sábado, 4 de agosto de 2012

Atrapado, triangulado

¿Qué es más descortés: que te interrumpan una conversación o que te retires del nuevo coloquio que se haya iniciado consecuencia de la obstrucción comunicativa?

Diría que es más incivil lo primero, si bien hay que tener cuidado con el momento en que forjas la espantada.
Puede que te haya pasado que estando hablando con otra persona en su despacho, oficina, …, un tercer individuo interrumpe la comunicación para obtener una expeditiva respuesta.
A mí me ha ocurrido y juraría que, incluso en alguna ocasión, haya sido esa tercera persona que detiene la conversación de otros (si ha sido así, lo siento).
El caso es que esa rapidilla pregunta se transfigura en un largo encuentro verbal, que no te interesa o no tienes por qué estar invitado y en el que, si no andas avezado, te encontrarás atrapado (me ha salido un pareado).
Lo anterior es lo que Leigh Buchanan  en Inc., The Three-Corner Office, llama triangulación. Terminas siendo subyugado, triangulado y si el tema no es de tu interés, corres el riesgo de perder el tiempo.
En los casos en los que me doy cuenta que puede pasar esa triangulación, procuro seguir los consejos de Buchanan, es decir, ausentarme de la escena y aprovechar para hacer una llamada atrasada, enviar un email o, sencillamente, ir al cuarto de baño.
Claro, salvo que el dialogo generado espontáneamente esté conexo a mi actividad profesional, en cuyo caso, mi ausencia puede ser considerada sospechosa o incomprensible (fuente de la imagen: sxc.hu).

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