La
economía circular (M. Velasco, 2025)
[1] es mucho más que reciclar; es una forma nueva y brillante de pensar en cómo vivimos y consumimos para que nuestro planeta pueda sanar. Durante mucho tiempo, hemos seguido un camino equivocado de "extraer, fabricar y tirar", lo que ha provocado que estemos perdiendo la riqueza de nuestra naturaleza a una velocidad alarmante. De hecho, se sabe que más del 90% de la pérdida de biodiversidad y el estrés por falta de agua ocurren por la forma en que extraemos y procesamos los materiales de la Tierra. Para cambiar esto, las personas e instituciones expertas
[2] proponen tres reglas sencillas pero poderosas: dejar de generar basura y contaminación desde que se idea un producto, hacer que los objetos y materiales duren lo máximo posible en nuestras manos y, lo más importante, ayudar a que la naturaleza se recupere por sí misma. Si aplicamos esto en lo que comemos, en la ropa que vestimos o en cómo construimos nuestras casas, protegeremos a los animales y plantas, a la par que respiraremos aire más puro y viviremos en comunidades más saludables y resistentes. Al final, se trata de que nada se convierta en desperdicio y todo mantenga su valor, tal como ocurre en un bosque donde las hojas secas nutren de nuevo el suelo para que crezcan nuevas flores.
No obstante, dar este gran salto no siempre es sencillo, especialmente para el pequeño empresariado y las comunidades locales, quienes son el motor de nuestra economía real. Muchas personas que dirigen pequeños negocios tienen la intención de ser más sostenibles, pero se encuentran con muros difíciles de saltar, como la falta de dinero para invertir en nueva tecnología, el desconocimiento sobre cómo colaborar con otros negocios o la percepción de que ser "verde" es demasiado caro. En lugares como España, ya se están poniendo en marcha planes estratégicos para los próximos años que buscan precisamente derribar estas barreras, ofreciendo ayudas económicas, formación y nuevas leyes que faciliten que la basura de una empresa sea la materia prima de otra. El objetivo para el año 2030 es que hayamos reducido drásticamente el consumo de materiales y la cantidad de basura que termina en vertederos. La buena noticia es que la ciudadanía
[3] está cada vez más concienciada y prefiere productos que respeten la vida, lo que empuja a las empresas a innovar. Avanzar hacia este modelo es como transformar un río rápido, que arrastra todo hacia un precipicio, en un lago cristalino y tranquilo, donde el agua circula constantemente, se limpia a sí misma y permite que su ecosistema florezca sin agotarse nunca
[4].
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[2] Comisión Europea. (2023). Sobre un marco de seguimiento revisado para la economía circular. Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones. COM(2023) 306 final.
Contreras Ávila, A., Peraza Pérez, L. A., & Calvo Contreras, C. M. (2024). Barreras para la adopción de prácticas circulares en pequeñas y medianas empresas del sureste mexicano. Revista de Investigación Latinoamericana en Competitividad Organizacional, 6(23).
Ellen MacArthur Foundation. (2021). El imperativo de la naturaleza: Cómo la economía circular hace frente a la pérdida de biodiversidad.
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. (2024). II Plan de Acción de Economía Circular (2024-2026). Gobierno de España.
[3] Especialmente las personas más jóvenes.
[4] Si logramos que la sostenibilidad deje de verse como un gasto y se entienda como una inversión en nuestro bienestar compartido, estaremos asegurando un mundo donde el progreso humano y la naturaleza caminen de la mano.