viernes, 23 de septiembre de 2016

Planificar el periodo sabático

En ¡Ya me gustaría! bromeaba con el comentario del amigo acerca de si me iba a tirar otro periodo sabático, para superar los estudios que por aquel tiempo iniciaba. La verdad es que espacio de descanso profesional como tal, o formal, no me lo tomé, por la justificación que te daba en ese post, pero sí es verdad que bajé la intensidad laboral en beneficio del objetivo estudiantil, el cual se consiguió más que satisfactoriamente. 

Hace tiempo, coincidiendo con el nacimiento del querubín, sí que se frenó casi en seco durante unos años el maremágnum profesional. En todo caso, si uno se lo puede permitir (se han generado recursos que invertir en esa “inacción”, se tienen las ideas claras, se está fuerte y seguro de sí mismo…), creo que es bueno de vez en cuando desconectar para recargar pilas.

No obstante, hay que tener mucho cuidado con el enfoque sabático porque, incluso aunque se disponga de recursos económicos suficientes para mantenerse inactivo o en bajo ritmo profesional, como no se programe adecuadamente ese “proyecto vital”, puede afectar psíquica o emocionalmente y dar al traste con el previsible futuro profesional y, lo que es más importante, personal. 

Por tanto, la cuestión no se encuentra tanto en que se sea, o no, un adicto a lo laboral, profesional, emprendimiento o institucional, como en que uno esté concienciado de la decisión que va a tomar y haya programado bien ese tiempo de desconexión total o parcial, definiendo los nuevos papeles a desarrollar, ya sean familiares, pedagógico – didácticos, político – sociales, etc. armonizando cada nueva tarea, proceso, hábito u objetivo a ejecutar o emprender (Fuente de la imagen: pixabay).

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