viernes, 30 de junio de 2006

¿Fulanito en el trullo?

He estado unos días fuera de onda en cuanto a la actualidad local y creo que no me he repuesto todavía del palo de la selección de fútbol. Esta mañana he bajado al centro de Málaga y he tomado un café con un amigo. Me dice: 
¿Sabes que fulanito está en el trullo por lo de Marbella? 
¿Qué? La de vueltas que da la vida. 
¡Cómo, presuntamente, se lo montan unos y cómo, presuntamente, espían las culpas otros! 
Aunque hay que decir que la Justicia sigue su curso y eso levanta la moral a aquellas personas, empresarios, directivos y profesionales de cualquier sector que procuran realizar su trabajo conforme a la Ley.

Me gusta pensar que tarde o temprano, por muy podrido o intoxicado que continúen ciertos estratos de la economía y la política, la justicia regenera ese tejido social. Me llamaréis idealista o iluso, pero me gusta filosofar que el bien vence al mal. 

Es más. Cavilo que en contra de lo que se pueda pensar, recursos como Internet van a hacer más difícil esas bolsas de fraude, extorsión, chantaje, intimidación, etc. tradicionales, ya que la información va a circular de forma distinta y los afectados, llámense clientes, bancos, proveedores o trabajadores, van a tener la posibilidad de estar interconectados y transferir indicaciones, avisos, revelaciones, etc. substanciales para la defensa de sus intereses, al tiempo que aúnan esfuerzos para el restablecimiento de la legalidad. 

Y por mucho que se pretenda ahogar esa Voz con variopintas estrategias de exclusión social y comunicativa, junto con otras complejas técnicas de desinformación, el enjambre de minúsculos portadores de verdad, propiciará que la Verdad prevalezca.

Por ejemplo, cualquiera puede abrir un blog o cincuenta, cualquiera puede escribir palabras sinceras, denunciar o aplaudir, y no hace falta que realice una campaña de difusión de su página Web para recibir visitantes, no, sus contadores de RSS, suscripción o visitas empezarán a subir como la espuma, porque la colectividad está necesitada de personas que cuenten, al menos, su verdad y colaboren, con su granito de arena, a ennoblecer la vida empresarial y, por derivación, dignificar a la propia sociedad. 

Y al coadjutor de una de las varias tramoyas inmobiliarias existentes, le recuerdo el castizo refrán: 
“Cuando las barbas de tu vecino veas pelar… pon las tuyas a remojar”
(Formato de texto modificado. Imagen incorporada posteriormente; fuente del dibujo: sxc.hu).