viernes, 31 de julio de 2026

Meritocracia de atrezzo

Fuente de la imagen: mvc realizada con el recurso Notebook
El procedimiento administrativo de las ofertas públicas de empleo actual sujetas al filtro previo de los servicios públicos de empleo, en mi ámbito territorial de actuación (España en lo general, Andalucía en lo autonómico y Málaga en lo provincial), cuando te toca la "supuesta" lotería algorítmica, muestra una pulcritud formal intachable: convocatorias públicas estructuradas al milímetro, "éticos" algoritmos de empleo derivando perfiles con "presumible" imparcialidad[1] y una comisión evaluadora que escucha tus explicaciones con estudiada amabilidad durante la entrevista final. Todo el camino discurre bajo el envoltorio de una meritocracia modélica que puede culminar en un correo electrónico redactado con la más exquisita cortesía burocrática, prometiendo futuras prioridades mientras tu expediente queda depositado en una lista de reserva. Detrás de esa impecable escenografía reglada emergen matices inquietantes, mensajes entre líneas desvelados en los filtros preliminares que anticipan la naturaleza artificial del trámite. Desvalorizar de un plumazo la experiencia acreditada en organismos públicos análogos o de rango superior, dudar de tu compromiso alegando la brevedad temporal del contrato o desestimar el dominio técnico demostrado son indicios inequívocos de un guion preconcebido. La certidumbre de haber actuado como un mero figurante destinado a validar el proceso se confirma al examinar la terna de aspirantes que llegan a la final[1], donde suelen convivir la proximidad territorial, la cercanía al color político de la corporación y la figura del candidato maduro arrastrado por el sesgo del edadismo (en mi caso). Presiento que en más de una ocasión las normas formales se ejecutan con rigor absoluto sólo para dotar de cobertura legal a una decisión tomada con anterioridad, convirtiendo la igualdad de oportunidades en un simple revestimiento estético.

Y es que he percibido en mis propias carnes y contrastado con otros sufridores y sufridoras (se está conformando una asociación de damnificados), que experimentar este tipo de situaciones una y otra vez genera una honda tristeza y una frustración comprensible en aquellas personas que, confiando en los Poderes del Estado, invierten tiempo, ilusión y preparación en cada oferta pública, en cada baremación curricular, en cada entrevista telefónica, virtual o presencial, confiando en la posibilidad real de aportar su talento al servicio de esa comunidad local, provincial, autonómica o estatal. Constatar que la competencia técnica, la trayectoria demostrable y el conocimiento preciso de las funciones terminan postergados frente a condicionantes invisibles resulta demoledor para cualquier profesional. Este calvario no constituye un suceso aislado, refleja una realidad persistente en los procesos de selección donde el verdadero mérito cede su espacio a la conveniencia política, los contactos territoriales o los prejuicios vinculados a la edad. Trasladar este testimonio pretende servir de apoyo y reconfortar a todas aquellas personas que retornan a sus casas portando una carta de agradecimiento perfecta en lo formal, pero cargando con la certeza amarga de haber protagonizado una escenificación burocrática. Resulta preciso recordar que el valor, la capacidad y la experiencia acumulada jamás quedan determinados por el veredicto de un tribunal presuntamente condicionado por inercias ajenas a la excelencia curricular y la proyección futura del perfil al puesto y al área. Mantener intacta la dignidad laboral y la propia estima técnica supone la mayor resistencia frente a una estructura administrativa que presumiblemente disfraza de transparencia imparcial lo que demasiadas veces representa un mero trámite figurativo y desalmado. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Al ver la composición de las personas finalistas seleccionadas por el algoritmo, entre las que, supuestamente, la comisión de evaluación debe seleccionar a la finalmente elegida, surge la duda razonable de si en algún momento, imperceptiblemente, "alguien" (un humano u otra máquina manipulada por un humano) introduce una etiqueta, criterio atributo u orden informática que condiciona a dicho algoritmo en favor de determinados candidatos o colectivos para esa oferta determinada, por no hablar de la propia selección manual adicional que pueda realizarse. ¿Cómo se solventa esta situación? Solicitando una auditoría informática de todo el sistema durante, por ejemplo, el último año.