lunes, 30 de mayo de 2011

El atribuido, el torpe y el instruido

Buenos días. Al igual que a ti, no me gusta el infortunio, el error o el fracaso. Intento evitarlo.

Tampoco me gustan las arengas y sermones de los versados en fracasos, diciendo que el error es trascendental y todo eso.

Sin embargo, y aunque me taches de desequilibrado, te diré que en este mundo que nos ha tocado vivir, es necesario correr determinados riesgos a estrellarse ¿No crees? 

Diferencio tres tipos de naufragios. El primero es el fracaso de un proyecto que ha sido impuesto directa o colateralmente por otros y que, realmente, no es un fracaso mío, sino de terceros, pero tengo que formalmente asumir. Lo llamo “error atribuido”.

El segundo es derivado del desastre que se genera por un proyecto que es francamente malo, pero vete tú a saber, no me doy cuenta hasta que estoy nadando hacia la orilla. Lo designo como “error torpe”.

El tercero es el verdaderamente inestimable. Es el descalabro que me permite retroalimentar la intención inicial u otro proyecto, propiciando innovación y creatividad y consolidando el éxito del nuevo propósito, Lo denomino “error instruido”.

Que esta semana te sea proactiva en lo laboral, profesional o empresarial, como prefieras (Fuente del dibujo: imagenes-gratis.net). Imagen incorporada posteriormente; fuente: pixabay.

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