sábado, 4 de mayo de 2013

Tercera vía

Salvo que desde una óptica económica se necesite un trabajo para subsistir, hoy más que nunca cohabitar en una profesión, un proyecto, una institución, …, en la que no se disponga de ninguna posibilidad de caminar, evolucionar, crecer, …, es lo más perjudicial que se puede hacer. Sí, lo anterior va en línea de lo recogido en el post “En busca de mi queso” y la historia de autoayuda de los dos ratones.

El problema o la triste situación de la mayoría de los jóvenes y muchos de los no tan jóvenes españoles, seis millones doscientos mil parados y sigue subiendo, es que ni tan siquiera disponen de un trabajo, los primeros para aprender y los segundos para mantener, por lo que para salir adelante tienen que plantearse o irse a otro país, con la dificultad de integración, comunicación, el trauma familiar y el infortunio que eso supone, o empezar una nueva actividad profesional o empresarial, con la brutal incertidumbre económica, la desconfianza en la política (local, nacional y comunitaria) así como la desfavorable situación impositiva.

Riesgo por todos los sitios, pero si no tomamos una decisión nos moriremos de asco y de tristeza, ante la imperturbable y egoísta mirada de los poderes del estado. Tal vez exista una tercera vía: generar un cambio desde las bases, fundamentalmente lo que queda de la clase media (puesto que la clase alta va a su bola, viviendo en sus exclusivos, ficticios y ratoneros mundos de yupi, y el resto se encuentra extenuado, buscando un techo donde vivir y un mendrugo de pan que llevarse a la boca), que haga factible una reordenación fiscal, laboral y monetaria, un ajuste de la estructura de la administración pública a las necesidades reales de la sociedad, un reforzamiento de la educación y la sanidad y, en definitiva, configurar un nuevo marco emocional como pueblo crisol de pueblos (Fuente de la imagen: sxc.hu). 

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