domingo, 17 de junio de 2018

¡Ya están aquí las sanjuaneras!

En el texto "Pyrus communis" te contaba el "peralito" que le regalaron al querubín y que lo plantamos en la aspiración a jardín. Si eres follower de este sitio sabrás que mi infancia la pasé en una explotación agrícola, de las de entonces (décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado), parte huerta, nutriéndose del agua del río Guadalevín, parte secano, en la falda de la sierra que alberga en sus entrañas la Cueva del Gato (por la cara del Peñón de Mures). Además de ejercer de pastor y porquero, también mi vida transitaba entre árboles frutales de todo tipo. Uno de mis preferidos era el peral común, Pyrus communis, encaramándome en sus ramas a mediados de junio y saboreando su rico fruto. También, me quedaba perplejo al ver a mi hermano mayor realizando el injerto sobre arbustos tales como un membrillero, preguntándome cómo de un membrillo podía salir un peral (magia, parecía).
Pues bien, este año se ha dignado ofrecernos sus primeros frutos. Te dejo dos instantáneas. Y ¡Sorpresa! Son peras o "perotes" de San Juan, o sanjuaneras, nombre asignado porque crecen rondando la festividad de San Juan (24 de junio). Son frutos muy pequeños y de rápida caducidad, dado que maduran con relativa celeridad. Las recuerdo de pequeño así como el emocional "pescozón" de mi madre, puesto que empezaba a comerlas (con "rabito" y todo) y no paraba. De color verde, de piel fina y de sabor dulce, su carne es más bien crujiente. Conforme madura, su color pasa del verde al amarillo y su carne de dura a blanda. Leo en la biblioteca universal virtual que esta variedad es oriunda del Mediterráneo y en España se cultiva preferentemente en la Comunidad Valenciana. Pero, ya ves, en Málaga y en una meseta más bien alta, se ha aclimatado y encontrado hábitat esta maravilla de la Naturaleza. Este texto también se ha editado en el sitio GASTROPOST, bajo el título "Peras de San Juan".