viernes, 21 de octubre de 2016

Personas buenas

Después de ver con mis propios ojos, en esta semana, encapuchados y enmascarados negando en mi país la posibilidad de que otros individuos, que reconozco no son santos de mi devoción, expresaran su opinión en el foro siempre venerable de una universidad, donde se podía haber rebatido los postulados expuestos, escuché, ya sin sorprenderme, que a individuos que han hecho cosas censurables según el ordenamiento jurídico español, se les calificara de “hombres de paz”, “hombres buenos”… No sé. Quizás es mi perspectiva, pero no entiendo cosas. Deberé estrujarme más la mente. Hoy pienso que o no tengo suficiente información o etiquetamos con demasiada ligereza.

A lo largo de mi vida profesional, en más de una ocasión se me ha propuesto como “hombre bueno”, para resolver conflictos empresariales, ya sean mercantiles o laborales. Obviamente, nunca podré contarte esas experiencias. Deseando haber estado a la altura ética de las circunstancias que tocó dirimir, la verdad, sin hipocresía ni falsa modestia (si eres follower de este sitio ya me conoces), nunca entendí qué es lo que vieron en mi perfil los que me postulaban (y así se lo hice ver), puesto que era, y soy, un manojo de irresoluciones, desajustes… por doquier, intentando, eso sí, transitar por el camino de la manera más decente posible, pudiendo mirarme los ojos todas las noches, antes de partir al mundo de Morfeo, en el espejo emocional que llevamos colgado en nuestro interior.

Según estudié en la década de los ochenta del siglo pasado, en las clases de la Diplomatura de Empresariales y la Licenciatura de Económicas, y más tarde, en este siglo, en los estudios del Grado en Derecho, se entiende por persona buena (permíteme que cambie “hombre” por “persona”) a un individuo perteneciente al pueblo, considerado honrado e ideal para proponerlo como mediador, conciliador, árbitro… en conflictos civiles o mercantiles. Por su parte, el legislador español, en la normativa que produce y aprueba en las Cortes, asigna estos papeles a determinados profesionales (procuradores, abogados…), por el mero hecho de ejercer actividades periciales, técnicas… y siempre tasadas, pasando de puntillas o dejando a un lado lo que nuestros ancestros, la costumbre, entendían por “hombres buenos”.

En fin. Como probablemente conozcas “La lista de Schindler”, termino esta mañana dejándote un directorio de reproducción (el primer vídeo se repite dos veces), activo a la fecha de redacción de este post, dispuesto en Youtube por peliculassolisdiaz, con otro metraje menos famoso pero igual de reflexivo, respecto al perfil de “personas buenas”, “Sonata para un hombre bueno”, que cuenta la historia, parece ser, verídica, de un empresario, que salvó a muchas personas durante una masacre previa a la II Guerra Mundial (fuente de la imagen: pixabay).

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