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La anécdota que viví en 2025, durante el proceso selectivo docente ante un consorcio universitario americano, pone de manifiesto una disonancia habitual entre la rigurosidad de la antigua estructura académica española y los estándares internacionales contemporáneos. Resulta paradójico, y hasta cierto punto frustrante, que una trayectoria académica sólida, cimentada en una diplomatura en empresariales y culminada con una licenciatura en económicas, se viera cuestionada por la supuesta ausencia de un título de posgrado específico en la materia. La objeción de la comisión evaluadora universitaria, aferrada a la nomenclatura del Plan Bolonia, ignoraba la carga lectiva y la profundidad de contenidos que caracterizaban a las licenciaturas pre-Bolonia, las cuales, en la práctica, excedían a menudo las competencias de los actuales grados. El hecho de que el máster jurídico oficial, obtenido en formato Bolonia, después del grado en derecho, no se considerara afín a un posgrado en economía era técnicamente comprensible, pero me dejaba en un limbo académico injusto, donde mi especialización económica parecía diluirse ante la burocracia de las titulaciones. Afortunadamente, la certificada trayectoria profesional en
economía circular (M. Velasco, 2003)
[1] por una corporación de derecho público, actuó como un salvoconducto, demostrando que la experiencia tangible a veces tiene la capacidad de suplir las lagunas de comprensión que poseen los evaluadores sobre los sistemas educativos extranjeros, aunque esto no evitó que surgiera una reflexión necesaria sobre la devaluación percibida de los títulos tradicionales frente a la nueva arquitectura universitaria curricular.
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No obstante, esta inquietud ha encontrado una resolución definitiva y legitimadora gracias a la actuación de la Administración Pública española, que ha procedido a reconocerme oficialmente la correspondencia de los títulos pre-Bolonia con los niveles vigentes del Marco Español de Cualificaciones para la Educación Superior (MECES) y el Marco Europeo de Cualificaciones (EQF) y de acuerdo con el artículo 27.2 del Real Decreto 967/2014, de 21 de noviembre, y de conformidad con el Acuerdo de Consejo de Ministros de 9 de octubre de 2015, publicado por Resolución de 20 de octubre de 2015 de la Dirección General de Política Universitaria (BOE02-11-2015). Este paso administrativo es decisivo, pues no se trata de la expedición de un nuevo diploma, sino de la certificación oficial de que la antigua licenciatura en ciencias económicas equivale, a todos los efectos académicos y profesionales, al nivel de máster (MECES 3 / EQF 7). Esta acreditación actúa como una piedra de Rosetta para los comités internacionales, eliminando las barreras de "traducción" curricular que complicaron mi selección en 2025 en la universidad americana y facilitando enormemente la movilidad y el acceso a convocatorias exigentes. De este modo, se cierra el círculo de mi cualificación: por un lado, ostento un máster jurídico bajo el formato moderno y, por otro, veo restituido el valor de mi formación económica clásica, la cual me habilita con un segundo nivel de máster de facto. Esta equivalencia repara el agravio comparativo y blinda el perfil ante cualquier futura objeción, certificando una doble competencia de alto nivel tanto en el ámbito jurídico como en el económico. Fuente de las imágenes: mvc.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2003). Economía Redonda. Sitio Economía Sostenible. Visitado el 12/2/2026.