miércoles, 3 de febrero de 2016

¡Y dale con el powerpoint!

Eso. No dudo de la eficacia de este recurso para presentaciones. Lo he utilizado “tropecientas” veces y en este sitio lo he nombrado más de una vez. Buena prueba de ello lo es 10-20-30, donde Guy Kawasaki recomienda que cuando estemos intentando convencer a un tercero de un proyecto, un producto o un servicio, no debemos utilizar más de diez diapositivas de PowerPoint, o “Al grano”, en el que te preguntaba si ¿Menos power point y más sustancia? Incluso en “No soy retro, utilizo el retroproyector” te comentaba una experiencia con los medios técnicos. 

Sin embargo, hay momentos en los que debemos meditar si usamos la ofimática o no. En “Inteligencia Escénica” reflexionaba sobre la utilización de este recurso pedagógico-didáctico y el enfoque de la presentación sin ninguna aplicación adicional y luego, parafraseando a Aristóteles, evaluar si se debe hacer uso de alguna herramienta, siempre al servicio de la audiencia, no como muleta para atenuar los defectos o limitaciones del presentador o conferenciante (Fuente de la imagen: pixabay).

A veces, cuando se expone, no es conveniente sobresaltar a la concurrencia con recursos pedagógicos de esta índole, por muy avanzados que se encuentren desde la óptica tecnológica. Por el contrario, hay que establecer una divergencia y suscitar otra perspectiva con el fin de transmitir y, si procede, sugestionar y conquistar.  Para ello, deberé hablar sin adornos, muletas o tapujos, para transferir eficazmente lo que quiero decir, de forma que mis receptores reciban la información de manera clara, nítida.

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