martes, 27 de enero de 2015

Echarles de comer aparte

Dice el refrán: “quien bien siembra, recibe excelente cosecha”. El domingo pasado me trasladaba un compañero de pupitre virtual su tristeza por la caradura de algunos miembros de comunidades en Internet que solicitan ayuda sobre tal o cual cuestión y luego si te he visto no me acuerdo. Documentaba el caso concreto de los grupos de Facebook formados por alumnado de la universidad. Cuatrimestre tras cuatrimestre aparecen estos individuos (cual "Guadiana Alto" que después de filtrarse en el subsuelo, brota de nuevo en "Los Ojos del Guadiana"), requeriendo información variopinta, desde los apuntes de una asignatura a las preguntas que han caído en un examen. Una vez que se les ayuda, desaparecen, en algunos casos sin tan siquiera dar las gracias. "Como la vida misma", respondí. Ciertamente, son criticables esas conductas pero están en su derecho, lo mismo que los demás de ignorarlos. Al igual que en las relaciones tradicionales, en la Red de redes existen caraduras, aprovechados, maleducados, manipuladores, lobos disfrazados de corderos y otras alimañas y malas hierbas que omito detallar porque estamos en horario de todos los públicos.

Le comenté lo que hace ya casi nueve años te apuntaba en el post “Networking”, que en los grupos sociales virtuales no puedo ser un egoísta, un aprovechado, un manipulador, un hipócrita, un farsante o un comediante. Siempre que se den las condiciones intelectuales, emocionales, físicas y espirituales, tengo que procurar devolver a mi red de contactos, el doble de lo que recibo y, en todo caso, ser formal, proactivo, actuar interdependientemente. De esta forma, me será útil a corto y, sobre todo, a largo plazo, la red en la que participo. Luego están otros perfiles igual o más dañinos que los anteriores. Por ejemplo, los que en 2007 te describía en el texto “Los caballeros blancos”, o esos seres nocivos, maléficos y perjudiciales que te insinuaba más recientemente, 2011, en “Hachazos”. A todos ellos, como me decía Juan en noviembre de 1994, “hay que echarles de comer aparte”.

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