vino es el resultado de un esfuerzo casi poético; las uvas de Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon, Garnacha y Merlot no se recogen bajo el sol abrasador, se recolectan en una vendimia manual nocturna para que el frescor de la noche conserve intacta toda su esencia antes de pasar un año entero descansando en barricas. Es un tinto de la I.G.P. Tierra de Extremadura que, según la bodega, tiene un periodo de consumo óptimo de siete años, lo que asegura que estamos ante un vino con vida por delante.

Al descorcharlo, comprendí por qué Alonso estaba tan entusiasmado. Para quienes no somos expertos catadores, lo primero que entra por los ojos es su color rojo cereza, profundo y brillante, con unos tonos granates que le dan un aspecto elegante en la copa. Al acercar la nariz, no necesito un manual para identificar sus aromas: es como pasear por un campo de frutos del bosque, donde destaca la frambuesa, pero con un toque dulzón y tostado que recuerda a la vainilla y al cacao, esos matices que solamente da la buena madera. En boca es una sorpresa constante; a pesar de tener una graduación de 15,5%, que podría asustar a los menos iniciados, el vino se siente suave y carnoso. No raspa ni amarga, es redondo y amable, con lo que los entendidos llaman "taninos dulces", que significa que se bebe con una facilidad asombrosa (y también peligrosa). Lo disfrutamos con un plato de chacina y unos quesos curados, aunque su estructura aguantaría perfectamente un buen guiso o una carne a la brasa. Sin duda, es el mejor "reembolso" que Alonso me podría haber traído de sus viajes. ¡A la espera ansiosa de la declaración del IRPF del año que viene! Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-carretero, M. (2012). El huerto de Molière. Sitio visitado el 20/6/2026.
[2] Velasco-Carretero, M. (2019). Pronóstico reservado, Sitio visitado el 20/6/2026.
[3] Velasco-Carretero, M. (2026). Viña Puebla Crianza. Sitio vinopost. Visitado el 20/6/2026.