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| Fuente de la imagen: Táctica y Estrategia (Velasco, 2010) |
Anteayer, transitando junto a un contacto por el Mercado de Atarazanas,
camino de Alameda de Colón (Málaga, España), recordábamos el perfil de una, en su momento, dirección general que los dos conocíamos, de esas que venderían a su madre si
hiciera falta. Ambos somos damnificados de sus malas artes, pero a
estas alturas de la crisis, nos alegramos de haber tenido esas traumáticas
experiencias. Por otro lado, a veces, la providencia cierra el ciclo y algunos individuos, antes de visitar al Creador, se encuentran de golpe en la Vida con todo lo
negativo que han labrado en su caminar. Dejando a un lado esas excepciones, lo cierto es que en mi
ámbito territorial de actuación todavía no se percibe una evolución sustancial
en la forma de ser de muchos altos ejecutivos, gerentes, directivos... tránsito de personalidad que debiera ser propiciado ya por el cambio de época en el que estamos inmersos.
En un futuro espero que esto no suceda y la cuota de
directivos filantrópicos supere con creces a la de los idiotas, pero hoy me
cuesta encontrar un perfil humilde, agradable, auténtico, sensible y diligente,
lo que se empieza a conocer en otros países como “líder siervo” y que lo renombro como “líder
magnánimo”. Anhelo que los proyectos exitosos del
futuro sean coliderados por personas que, por ejemplo, guarden un plumero en
su despacho por si coyunturalmente tienen que quitar el polvo del mobiliario, hablen proactivamente
(no hipócritamente) con toda su empresa o institución, sea con un miembro del
consejo de administración o con un recepcionista, sean tolerantes, proactivos… y, además de todo eso, sus almas dispongan de un código de ética y moralidad muy distinto a los que circulan todavía. Entonces, sólo entonces, saldremos de la crisis con dignidad y expectativas de un futuro mejor[1].
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[1] Fuente de la imagen: sxc.hu. Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.
