sábado, 5 de octubre de 2013

Distintas varas de medir

Hace unos años, en el post ¿Cumpleaños malayo feliz?, te realizaba un inventario de los escritos que sobre el tema, y por esas fechas, ya había editado en el blog. Empecé con "Corrupción en Marbella" (y la enfermedad del beso). Luego llegaron títulos como ¡El que calla, otorga!, "El daño del Tonto y del Rebelde", "Estafador o estafado", "Sponsorship vs manoseador", "Mediocridad, inhibición y corruptela" o el doloroso "Tierra quemada", por poner unos ejemplos representativos. Si quieres acceder a todos, clickea AQUÍ con la búsqueda que linkeo.

Ayer, me pilló el folklore en los Juzgados de Málaga y tuve la oportunidad de observar el paseíllo de varios de los imputados, para escuchar la sentencia del Tribunal (ver en Diario Sur). Después, cuando leía repasaba el listado definitivo con la condena de cada uno de los acusados, las absoluciones y las presuntamente descafeinadas penas de algunos de los acusados sujetos activos, reflexioné sobre si realmente se había aplicado la justicia adecuadamente o estamos ante un desatino más de estos Poderes del Estado, que parece que viven de espalda a la sociedad y de cara, precisamente, al Poder y sus cloacas, con sus distintas varas de medir para todo.

Y lo anterior me dejó meditabundo toda la tarde, porque recordé la desesperación de Juan (¡Ánimo!), que brevemente te voy a contar. A principios del verano se sentó a mi lado en el autobús, con una carpeta de papeles y deseando hablar con alguien, así que lo escuché. Venía de vuelta de la Agencia Tributaria, donde había intentado que le confeccionaran la declaración de la renta (IRPF) de 2012, pero por cuestiones que ahora no vienen al caso, los funcionarios que le atendieron no pudieron realizársela.

Estaba en el paro y necesitaba urgentemente que le devolvieran las retenciones que le habían practicado en el año anterior. Le dije que aunque no me dedicaba a esos temas, si él quería podía echarle una mano. Nos bajamos y nos sentamos en la terraza del primer bar que encontramos. Después de revisarle la documentación, le opiné sobre lo que tenía que hacer. Le di mi número de teléfono y nos despedimos (los cafés los pagó él). Al día siguiente me llamó con la noticia de que había tramitado la renta y que le transmitieron que en cuestión de semanas tendría la transferencia en la cuenta corriente.

Hace unos días, casualmente me lo encontré por los aledaños de El Corte Inglés del centro de Málaga, caminando como si estuviera desorientado y con un  periódico en sus manos. Lo abordé y entre sollozos me dijo que no podía más, que iba a explotar, que mientras la Agencia Tributaria monta informes para justificar siempre lo injustificable del Poder, en este caso era la noticia (El PAÍS) de que las donaciones ilegales a los partidos se pueden desgravar, ponían trabas y más trabas para devolverles sus 1.500 euros (que los necesitaba para pagar la hipoteca ¡Tiene mandanga la cosa!).

Pasado un rato, más tranquilo, me ofrecí a acompañarle de nuevo a la oficina tributaria. Escuchado el funcionario, lo que sucedía es que la empresa que le practicó las retenciones el año pasado, no las había ingresado, ni tan siquiera declarado. La solución pasaba porque adjuntara copia del contrato, de las nóminas y de las transferencias por los líquidos recibidos. En fin. Ahora a esperar otros tantos. Al menos parece que se divisa luz al final de ese túnel, pero no me quito de la cabeza la imagen de distintas varas de medir y la desesperación de Juan, que me temo es la de cada vez más ciudadanos y ciudadanas de mi país (fuente de la imagen: sxc.hu).

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel