jueves, 24 de julio de 2003

La fórmula magistral

Al igual que sucede en las especialidades clínicas y en la medicina en general, el ejecutivo o consultor de una empresa que quiera conseguir la solución magistral e inmejorable para todos los problemas organizativos que se presenten, no sabe que vive en un planeta que se llama Tierra; es decir, naufragaría estrepitosamente.

Sin embargo, aún estando en el siglo XXI, en el tejido empresarial y social en el que me muevo (Málaga, Andalucía, España), sigo detectando afirmaciones exageradas que alimentan la creencia general de que existen remedios de botica que curan todos los males empresariales y, claro, pocos son los negocios que disponiendo de un horizonte prometedor, consiguen materializar esas expectativas empresariales y sociales, aplicando esos variopintos ungüentos.

Pretenden utilizar una y otra vez soluciones que fueron más o menos eficaces en el pasado o que han observado su relativo o subjetivo efecto beneficioso en otras organizaciones (p.ej. el copia y aplica porque a la competencia directa, según ellos, les ha ido bien). No se deberían aceptar esos remedios caseros como fórmulas magistrales o panacea que todo lo arregla, sino que hay que buscar soluciones en consonancia con su proyecto empresarial y el marco económico y social interno y externo en el que navegan.

Luego están los propietarios de grupos empresariales que al abrigo de sus certificaciones en calidad, excelencia, RSE y rosario de premios políticos, van pregonando por a diestro y siniestro, en su prensa palmera, las bondades de su organización, lo responsable que son socialmente, ambientalmente, tecnológicamente… y cuando levantas un poquito la moqueta de su oficina, aparece la actitud primaria, caducada, antieconómica y antisocial del capitalismo trasnochado de finales del siglo XIX, que sólo cuida el rendimiento inmediato del obrero.

Ya nos decía el profesor de la Universidad de Harwad Elton Mayo, ideas que también se encuentran desfasadas y superadas, a principios del siglo pasado, que el empresario tiene que asimilar que el colaborador es humano, no es una máquina y que el medio donde interactúa está conformado por bloques históricos, sociales y económicos que no deben ser ignorados. 

En síntesis, mucho máster, training, coaching, quality… pero, a veces, me da la sensación de que algunos empresarios y ejecutivos acaban de bajarse de una máquina del tiempo que los ha transportado desde la época taylorista y fayolista hasta nuestros días ¿O es que realmente, en la práctica, no hemos avanzado casi nada desde entonces? (Imagen incorporada con posterioridad: Fuente de la imagen: elaboración propia).