martes, 18 de enero de 2011

Huella de Carbono

Después de tirarme casi toda la mañana en una institución pública frente a un funcionario que intentaba realizar su trabajo lo mejor posible pero avanzando lentísimamente en la gestión, saludé al sonriente José Joya, director general de Roadmap, que, entre otros temas, me comentó fugazmente lo de la huella de carbono, que ya me avanzó hace unos años, cuando yo colaboraba en M Capital y no tenía ni idea de este cálculo medioambiental.

Curiosamente, por la tarde, seguido de otra reunión densa y alargada en una industria bastante cargada de CO2, me pasé por un centro Eroski a comprar unos artículos de limpieza. Al llegar a la caja me fijo en la revista de la cadena de distribución, correspondiente a enero de 2011. Empiezo a hojearla por el final y me encuentro con un artículo sobre cómo calcular y reducir la huella de carbono (página 45), con unos consejos sobre el referente.

¡Vaya coincidencia! Tal vez demasiadas. Así que decido informarme más. Busco el concepto en Internet y me sorprendo de la cantidad de calculadoras que existen. Utilizo algunas y los datos que me ofrecen son distintos. Parece que los resultados de cada calculadora van en función de los intereses de quienes están detrás de la fórmula, así que se me empieza a poner la mosca de mosqueo detrás de la oreja.

También, me encuentro que no hay un acuerdo mundial sobre el significado de la huella de carbono ni cómo calcularlo, poniéndose en entredicho el concepto. En fin, concluyo que el efecto tremendamente positivo de concienciar a los ciudadanos para que asuman hábitos que reduzcan las emisiones de CO2, puede atenuarse o eliminarse por la existencia de tanta dispersión sobre el concepto y sus métodos de cálculo (foto de imagenes-gratis.net).