sábado, 21 de marzo de 2026

¿No Lunar? ¿Por qué?

Fuente de la imagen: rvs archivo propio
Durante toda la vida, en el paisaje familiar de mi cuero cabelludo, existió un pequeño inquilino: un lunar benigno. Era una presencia tan constante y sutil que apenas reparaba en él, aunque para la familia se había convertido en una suerte de seña de identidad, un rasgo distintivo del perfil. Hace ya unos años, en el transcurso de una revisión médica rutinaria que nada tenía que ver con la dermatología, la médica de cabecera lo observó con detenimiento y, con total naturalidad, planteó la posibilidad de extirparlo. "¿Quieres que lo quitemos?", preguntó. La respuesta fue un "vale" igual de casual, una aceptación indiferente motivada más por la simplificación que por una necesidad médica real. Pero cuando comuniqué la decisión en casa, la reacción fue desproporcionada. La familia se opuso frontalmente, argumentando que ese lunar era parte de mi esencia visual y que quitarlo alteraría mi "perfil peculiar". La queja más pintoresca y repetida fue de índole logística y artística: "¿Y ahora qué vamos a hacer con todos los dibujos que hemos realizado de tu cabeza?", exclamaban, medio en broma, medio en serio, lamentando la repentina obsolescencia de su "arte familiar" que siempre incluía el pequeño punto oscuro. Ver, por ejemplo, el gif que acompaña a Soportando el dedo del Procusto Edadista (M. Velasco, 2026)[1], basado en Mi chibi peluche (M. Velasco, 2025)[2], o el dibujo que custodia el lema de este sitio virtual donde te escribo diariamente.

El tiempo pasó, diluyendo la citación de la intervención y la visita a la médica quedó en el olvido, como tantas otras promesas del sistema sanitario. Pero recientemente, y sospecho de manera no muy sutil debido a la cercanía de las elecciones a la comunidad autónoma —cuando las listas de espera parecen agilizarse mágicamente para mejorar las estadísticas y apaciguar el ánimo de los votantes—, recibí una llamada inesperada del centro de salud. Me citaban para una sesión con el cirujano donde se llevaría a cabo la intervención olvidada. Cumplí con la cita el otro día; la operación fue rápida y sencilla y el estresado especialista simplemente "quemó" el lunar, dejando el área limpia. Al llegar a casa, la familia, fiel a su humor y a su amor por la exageración dramática, ya tenía preparada la respuesta creativa. Con motivo del Día del Padre, me entregaron un regalo muy especial: un bosquejo de la cabeza, ejecutado con maestría en el inconfundible estilo del meme de "Megamind". El dibujo mostraba el primer plano intenso de mi rostro visto desde arriba, a lo supervillano extraterrestre, protagonista de la película, con una expresión de reproche exagerado, luciendo el reducido esparadrapo color carne cubriendo la zona donde solía estar el lunar. Sobre la imagen, en letras mayúsculas y burlonas, habían escrito la pregunta definitiva: "NO LUNAR?" (Muchas Gracias, Familia. ¡Os quiero!). Fuente de la imagen: rvs (todos los derechos reservados).
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2026). Soportando el dedo del Procusto Edadista. Sitio visitado el 21/03/2026.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2025). Mi chibi peluche. Sitio visitado el 21/03/2026.