martes, 7 de abril de 2026

¿Amiga o espía? El precio invisible de lo gratuito

Fuente de la imagen: ¿Están satisfechos los usuarios de los chatbots? (Velasco, 2023)
Entre Paso y Paso de Semana Santa, con una inquietud que muchos compartimos, preguntó Fabián ¿Cómo podemos disfrutar de las ventajas de la inteligencia artificial (IA) sin dejar nuestra privacidad por el camino? Contaba el amigo que, cada vez con más asiduidad, suele usar esos chats para organizar su agenda y resolver dudas personales, pero le daba "escalofríos" pensar qué es lo que pasaba con todo lo que escribía. En línea con las recomendaciones de la AEPD (Velasco, 2026)[1], lo primero que le sugerí es aplicar una regla de oro: la prudencia extrema. No debemos confiar ciegamente en estas plataformas ni subir nunca datos personales directos, como nombres completos, domicilios, números de teléfono, DNI o imágenes propias, ya que existe el riesgo real de que esta información se filtre o sea indexada permanentemente por buscadores. Si necesitamos resolver un problema específico, lo mejor es recurrir a la creación de escenarios y casos ficticios, omitiendo cualquier detalle que pueda identificarnos a nosotros o a nuestro entorno. Además, debemos ser conscientes de que la recolección de datos va mucho más allá de lo que escribimos en el chat; de forma invisible, se están enviando metadatos, direcciones IP, cookies y datos de localización que las empresas utilizan para rastrearnos, porque nadie da nada gratis en el mundo digital. Por ello, es muy recomendable utilizar cuentas de correo alternativas que no revelen nuestra identidad y acostumbrarse a borrar el historial de conversaciones regularmente para que, en caso de una filtración, el impacto sea mínimo. Ten en cuenta que incluso las preguntas que parecen más banales sirven para construir un perfil detallado sobre ti, analizando tus gustos, intereses y debilidades de una forma que ni te imaginas.
Fuente de la imagen: A voces limpias (Velasco, 2013)
Otro aspecto fundamental que surgió en nuestra conversación fue la responsabilidad que tenemos hacia los demás y hacia nuestra propia seguridad profesional. En el trabajo, es imperativo seguir las políticas de seguridad de la organización y jamás revelar información confidencial, como contratos, estrategias corporativas o datos de clientes, ya que esto podría comprometer seriamente a la entidad. Del mismo modo, debemos ser escrupulosos con la privacidad de terceros, eliminando cualquier dato que identifique a otras personas y evitando el uso de imágenes ajenas para generar contenido, pues lo que parece una broma puede derivar en una infracción grave o incluso un delito. Especial cuidado debemos tener en situaciones de vulnerabilidad; aunque la IA parezca entendernos, carece de empatía real y no puede ofrecer diagnósticos médicos ni apoyo psicológico certero, por lo que ante temas delicados de salud emocional o física, siempre debemos acudir a un profesional cualificado. No podemos olvidar que la IA puede generar respuestas muy convincentes que, sin embargo, resultan ser erróneas, por lo que es nuestra responsabilidad mantener una postura crítica, contrastar siempre la información con fuentes fiables y no dejar que la máquina decida por nosotros. Finalmente, esta cautela debe trasladarse al ámbito familiar: es nuestro deber asesorar a los menores a nuestro cargo, explicándoles con claridad qué riesgos corren al compartir información y ayudándoles a desarrollar un pensamiento crítico que los proteja desde el primer momento. Al final del día, la clave no es dejar de usar la tecnología, sino hacerlo con los ojos bien abiertos y protegiendo lo más valioso que tenemos: nuestra identidad. Fuente de la información: AEPD. Fuente de la Imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, M. (2026). Cuidado con lo que le confías. Sitio Protección de Datos. Visitado el 7/4/2026.