domingo, 17 de abril de 2016

Rebelde con causa

Hace unos años, en el marco de una charla sobre emprendimiento, un participante apuntó que si a tal edad la persona no había conseguido determinados objetivos profesionales, el sistema lo excluía del mercado y las dificultades para su reinserción crecían exponencialmente. Su tesis era que a partir de los 35 años, si no estás consolidado, vas cuesta abajo y sin frenos. No negaré que esos pensamientos son los que corren por la mente de muchos de nosotros, seamos trabajadores, empresarios o funcionarios, pero continuamente me rebelo contra esa tendencia o tópico. En esta vida, creo que todos asumimos un cometido y si no lo tenemos o no lo sabemos, debemos buscarlo rápidamente (Fuente de la imagen: pixabay). 

Por otro lado, si bien hoy la experiencia puede ser un arma de doble filo, tampoco es cuestión de ningunearla, sólo debemos concentrarnos en utilizar el filo que no nos cortará o hará daño. Por ejemplo, conforme transcurre el tiempo, esa experiencia hace que vaya conociendo cada vez mejor mis debilidades (por supuesto mis fortalezas), la red de contactos se ha ampliado y enriquecido, estoy más cerca de saber qué es la felicidad en el puesto de trabajo, tengo empatía respecto a las aprensiones y las motivaciones de mis compañeros y compañeras, conozco de primera mano cómo es trabajar en el AVE, en el avión o en el despacho de casa, etc. Entiendo que es bueno aprovecharse de esos buenos hábitos, conocimientos, cosechados en el camino, pero desde un enfoque un tanto agitador, a lo rebelde, en este caso, con causa.

También, existen otros aspectos cuya valoración o influencia, conforme pasan los años, es distinta. Por ejemplo, mi nivel de productividad diaria o semanal, la atenuación del nerviosismo en las presentaciones, soñar "realistamente" o con los pies en el suelo, trabajar en causas en las que creo, aceptar críticas y aprender de ellas… hasta la continua búsqueda de proyectos que me llenen. Pero lo más importante es sentir que ese camino profesional, empresarial, institucional o laboral, esa diaria carrera para traer carne al hogar, siendo esencial, sólo es una parte de mi vida y que si no cultivo valores, relaciones, lazos (familiares, amistades...), iré perdiendo fuerza, competitividad, en la brega profesional. Así que a rebelarse contra uno mismo.

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