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| Fuente de la imagen: Tests de inteligencia. Sitio book--post (M. Velasco, 2014) |
Decidí que la mejor medicina contra la presumible estupidez ruidosa era el silencio de un buen reto mental y me puse a rehojear el libro Tests de inteligencia (referenciado en M. Velasco, 2014)[1], que se convirtió en el aliado para demostrar que el entrenamiento cerebral es, además de necesario, beneficioso y gratificante. En lugar de escuchar opiniones vacías, me concentré en ejercicios de razonamiento deductivo y visualización de formas, enfrentándome a problemas que requerían una atención real y no una reacción visceral. Pasé los minutos navegando entre retos de manejo de símbolos, cálculo matemático y lógica gramatical, disfrutando de cómo cada pieza encajaba en su lugar. Fue un alivio comprobar que, cuando se trata de expresión verbal y análisis crítico, la mente todavía respondía con agilidad en la mayoría de niveles propuestos. Contar con pistas para los acertijos más espinosos y tener la seguridad de las soluciones al final del libro devolvió la paz mental que los tertulianos habían arrebatado. Al cerrar las páginas, comprendí que la verdadera inteligencia no necesita gritar para existir; basta con el ejercicio constante y la satisfacción de saber que, frente al caos de la opinión sin fundamento, siempre quedará el refugio de la razón. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2014). Tests de inteligencia. Sitio book--post. Visitado el 2/2/2026.
