jueves, 20 de octubre de 2016

Las tres “dad” y “ón”: el efecto "dadón"

En más de una ocasión te he referenciado en este sitio, de manera directa o indirecta, mi tránsito por la entidad del sector agroindustrial Agrícola Virgen de la Oliva, integrada actualmente en Hojiblanca, no sólo la sección de Aceite, sino también la de Aderezo, Vitivinícola y creo la de Suministros y Tienda (DCCOP). Textos como ”Ponerme colorado”, “Si el vino viene, viene la vida”, “Feria de la Vendimia” o ¿Sociedad Cooperativa Sí o No?, son buena prueba de ello. Y es que al inicio de este siglo, junto a un generoso racimo de buena gente, me tocó colaborar en pasar del concepto “cooperativa” al de “empresa cooperativa”. El resultado del trabajo está allí y ten la seguridad que un trozo de mi ser arraigó para siempre en aquella comarca.

Te comento lo anterior, porque escuchando ayer a Antonio platicar sobre temas organizativos y empresariales en situaciones difíciles, se me vinieron a la mente acciones y decisiones que tomé dentro del proceso de saneamiento y reorganización que se me encomendó en la cooperativa. Por ejemplo, hablaba el amigo que, a veces, en los momentos de crisis, los empresarios, directivos, gerentes… esperan en demasía a tomar decisiones relacionadas con la contratación de más personal. Reconozco que me costó argumentar al Consejo Rector la necesidad de contar con determinados colaboradores cualificados, si queríamos seguir cumpliendo con los requisitos de eficiencia y calidad que se iban estableciendo paulatinamente por los organismos certificadores y controladores, a la par que obtener mejor rendimiento del producto, vender mejor y, por derivación, ofrecer mejores liquidaciones a los socios. 

Otro frente de trabajo fue concienciar a los órganos cooperativos sobre la oportunidad de invertir en nuevos sistemas tecnológicos, ya fuera en trazabilidad de la almazara, línea de embotellado, humidificador para la bodega de vinos de calidad o el control informático de aderezo. Lógicamente, todos estos proyectos iban acompañados del preceptivo plan de negocio, con su memoria económica detallada, de forma que cada sección asumiera la transformación conforme a la cuantía de la inversión y a sus expectativas de generación de excedentes financieros futuros. El día, el mes, el año, la década después, dio la razón a unos y se la quitó a otros. En todo caso, en época de crisis o cuando las cosas no van bien, se tiende a utilizar las tijeras sin un mínimo plan de acción, como si tuviéramos una venda en los ojos, recortando a diestro y siniestro y corriendo el riesgo de cargarse el negocio, cuando lo que se necesita es lo que desde la crisis de 1993-1995 denomino las tres “dad” y los tres “ón”, efecto "dadón": serenidad, receptividad, reflexividad, visión, tesón y emoción (Fuente de la imagen: pixabay).

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Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel