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| Fuente de la imagen: mvc archivo propio |
El viernes, al sentarme de nuevo en la banqueta, bajo el cielo nublado, percibí que el paisaje ha mutado hacia una verticalidad que reta la nostalgia; las torres de Martiricos vigilan ahora un entorno que ya no huele a fotocopia, sino a fibra óptica y apartamentos turísticos. La España de hoy navega en una polarización política que hace parecer a la de los ochenta un "debate de guante blanco", atrapada ahora en una complejidad social donde la hiperconectividad ha eliminado el hábito de la escucha y el entendimiento. Ya no estudiamos para entender el mercado, sino para sobrevivir a algoritmos caprichosos y a una vivienda que parece un lujo de otra galaxia. Sin embargo, el sitio de descanso permanece como un testigo mudo, una reliquia de una época en la que el tiempo permitía la pausa. La parábola o reflexión es sencilla: el "escaño" no ha envejecido, solamente ha cambiado el peso de quienes lo ocupan. Antaño sostenía cuerpos colmados de futuro, hogaño aguanta espaldas cargadas de datos y prisa. Pero su esencia sigue siendo la misma: recordarnos que, ante el discurso salpicado de fake news y el ruido del social media, el único refugio real sigue siendo ese espacio mínimo donde dos personas deciden, por un instante, que el resto del universo puede esperar. El banco es el recordatorio de que la verdadera "Transición" no fue la de un régimen a otro, sino la que hacemos cada día de la angustia al consuelo, buscando un regazo donde los problemas del mundo, simplemente, dejen de existir. Fuente de la imagen: mvc.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2007). De corazón Diplomado. Sitio visitado el 1/2/2026.
[2] La inflación galopante, el desempleo estructural de una juventud que quería comerse el mundo y la entrada en la Comunidad Económica Europea.
