lunes, 26 de enero de 2015

Veinte céntimos

Desde el viernes al domingo de la semana pasada he estado enclaustrado en el hotel NH Viapol-Sevilla, realizando los cuatrimestrales del Grado en Derecho de la Unir y donde he tenido la oportunidad de saludar a compañeros y compañeras (Irene, J. Carlos, y seguir conectado con Ana, Vicente…). Si eres follower de este sitio sabrás que llevo muy mal lo de hacer dos exámenes en un mismo día y como soy de perfil alondra pues los que caen en la tarde también cuesta, y si a eso le añadimos que el domingo me lo planteo para cargar pilas y reflexionar, pues complicado a priori. Pero la fuerza de la familia y de las amistades y la responsabilidad y el compromiso hacen milagros y superan las dificultades anteriores. En fin. Atrás queda Administrativo II (Carlos y Conrado) el viernes tarde, Técnicas de Negociación (Andrés) el sábado por la mañana, Derechos Reales (Beatriz) el sábado por la tarde y finalmente Derecho Privado de los Contratos (Adriana y José Luis) el domingo por la mañana. Un saludo también a mis tutoras Celia, Mirian y Raquel.

En Sevilla (España)
Ciertamente, a estas alturas de la película el pescado se encuentra todo vendido y si apruebo es gracias al trabajo realizado en el día a día, puesto que al rendimiento de las depauperadas y escasas neuronas que quedan (aunque se supone que la relativa experiencia hace que razone distinto que cuando tenía dieciocho años, la memoria tampoco es la misma), se une la brega diaria para traer carne a casa, porque seguir los consejos de la Madre Teresa (Ver página "Aspiración Íntima"), no es fácil en esta vida que nos ha tocado vivir ni en los sectores de actividad que frecuento. Pero es lo que hay y no debo quejarme, todo lo contrario: más fuerza física y psíquica para seguir caminando. 

No sé si el futuro deparará que pueda rematar a corto plazo el grado, puesto que la economía achucha y las prioridades son las prioridades, pero sí quiero decir que la inversión realizada en estos cuatrimestres ya ha obtenido sus frutos, los cuales, más que en el resultado académico (que está ahí), se encuentra en el flujo de conocimiento recibido vía el manojo de excelentes pedagogos y especialistas, la visión práctica de los trabajos realizados y la gavilla de proactivos compañeros y compañeras que he ido cosechando a lo largo de estos meses. Sin darme cuenta, todo ello ha posibilitado un “reseteo” del disco duro y empezar una vez más a reinventarme en lo profesional. Eso vale un montón. Gracias.

Cerveza con tapa en Bodega Miguel Ánge
El hotel ha sido el mismo que el que te referencié hace un año en el post “Testing Weekend”. Bien la relación calidad precio. Me he metido unos desayunos entre pecho y espalda que ahí quedan, a base de pan, aceite de oliva virgen extra, queso y jamón serrano y sendos cafés con leche. El tren de ida y vuelta Málaga-Sevilla ha sido el Avant, con un precio que no me esperaba tan alto, dada la crisis que padecemos y la bajada de precio del combustible. El taxi que tuve que coger en Málaga el viernes lo considero caro. Sin embargo, nuevamente el taxi que cogí en Sevilla muy bien de precio. La cervecita y las tapitas que me tomé el domingo, después del postrimero examen, fue en Bodega Miguel Ángel (esa tapa de ensaladilla y esa otra de boquerones), con buena relación calidad precio, ni punto de comparación con la referida en “Sentido común”. 

Pero lo que me dejó toda la tarde reflexionando fue la experiencia que tuve al utilizar el autobús en el soleado mediodía dominical sevillano, camino de la estación de trenes. Poco dinero tengo en la cuenta corriente pero menos en los bolsillos, así que me metí en uno de la línea C2 y al ir a pagar observo que no tengo calderilla suficiente. Miré al conductor y cuando ya me disponía a bajarme, me pregunta el capital que tenía. Sorprendido, conté las monedas, faltándome veinte céntimos. Comentó que se lo diera y me entregó el billete. Sólo pude balbucear un “muchas gracias” puesto que a la sorpresa se unía la señora que me estaba empujando por detrás (no sé si por prisas o para alentarme a que aprovechara la oportunidad).

Claro, como había tenido por la mañana el examen de Derecho Privado de los Contratos, me acordé de mis profesores Adriana y José Luis y sus explicaciones sobre los contratos conmutativos, esos en los que desde el principio se conoce la equivalencia de las prestaciones a dar y recibir por cada una de las partes, o los contratos instantáneos o de tracto único, de los que se derivan obligaciones instantáneas, esto es, aquéllas en las que la prestación se realiza en un solo acto de ejecución inmediata, de modo que la realización de la prestación se agota en un único acto. Había recibido la prestación pero no había cumplido totalmente con la obligación de pagar. Tampoco era cuestión de que me hubieran aplicado un descuento ¡Ah! ¡Bueno es el sistema de caja de estos autobuses sevillanos! Ni mucho menos le había firmado al conductor un reconocimiento de deuda… La enseñanza de mi extinta madre de que las deudas hay que reconocerlas y pagarlas, me hizo recordar, ya en el tren camino de Málaga, que le debía veinte céntimos al señor conductor del vehículo 1072 de la línea C2 (te dejo arriba copia del billete 028919).