sábado, 4 de febrero de 2012

Oír la verdad

Podría ser curioso que un empresario, rodeado de una súper plantilla de ejecutivos, con rimbombantes y largos títulos en sus tarjetas virtuales de presentación, te pidiera que te fueras a trabajar con él durante un tiempo porque “quiere oír la verdad”.

Pero no es tan raro que esto pueda suceder. Llega un momento que en la planta noble, que suele coincidir con los últimos pisos del edificio empresarial, se mantienen las incómodas noticias a distancia y se crea un ambiente de huida hacia adelante.

Los informes a lo Urdangarin, realizados por equipos presuntamente altamente preparados durante mucho tiempo en el propio grupo, con la imagen y semejanza que el number one quería, justifican lo injustificable.

Y en este punto, el presidente se desvela una noche y se da cuenta de que necesita saber “toda la verdad” y quiere reunirse de personas que sabe que no le van a reír las gracias que no tengan gracia y que no van a estar alienadas, con el coco comido, por la cultura que él mismo puso en marcha hace unas décadas (fuente de la imagen: stock.xchng).

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