martes, 2 de agosto de 2011

La maldición

Fuente de la imagen: archivo propio
Buenos días. Después de un ajustado lunes, me quedé absorto mirando la higuera familiar y caí en la cuenta que todavía no he terminado de entender, o encontrado significado, a la maldición que este árbol recibió hace dos mil y pico años, condenación que se encuentra recogida en el Nuevo Testamento de la religión cristiana. Tal vez, lo que el llamado Hijo del Hombre quería decir, trasladado a la economía actual, es que si nos encontramos empresas podridas, instituciones estériles, ejecutivos anacrónicos… hay que tener el arrojo de extirparlas, sanearlas o despedirlos, por muy elefantes o respetables que den la impresión de ser.

Pero en este cambio de época que nos toca vivir, deberá transcurrir un largo tiempo en el que todavía muchas personas[1] sigan agarrándose a caducas tradiciones, instituciones trasnochadas, creencias egoístas… como si fueran la tabla de salvación que todo lo aguanta.  Las Sagradas Escrituras de cualquier religión monoteísta nos enseñan que para salvarnos[2] deberemos renovarnos continuamente, generando nuevas estructuras organizativas, modos de pensar y de sentir los negocios en ética y moralidad… y aquéllos que se resistan, deberán ser excluidos o se correrá el riesgo de que arrastren a los demás a la destrucción final[3].
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[1] Al igual que en las religiones.
[2] Desde la óptica empresarial, institucional o profesional.
[3] Te dejo una foto del árbol y de sus frutos. Si quieres más instantáneas, clickea aquí.