Me cuenta
Ana, editora de
Linkedin Noticias, que mi país ha abierto una consulta pública sobre el “
ómnibus digital”
[1], propuesta para unificar y simplificar el marco de leyes digitales de la Unión Europea (UE) en datos, privacidad, ciberseguridad y plataformas sin rebajar la protección de derechos, calculando la Comisión Europea (CE) que esta reforma podría generar ahorros de hasta 11.900 millones de euros anuales, con especial impacto para pymes. Sobre este tema, me comenta que les gustaría conocer mi opinión acerca de qué cambios concretos en la simplificación del marco digital considero más urgentes para reducir la carga de cumplimiento sin comprometer la protección de derechos. Le respondo que me parece un tema básico, agradeciendo que me de voz en su edición para hablar de ello. Ciertamente, la propuesta del “
ómnibus digital” es una cuestión de ahorro económico, esos casi doce mil millones de euros suenan muy bien, pero, sobre todo, es un asunto de supervivencia para el tejido creativo y emprendedor de nuestro país. Seamos realistas: en Europa hemos liderado la vanguardia regulatoria, algo de lo que deberíamos sentirnos orgullosos porque pone a las personas en el centro, pero hemos acabado creando una especie de “sopa de letras” legislativa (RGPD, DSA, DMA, IA Act...) que, a menudo, resulta indescifrable para quienes no tienen un departamento legal de cien personas. Para una pequeña empresa o cualquier equipo que esté intentando innovar desde un entorno rural o una startup emergente, la carga de cumplimiento se ha convertido en una barrera de entrada casi insalvable. ¡Ojo! No es que falte compromiso con la privacidad o la ética; es que se necesita tiempo material para entender qué ventanilla hay que tocar en cada momento. Y esa inseguridad jurídica es el mayor enemigo de la innovación: cuando las reglas son confusas o se solapan entre sí, el talento prefiere no arriesgarse y se acaba importando soluciones de fuera que no siempre respetan nuestros valores ni nuestra cultura.
Por tanto, se requiere que ese ómnibus sea, de verdad, un vehículo que recoja todas estas normas y las ordene con lógica humana, eliminando las redundancias que ahora mismo solamente sirven para alimentar la burocracia y frenar el crecimiento de quienes generan empleo real en España. En cuanto a los cambios concretos, creo que lo más urgente es apostar por la interoperabilidad administrativa bajo el principio de “solamente una vez”, ya que es agotador y poco eficiente que una pyme deba reportar incidentes de seguridad a una agencia, gestionar la privacidad con otra o vigilar la competencia con una tercera, cuando muchas veces la información solicitada es prácticamente la misma; se necesita un punto de entrada digital único donde la comunicación fluya entre organismos y no sea la ciudadanía la que haga de mensajera entre administraciones. Por otro lado, la verdadera simplificación vendrá de la mano de herramientas prácticas de “cumplimiento normativo por defecto”, es decir, en lugar de publicar guías técnicas interminables que nadie tiene tiempo de leer, las instituciones deberían ofrecer kits de herramientas digitales gratuitos, plantillas automatizadas y sandboxes (entornos de prueba) accesibles donde cualquier proyecto pueda testear su modelo de datos o su algoritmo de IA de forma segura antes de salir al mercado, puesto que proteger los derechos fundamentales no puede ser un ejercicio de fe o un castigo por emprender; debe ser algo intuitivo y sencillo de implementar desde el primer día de diseño de cualquier producto. Ana, si logramos que cumplir con la ley sea tan fácil como usar una aplicación bien diseñada, habremos conseguido que la protección de datos y la ciberseguridad dejen de ser un coste para convertirse en una ventaja competitiva real para todos. Concluyo expresando que el éxito del marco digital europeo se medirá por lo fácil que sea para cualquier persona honesta y creativa desarrollarse dentro de él sin miedo a tropezar con un párrafo mal interpretado (Gracias,
Ana).
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[1] Propuesta de REGLAMENTO DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO por el que se modifican los Reglamentos (UE) 2016/679, (UE) 2018/1724, (UE) 2018/1725, (UE) 2023/2854 y las Directivas 2002/58/CE, (UE) 2022/2555 y (UE) 2022/2557 en lo que respecta a la simplificación del marco legislativo digital y se derogan los Reglamentos (UE) 2018/1807, (UE) 2019/1150, (UE) 2022/868 y la Directiva (UE) 2019/1024 (Ómnibus Digital). Sitio visitado el 18/03/2026.