martes, 25 de abril de 2017

¿Cómo evaluar al docente?

Si eres follower de este sitio, conocerás mi interés por todo lo que rodea a la calidad de la formación, sea ésta reglada o no reglada, privada o pública, y a la importancia del docente en el proceso educativo. Textos como “El negocio de las Escuelas de Negocio”, “Ejemplo de combate del fracaso escolar”, “Educación y Mundo Real”, “En la habitación (On Room)” o “Auténtica chorrada”, son prueba de ello. Hace unos años, en ¿Vértices corruptos?, reflexionaba también sobre la formación, la calidad y la corrupción, a partir del artículo de Pilar Álvarez y Álvaro de Cózar en El País, “La gran estafa española”, con el expresivo subtítulo “La corrupción ha marcado la historia de los cursos de formación, un sistema de miles de millones que en muchos casos financia ilegalmente a los agentes sociales” y el elaborado gráfico sobre “los cursos de formación en España”. Igualmente, conocerás de sobra mi tristeza y reiterada crítica por el uso inadecuado de los ingentes fondos provenientes de la Unión Europea y de las cuotas de la Seguridad Social para formación de los desempleados y el reciclaje de la clase trabajadora, ante la bochornosa mirada hacia otro lado de los Poderes del Estado: “Formación vs Fermentación”, “Lo relativo y lo obvio”, ¿Más ayuda para la formación?”, “Universos paralelos”, “Paquita la Peluquera” o el visitado ¿Te dan cuen?

Volviendo a la calidad en la impartición de enseñanza, hace más de diez años, en “A qué estáis esperando”, te contaba la briega que, junto a un puñado de iluminados, mantuvimos por Andalucía en temas de certificación de calidad en la formación y en la cualificación profesional de los docentes, a mediados de la década de los noventa del siglo pasado. Sí, han pasado ya unas décadas. Tal vez no era el momento porque el colectivo al que nos dirigíamos tenía la cabeza puesta en conseguir otros objetivos. Ya en el año 1994 algunos emprendedores visionaban un futuro donde el concepto “calidad” en el servicio de formación, inundara cada uno de los rincones del proceso formativo. Sencillamente, querían que todos los centros adheridos al proyecto federativo tuvieran la oportunidad de disponer de una acreditación. Pero su ambición iba mucho más allá: querían, incluso, promover un Organismo Acreditador específico del sector de la enseñanza no reglada, legal, es decir, autorizado por ENAC (Entidad Nacional de Acreditación), algo novedoso y, en mi opinión y como luego se ha visto, idea muy adelantada para la realidad socio-económica del sector y las presiones de otros sectores, en aquel momento.

Me he acordado de lo referenciado en los párrafos anteriores, cuando hojeaba el texto de Stegmann en ABC, “Calidad docente y salida laboral para los alumnos: así es una universidad líder”, donde expone la opinión de Mark Sudbury y que me tomo la libertad de transcribir: “La calidad de la educación es el principal foco que deben tener en cuenta las universidades”, reflexión con la que no puedo estar más de acuerdo. Ahora bien, para acercarse a este ideal no se debe olvidar lo que Hans de Wit apunta en relación a los docentes: “La reputación se gana si los centros cuentan con buenos docentes»”. Es decir, buena calidad del equipo de profesores/as junto a lo que Jan Sadlak denomina “buena oferta educativa”. Para ello, tendríamos que evaluar adecuadamente al docente. 

Pero ¿Cómo evaluar al docente? Blanca Arteaga-Martínez y Josu Ahedo-Ruiz, profesores de una de las universidades en las que he tenido la oportunidad de estudiar (Internacional de la Rioja), a partir de un caso concreto ubicado en Asturias (España), realizan una propuesta de modelo de evaluación para fortalecer la profesión docente en los niveles obligatorios, que se publicó en 2016 en la Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa (si quieres acceder al documento, clickea AQUÍ, cortesía del medio de comunicación). Para los promotores, “la evaluación docente debe contar con un enfoque adecuado para mejorar la calidad académica”. La propuesta trata sobre cuáles son los elementos a evaluar, desde un planteamiento que acentúa la formación del profesorado como factor clave para motivar al estudiante en su aprendizaje. 

Desde los objetivos que se plantean en el proceso de enseñanza se justifica la conjunción entre la formación y la evaluación del docente, analizándose el modelo de Asturias, el primero que se aprueba en España, basado en la evaluación por incentivos, detallando las competencias evaluadas y los datos obtenidos en los últimos años. A modo de conclusión, subrayan la necesidad de la aprobación de un estatuto docente consensuado con los docentes como solución frente a la burocratización de la profesión, burocracia que es rechazada de plano por el colectivo de profesionales. Para Blanca y Josu, el diseño de ese estatuto debe contar con el profesorado y con las familias de los estudiantes (Fuente de la imagen: pixabay).

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