viernes, 21 de mayo de 2010

Como plastilina

Hace dos años, en el post “¿Necesitamos una recesión?”, te dejaba entrever los cuestionables beneficios de una crisis como la que estamos viviendo. Empresas que mueren para que la economía se regenere. Me pregunto a dónde irá ese conocimiento acumulado a lo largo de años en una ancestral entidad que sucumbe. Si se hubiera renovado de manera continua, tal vez habría podido evitar el desastroso destino. Pero ¿Qué hacer? Es difícil resumirlo en las cuatro preceptivas líneas de un post, pero lo intentaré. La empresa en general, y los cuadros de mandos en específico, deben asimilar el concepto de flexibilidad y sentirse como si fueran plastilina, desarrollando un vademécum de habilidades y tácticas empíricas, a modo de expectativas necesarias, que catalicen las futuras mutaciones. De esta forma, se dispone de suficiente material de planificación estratégica que posibilita adaptarse con más garantía de éxito a ese continuo y cada vez más perenne cambio. Finalmente, siempre es bueno reflexionar acerca de los valores y principios sobre los que se apoya la dirección, porque éstos, dentro del marco de la legalidad, tampoco deben ser inamovibles a medio y largo plazo. Que tengas un reparador fin de semana (imagen de plastilina; fuente: sologif.net).

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