jueves, 17 de mayo de 2012

Muchos, pocos y ninguno

Ayer, leí el artículo de Carmen Sánchez-Silva en El País, “¿No estaba el futuro del empleo en la formación?", y se me vino a la mente las respuestas que emití en un foro, hace ya casi seis años, a las preguntas sobre el sector de la formación, que realizaba una participante (Silvia). Algunas de las contestaciones las redacté en el post “Formación Vs Fermentación”, publicado en julio de 2006.

También, recordé la conversación que mantuve a principios de este año, con varios empresarios del subsector de la formación continua. Preocupados andaban con la reducción de los fondos a más de un cincuenta por ciento para este año y las negras (o no tan negras, según se mire o en el punto en que te encuentres posicionado) expectativas para 2013.

Además de lo recogido por Carmen en su reportaje, parece que la empresa pequeña tendrá menos difícil adaptarse a las nuevas situaciones, debido a que sus gastos de estructuras son menores, sus organigramas flexibles y su capacidad de adaptación y de reacción más ágil que las de las grandes corporaciones.

Parece que los grandes grupos empresariales nacidos al abrigo de las ayudas para la formación de los trabajadores, tendrán menos fácil adecuarse por la cantidad de costes estructurales que acarrean, ya sea en mantener suntuosos edificios, nutrir las sobredimensionadas divisiones tecnológicas o en alimentar los parásitos organigramas de directivos, familiares y asesores allegados, creados para amparar un concepto de industria formativa que se ha demostrado inservible en materializar el verdadero objetivo del servicio educativo.

Parece que algunas organizaciones empresariales y sindicales, presintiendo lo que va a llegar, se están pensando gestionar y dar ellos directamente la formación, utilizando sus infraestructuras y sus organigramas, para compensar costes generales y dejando a un lado la hasta ahora tradicional contratación de consultoras y sus economías de escala, presuntos corretajes, primas (no de riesgos, precisamente) y otros derivados.

Y finalmente (por ahora), parece que el modelo de negocio del estándar educativo que surgió a principios de los noventa, para formar a las trabajadoras y trabajadores españoles, llega a su fin. La sensación de que muchos han comido de estas subvenciones, unos pocos se han forrado y ningún sector de actividad se ha beneficiado formativamente de los ingentes fondos asignados a mi país, pulula en el ambiente a modo de olor putrefacto (fuente de la imagen: sxc.hu).

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