jueves, 3 de octubre de 2013

El cuello del palmípedo

Anda el juez Ruz en Suiza (El Mundo, El País, ABC). Los casos de corrupción que asolan mi país, con empresas de ámbito nacional que presuntamente dan dinero a partidos políticos a cambio de licitaciones, capital que, obviamente, no se fiscaliza y sirve, también supuestamente, para pagar retribuciones no declaradas al fisco y engrosar cuentas en paraísos fiscales, suceden por la permisividad de los poderes públicos ante estas situaciones, menos por acción y mucho por omisión.

Escribe David Santa Cruz en América Economía, “Cuello blanco, puños sucios”, que realmente el planteamiento del lavado o blanqueo de capitales es bien lógico y simple: recubrir el umbral de recursos derivados de una actividad injusta, arbitraria, ilegal o ilícita (como prefieras). A partir de ahí, la imaginación y la creatividad de los promotores o, como dice una amiga, “vendedores de lavadoras de dinero negro”, es desbordante y su aplicación muy efectiva, ante la aquiescencia de los países líderes del llamado primer mundo.

En los delitos objeto de este post, llamados por el autor del artículo “de cuello blanco”,  las fases del proceso de blanqueo son tres: 1. colocación física de la moneda en el sistema financiero a través de una entidad financiera; 2. borrado del rastro, mediante transferencias a otros bancos ubicados en paraísos fiscales; 3. Reintegro del capital defraudado al lugar de origen, a través de la adquisición de bienes y empresas de frontispicio que posteriormente proyectarán plusvalías legales. Cabe preguntarse de qué color será finalmente el cuello del cisne o similar palmípeda en sentido lisonjero. Dice mi amiga que al final, como el noventa y nueve por ciento de los casos de corrupción, todo quedará en agua de borrajas, si no tiempo al tiempo (Fuente de la imagen: sxc.hu).

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