jueves, 7 de julio de 2011

¿Merece la pena?

Ayer, tomando un café con el ingeniero Luis, en relación a la pérdida de la confianza en una relación profesional, me dijo la siguiente frase:

“La confianza es como un vidrio, si se rompe, por más que lo pegues nunca quedará como antes”

Se me vino a la mente la frase que años atrás comentó el contacto Anton en un foro:

“La confianza es como la virginidad, una vez que se pierde no se vuelve a recuperar”

Ciertamente, rota la confianza, es casi imposible volver a recuperarla.

Siguiendo con los enfoques metafóricos, habría que recoger todos y cada uno de los añicos del vidrio y fundirlo de nuevo a unos 1.500 °C.

Pero nunca quedará como antes, ya que las partículas que conforman el sólido amorfo carecen de una estructura, formas, caras, ordenadas y definidas.

No obstante, a la hora de analizar una confianza y su pérdida, hay que pararse en la forma en que se labró dicha sinceridad, lealtad o esperanza.

En este sentido, en algunos casos, nuestra madurez nos empujará a encender el horno para reconstruir el vidrio roto, aunque el restaurado no sea el anterior, de forma que los conflictos, desajustes, problemas, se desactiven y surjan expectativas de solución.

Termino con el pensamiento atribuido a Nietzsche:

“Las personas que brindan su plena confianza creen por ello tener derecho a la nuestra. Es un error de razonamiento: los dones no dan derecho”

¿Merece la pena? Depende. Bueno. Me voy a trabajar. Feliz Sanfermines.

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