viernes, 27 de marzo de 2015

El río, la mujer y los monjes

En el post “El mochilero Mario” (2007), te escribía algunos consejos de ese caminante de la vida: “Los caminos más cortos son los rectos. Los amigos, existen. La amistad es la mano derecha. La palabra adecuada, abre puertas. La perfección no existe. La vida tiene su lado bueno. La mejor opción, es ser normal. La mentira destruye. La verdad es el mejor emblema. La regla es: vive y deja vivir”. También, recientemente, en “La mochila”, reflexionaba sobre la importancia de la reducida mochila que debemos llevar. Ayer me acordé de estos textos cuando leí el artículo recomendado por Antonio (Gracias), del director de Emprendedores.News, Marcelo Berenstein, “El emprendedor que no llena de piedras su mochila…”. Al final del artículo, Marcelo recoge el cuento de los dos monjes y la mujer, que ya me contó Paco en la década de los noventa del siglo pasado y que me tomo la libertad de transcribírtelo a continuación (la versión de Paco):

”Caminaban dos monjes en dirección a su templo y a esto que alcanzaron un riachuelo de traicioneras aguas, en cuya orilla se encontraba una bella mujer sin decidirse a rebasarlo, preocupada por no mojar su espléndido vestido. Observada la situación, uno de los monjes se ofreció a ayudarle, a lo que la dama accedió. Ni corto ni perezoso cargó el agraciado cuerpo a sus espaldas y lo trasladó hasta la otra orilla, despidiéndose con una reverencia típica del lugar y siguiendo ambos religiosos el camino. Después de transitar más de diez kilómetros, el otro monje comentó: - Si conoces nuestras ordenanzas ¿Por qué cargaste con su cuerpo? - Perplejo por la pregunta, el monje hacendoso respondió: - Sólo fue el instante de ayudarla a cruzar el río y no me cansé nada. Sin embargo tú debes estar agotado puesto que durante todo este trayecto has cargado con ella -” (Fuente de la imagen: sxc.hu).

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