jueves, 26 de julio de 2012

¿Dulce reparación?

En el post “Dañina sed”, te escribía sobre la venganza que pulula por los corazones de los ejecutivos y profesionales.
Cuando el ego se siente herido, consecuencia de una injusticia, ya sea vía agravio, ofensa o daño a uno mismo o a una persona de tu entorno, puede surgir el sentimiento de venganza, como reacción narcisista o, en cierta forma, egocéntrica.
Ayer, me remitió Anton (Gracias), link al artículo en Business Week “Sweet Revenge”.
Dice Kenneth Eisold, psicoanalista de New York (EEUU), que “la venganza no tiene fin”.
No solamente  surge consecuencia de renuncias o despidos, sino también por otros conflictos, como, por ejemplo, cuando el socio ningunea, amenaza, hace la cama o roba ideas.
Pero como te trasladaba en el post “Nocivo plato frio”, creo que esa revancha, a medio plazo, es nociva, ya sea como réplica a un aparente abuso o a un “yo maltrecho” (fuente de la magen: sxc.hu).